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Dinero de corrupción chavista termina en superproducción de Netflix

De hacerse millonario gracias a jugosos y fraudulentos contratos con el régimen chavista a financiar la producción de una serie para Netflix: Alejandro Betancourt lo logró

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Netflix acaba de estrenar su última gran producción española, Jaguar, una serie sobre una sobreviviente del Holocausto que, en los años sesenta, busca nazis para hacerles pagar por sus crímenes. La serie fue producida en una alianza con la reconocida empresa de lentes, Hawkers, que fue impulsada con el dinero de la corrupción en Venezuela durante los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Este 22 de septiembre se estrenó la serie y empezó la polémica, luego de que Hawkers anunciara su alianza con la producción de Netflix. La empresa de lentes es propiedad del venezolano Alejandro Betancourt, residenciado en España y acusado de corrupción en su país.

De contratos con el chavismo al éxito en España

El venezolano Alejandro Betancourt, hoy presidente de Hawkers, llegó a la empresa luego de destronar al cofundador y consejero delegado, Alejandro Moreno. Betancourt tomó el control de la compañía luego de inyectarle, en 2016, €50 millones. En ese momento, Betancourt se convirtió en el principal accionista de Hawkers.

La fortuna de Betancourt, sin embargo, proviene de jugosos y fraudulentos contratos con el régimen chavista. Se trata de una estafa al Estado venezolano. Antes de llegar a España, el venezolano era el propietario, junto a su primo Pedro Trebbau López, de la compañía Derwick Associates. Con Derwick, en el 2009, cuando Venezuela ya estaba sumida en un espiral de corrupción y crisis económica, Betancourt ganó 11 contratos con el régimen chavista. El Estado le pagó a Derwick, a sobreprecio, la construcción de plantas termoeléctricas (algunas, de hecho, ni siquiera se llegaron a construir). Betancourt tuvo contratos con Corpoelec (la sociedad anónima del Estado encargada del sector eléctrico de todo el país, y que hoy es responsable de la devastación del sistema y del servicio); con la petrolera estatal PDVSA (también venida abajo) y un contrato con la Corporación Venezolana de Guayana (CVG).

Por la corrupción, Derwick y Alejandro Betancourt fueron demandados y acusados. Uno de los que tomó la bandera contra la compañía fue el exembajador de Estados Unidos en Venezuela, Otto Reich. También el defensor de los derechos humanos y presidente de la Human Rights Foundation, Thor Halvorssen, quien aseguró que Betancourt había sobornado al chavista y narcotraficante Diosdado Cabello con $50 millones.

Halvorssen ha dicho que Derwick Associates «es dirigida por un grupo de empresarios sin experiencia que se enriqueció a cambio de vender chatarra a sobrepecio».

Gracias a la estafa a Venezuela, Betancourt se hizo multimillonario. Una vez construida la fortuna, el siguiente paso era blanquearla y aventurarse con un negocio que, al menos, luciera lícito. De Caracas dio el paso a Madrid.

Un start-up sí rechazó el dinero ilícito

Justo después de inyectarle 50 millones de euros a Hawkers, Betancourt trató de hacerse con Cabify, el negocio español de redes de transporte. En ese momento, el start-up rechazó el dinero del venezolano, precisamente por sus orígenes en el desfalco de Venezuela. Según el periodista David Placer, Cabify «cuenta con un sistema de alarmas para detectar el ingreso de dinero sospechoso y que puede salpicarla».

«El joven venezolano, que ahora preside Hawkers, estaba dispuesto a inyectar unos 30 millones de euros. Pero en la compañía se levantaron las sospechas sobre la procedencia de los fondos», se lee en el medio Economía Digital.

Pero no importaba que Cabify hubiera rechazado el dinero de Alejandro Betancourt. Ya el venezolano le había metido las manos a Hawkers y con eso era suficiente para impulsar la marca, borrar cualquier sospecha de corrupción y, eventualmente, producir una serie para Netflix.

Hoy Hawkers es una marca consolidada, con presencia en decenas de países con más de cien tiendas. Tiene más de un millón y medio de seguidores en Instagram y ha logrado colaboraciones con reconocidas celebridades como Lionel Messi, Steve Aoki y Snoop Dogg.

Su último gran proyecto es Jaguar, cuya protagonista es la afamada Blanca Suárez, nominada en una ocasión a los Premios Goya por La piel que habito, la película que hizo junto a Antonio Banderas.

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