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Debilidad de Biden permite a Putin fortalecer su alianza con Beijing

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Kzajstán, con una población de alrededor de 19 millones, es el país más grande de Asia Central y el segundo más poblado después de Uzbekistán. Su población es de 80% de kazajos musulmanes y 20% de rusos. La economía es minera y exporta principalmente petróleo, gas natural y uranio. De ahí proviene el 40% del uranio que se produce en el mundo.

Tras el colapso soviético se impuso el autocrático y corrupto gobierno de Nursultan Nazarbayev. La riqueza y el poder de las elites del Kazajstán dependieron desde entonces de su cercanía a Nazarbayev, quien designó al actual presidente Kassym-Jomart Tokayev.

Asia Central está conformada por Afganistán, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán. Exceptuando Afganistán todas fueron repúblicas soviéticas, independizadas tras el colapso de la URSS en 1991. Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán son miembros de la Asociación del Tratado de Seguridad Colectiva CSTO, un pacto militar entre exrepúblicas soviéticas y la Federación Rusa. Kazajstán también es miembro de la Unión Económica Euroasiática liderada por Moscú y la Organización de Cooperación de Shanghái liderada por Beijing.

La evidente fragilidad de la Nueva Ruta Marítima de la Seda en un potencial enfrentamiento entre Beijing y Washington impulsó a China a redirigir inversiones y dar más peso al ramal centro-asiático de la Nueva Ruta Terrestre de la Seda. Sin dejar de lado la ruta marítima y la ruta transiberiana, Beijing apuesta cada vez más por el ramal que va de Xinjiang a Irán a través de Asía Central.

El ramal va del oeste de China, a Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán, Irán y Turquía hasta el sureste de Europa. Y China está construyendo ahí velozmente carreteras, líneas ferroviarias, oleoductos, tendidos eléctricos y de comunicaciones. Kazajstán es clave en esa apuesta, de la que dependen las imperiales ambiciones de Beijing.

Kazajstán la inflación producto de la mala política monetaria impulsó disturbios en áreas rurales por el aumento del precio del gas natural licuado, principal combustible automotor del país. Cuando las violentas protestas llegaron a la mayor ciudad, Almaty, y a su capital Astana, las elites le dieron la espalda a Nazarbayev.

Tokayev destituyó al gobierno, introdujo controles de precios y cortó relaciones con Nazarbayev. También ordenó abrir fuego contra manifestantes violentos, pero al no lograr recuperar el control  pidió apoyo a la CSTO. En la práctica a Moscú.

La ayuda llegó velozmente y el ejército ruso reprimió militarmente las protestas restableciendo un tenso orden. Así el Kremlin demostró a Beijing que, por ahora al menos, no podría controlar Asía Central sin el apoyo de Putin.

Los disturbios habían elevado los precios mundiales del petróleo y el gas, porque Kazajstán no solo es un productor significativo sino un estratégico centro de transporte de gas de Turkmenistán a China. La continuidad de los disturbios habría afectado la seguridad del suministro de uranio. Incluso el mercado del Bitcoin habría sido afectado por la desestabilización de Kazajstan, donde se concentra una buena parte del minado global de la primera criptomoneda.

Lo que está ahora en juego es que:

  1. Beijing y Moscú perciben un liderazgo débil en Washington.
  2. En Kazajstan Moscú logró demostrar a Beijing que la estabilidad del Asía Central, dónde el Washington de Biden cedió su posición estratégica ante Beijing con la desordenada y desastrosa retirada de Afganistán, sigue dependiendo en primera instancia de Moscú a través de la CSTO.
  3. Que Asia Central sea vital en una apuesta geopolítica imperial de Beijing a mediano y largo plazo, pero la estabilidad de la región dependa a corto plazo más de Moscú que de Beijing.
  4. Explica que Putin tras estabilizar Kazajstán, apueste a corto plazo a amenazar Ucrania e incrementar su influencia en Europa Central.
  5. La carta alemana de Xi en la Unión Europea podría estar en duda en el futuro cercano.
  6. Una Rusia económicamente débil al seguir enfrentada a occidente se hará cada vez más dependiente de Beijing.

Por eso Putin se arriesga hoy apostando todo al corto plazo mientras puede, en tanto Xi jugará todo al mediano y largo plazo.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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