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“El dilema Trump”: ¿Qué debe hacer el GOP luego de las elecciones en Virginia?

“El dilema Trump”: ¿qué debe hacer el GOP luego de las elecciones en Virginia?

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La gran victoria republicana en Virginia, y el sorpresivo buen desempeño en otros estados azules como New Jersey, trajo a colación un debate que se estaba tardando en llegar y debe ser urgente: ¿Donald Trump debe seguir siendo la gran figura del GOP de cara a las próximas elecciones y los comicios del 2024 o el Partido Republicano debe alejarse del trumpismo?

Sin dudas los buenos resultados en Virginia alimentan el argumento de que el GOP no necesita a Trump, pues la victoria es ajena al exmandatario en cuanto a protagonismo, por más de que los demócratas intentaron vender la falsa narrativa de que Glenn Youngkin es un trumpista.

Incluso en el newsletter de El American hubo una discusión entre editores al respecto. Jovel Álvarez, uno de nuestros editores, publicó una columna explicando porqué Trump no debe ser candidato para el 2024 y porqué el GOP debe apartar al exmandatario. Luis Cornelio, también editor en El American, criticó la postura de Álvarez con varios puntos, entre ellos el peligro de que los RINO vuelvan a tomarse el GOP con sus posturas tibias y timoratas ante el avance del radicalismo progresista.

Tanto Jovel como Luis tienen sus puntos, pero no estoy de acuerdo con ninguno, al menos no totalmente. Lo primero que debo decir es que el expresidente sigue siendo la fuerza política más importante dentro del mundo conservador, para bien y para mal, y no es inteligente ni deseable apartarse por completo del trumpismo o el movimiento MAGA, principal estimulante de la base conservadora.

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Lo segundo es un hecho que no debería sorprender a estas alturas de juego: el éxito de Youngkin se debe a que pudo motivar y cautivar tanto al voto moderado republicano como a la base conservadora, y esto es así porque tocó temas vitales dentro de la dinámica política-social en Estados Unidos: la educación de los niños en las escuelas, la inseguridad, los problemas de aplicación de la ley (véase los casos de abuso sexual que fueron encubiertos y gozaron de impunidad por un tiempo importante) y, en general, los daños que están causando las cada vez más radicales fallidas políticas progresistas-demócratas.

Muchos republicanos tienen miedo de ir de frente contra el radicalismo demócrata, ergo, no les importa en absoluto la guerra cultural. No van contra la controvertida y problemática Teoría Crítica de la Raza, no protegen la igualdad de competencia en los deportes femeninos, tampoco apoyan a los padres, quienes tienen el derecho de tener voz y voto en la educación de sus hijos.

Estos republicanos solo se quejan de los demócratas, pero al mismo tiempo buscan congraciarse con ellos, no quieren ser tildados de extremistas o supremacistas y solo encuentran una zona de confort cuando hablan mal del socialismo o comunismo —como si eso fuera complicado— y proponiendo la reducción de impuestos.

  “El dilema Trump”: ¿qué debe hacer el GOP luego de las elecciones en Virginia?
El expresidente Trump, durante un rally en Wellington, el 6 de junio pasado. (EFE)

Trump expuso a los republicanos temerosos, fue un fenómeno electoral sin precedentes, llegó a la Casa Blanca y devolvió el Senado a los republicanos. Sin entrar a valorar su administración, hay que decir que el expresidente marcó una ruta de éxito clara para su partido: un Partido Republicano fuerte, capaz de proponer políticas que desafíen directamente a los demócratas.

El GOP no puede ser solamente el partido tradicional que baja las cargas impositivas; y casi todos los representantes “moderados” del Partido Republicano tienen ese lastre encima, o al menos esa es la percepción que generan.

Trump tampoco es un buen candidato

Estoy parcialmente de acuerdo con los que defienden al expresidente. Pero hay otro punto, uno que desampara directamente una eventual candidatura de Trump: el magnate ya no es un buen candidato.

Primero porque durante su presidencia, y esto para mí es un hecho objetivo, no demostró ser el hombre que pueda salvar a Estados Unidos de un futuro indeseado marcado por el radicalismo woke y la alianza tecno corporativa-demócrata. Ron DeSantis, por ejemplo, ha sido mucho más efectivo desde su trinchera para pelear contra el poder de las Big Tech o proteger a los estudiantes y sus padres de los politizados distritos escolares.

Lo segundo es un poco más evidente: Trump es una figura disruptiva que aleja a muchos republicanos moderados pero más a los independientes. Estos votos son tan importantes como los de la base conservadora. Después del 6 de enero, difícilmente el expresidente pueda lograr atraer al sector moderado-conservador en su totalidad, y el GOP necesita tirar de esos votos para ganarle a los demócratas.

Finalmente, y esto es incluso más importante que los primeros dos puntos: el Partido Demócrata sigue a la deriva, incluso después de haber ganado la Casa Blanca y dominar ambas Cámaras en el Congreso. Hoy por hoy, la agenda demócrata es incipiente, políticas verdes, wokes y raciales que no abordan los problemas inmediatos de los americanos (como la inflación) y, sobre todo, una estrategia política que ya tuvo su primer fracaso sin Trump en el ruedo: ser el partido anti-trumpista.

Imagina que tu argumento más importante para atraer a los independientes, por no decir el único, sea el de evitar que el “malvado” Trump vuelva al poder e impulse a sus aliados en cargos políticos. Los americanos no son tontos y en Virginia quedó demostrado que ese chantaje no sirve.

Un Trump fuera del ruedo electoral dejaría a los demócratas y su gran maquinaria comunicacional semi-noqueados, sin argumento sólidos y muchos delirios sobre un “destructor” de la democracia que ni siquiera es actor principal en el juego político, tal y como sucedió en Virginia.

El dilema Trump, en definitiva un dilema republicano y conservador, está en encontrar la formula de éxito para las midterms y la carrera en 2024. Eso pasa por encontrar el candidato ideal que pueda alinear base y moderados, que no tenga miedo a enfrentarse a los medios de comunicación y que todavía tenga una buena reputación nacional para atraer independientes. Ese nombre, a mi gusto, es el de Ron DeSantis, mal visto en la izquierda, pero muy popular en la derecha y potable para el centro.

Para ello se necesitan dos cosas: Primero, que el GOP actúe en consecuencia con el éxito de Virginia y no tenga miedo en proponer políticas que cambien dinámicas socioculturales; y, segundo, que Donald Trump asuma un liderazgo importante desde un rol secundario, acompañando a un candidato más apto para liderar el país. Hoy Trump es necesario, pero apoyando al piloto, no conduciendo el avión.   

Emmanuel Alejandro Rondón is a journalist at El American specializing in the areas of American politics and media analysis // Emmanuel Alejandro Rondón es periodista de El American especializado en las áreas de política americana y análisis de medios de comunicación.

Contacto: [email protected]

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