fbpx
Dead Poets Society, Capitalismo

Dead Poets Society (1989): ¡maldito sea el carpe diem!

Por inspirador que resulte el mensaje de esta película, es posible que haya sido malinterpretado por millones de personas

[Read in English]

En 1989 se estrenó Dead Poets Society (conocida en Hispanoamérica como La Sociedad de los Poetas Muertos o El Club de los Poetas Muertos). Dirigida por Peter Weir y protagonizada por Robin Williams en uno sus papeles más memorables. El mensaje rebelde y vitalista de esta película marcó a la generación de jóvenes de finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, y sigue teniendo un fuerte impacto emocional en las generaciones siguientes que la descubren.

Pero por inspirador que sea el mensaje de Dead Poets Society, es posible que haya sido malinterpretado por millones de personas y, al haberse sacado de contexto, haya generado efectos perniciosos en la mentalidad de los espectadores.

Esta película nos cuenta la historia del profesor Keating y el impacto de este sobre sus alumnos en su paso por la prestigiosa, elitista —y ficticia— Welton Academy de Vermont en 1959.

Este colegio se encarga de formar a los hijos de los miembros más adinerados de la sociedad, con un exigente programa educativo y unos profesores extremadamente estrictos. La llegada del relativamente joven profesor Keating, con su metodología didáctica transgresora e innovadora, supone un soplo de aire fresco para las monótonas vidas de los jóvenes alumnos quienes, hasta entonces, solo conocían la severidad y la disciplina del resto del profesorado.

El primer día de clase les pide que arranquen las páginas de sus aburridos libros de texto de literatura, que se olviden de las normas para la poesía y que empiecen a disfrutar de ella y, por extensión, aprendan a vivir la vida bajo el lema del carpe diem: aprovecha el momento.

Vivir el momento, disfrutar cada día como si fuese el último y no preocuparse tanto por el futuro fue una lección muy valiosa para estos chavales. Al fin y al cabo estaban sometidos a un régimen educativo muy exigente, casi insano, dada su condición de hijos de la élite empresarial y política del país. Hasta entonces habían estado obligados a sacrificar completamente su presente, en pos de un futuro predeterminado por sus padres.

Las revolucionarias enseñanzas del profesor Keating eran las que, probablemente, todos ellos necesitaban para no perder en su totalidad los años de su juventud, los cuales no tendrían posibilidad de recuperar.

El problema está en extrapolar estas enseñanzas desde un ambiente elitista de exigencias desmesuradas, hacia el contexto predominante para el resto de la juventud. Para los protagonistas de la película, al límite de la exigencia, pudo estar muy bien, pero los seres humanos, y en especial los jóvenes, tienen una tendencia natural hacia el ocio y la falta de productividad.

Dead Poets Society puede haber contribuido a creer, erróneamente, que el futuro no importa y que solo hay que vivir el presente sin mesura, como si esto no tuviera consecuencias. Gasta todo tu dinero en viajar y disfrutar la vida, no ahorres. Cómprate el móvil más caro y sube mil selfies a Instagram, donde se vea claramente que no te privas de vestir ropa de marca, conducir coches de lujo y broncearte en las playas más exóticas.

¿Qué más da? Al fin y al cabo te puedes morir mañana y a la tumba solo te vas a llevar tus experiencias. Todo el dinero que hayas ahorrado no te sobrevivirá. ¿No?

¡No! La cuestión es que, por lo general, no te vas a morir mañana. Creerte lo del carpe diem solo te habrá servido de justificación para racionalizar por qué estás pasando penurias, alimentará tu autocomplacencia o, lo que es peor, te hará culpar a los demás de tus malas decisiones.

El malvavisco y el placer inmediato

En 1972 el psicólogo Walter Mischel condujo en la Universidad de Stanford el llamado experimento del malvavisco. En él se ponía en una habitación a un niño frente a un malvavisco, una galleta o algún dulce. Se le informaba que el adulto iba a marcharse durante 15 minutos y que, durante ese tiempo a solas, podía comérselo libremente. Pero si conseguía esperar sin comerlo, a su vuelta le darían otro.

Muchos niños sucumbían ante el impulso de la gratificación instantánea y eran incapaces de controlarse, zampándose el postre a la primera de cambio; otros, sin embargo, no se rendían a esta filosofía del carpe diem repostero, y obtenían su premio doble pasados los 15 minutos. En el seguimiento posterior a los niños del experimento, el investigador encontró una correlación entre su capacidad de sacrificar el presente y su éxito general en diversos aspectos de la vida.

Si bien el entorno del niño justificaba la mitad de ese éxito, en particular el financiero, la otra mitad parecía venir explicada por la capacidad de tener una preferencia temporal baja. Esto es ser capaces de pensar a futuro, sacrificarse y no ceder ante el placer inmediato.

Dead Poets Society y el capitalismo

Muchas personas confunden capitalismo con consumismo, cuando en realidad son todo lo contrario. Capitalizar es ahorrar en el presente para invertir en bienes que den frutos de cara al futuro. Dejar de consumir en el ahora, cuando tienes la capacidad de ser productivo, para poder tener en el mañana, cuando verás mermada tu productividad.

Se suele pensar que los ricos son muy tacaños, cuando en realidad sucede que son los tacaños los que se hacen ricos. Ser rico o pobre, en gran medida, no es una cuestión de dinero, sino de actitud. Los medios de comunicación, la publicidad, el entretenimiento y, sobre todo, los gobiernos fomentan la idea de que hay que gastar y gastar para ser felices.

El carpe diem es la filosofía del keynesianismo, doctrina económica hegemónica que proclama que “a largo plazo todos estaremos muertos”.

Usando como metáfora la fábula de Esopo de la cigarra y la hormiga, el profesor Keating de Dead Poets Society fue como una alegre cigarra que llega a un mundo de aburridas hormigas, haciéndoles escuchar música y oír poesía por primera vez. Bien por él, la música y la diversión son muy necesarias.

Sin embargo, hoy en día, si uno mira a su alrededor, más bien se encontrará rodeado de cigarras que viven a costa de unas pocas hormigas, y que encima se burlan de ellas por ser tan trabajadoras y no disfrutar del momento. No hay que olvidar que en la película los poetas estaban muertos, y el protagonista acaba suicidándose. Quizás esta sociedad de poetas moribundos en la que vivimos necesite de un nuevo señor Keating que proclame:

¡maldito sea el carpe diem!

dead poets society
Fotograma del avance de Dead Poets Society en YouTube.
Total
3
Shares
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Article
Biden Trump

Biden deberá seguir el camino de Trump si quiere frenar al Partido Comunista chino

Next Article
Hilaria Alec Baldwin

El extraño caso de Hilaria Baldwin: la americana que se cree hispana

Related Posts
Total
3
Share