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Biden-Harris, El American

La distensión blanda de Biden-Harris con el castrismo

Esperemos que un tsunami republicano salve a Estados Unidos y reavive la esperanza del pueblo cubano

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Han pasado más de dos meses desde el levantamiento cubano del 11 de julio. Ese domingo, miles de personas en más de cincuenta localidades de la Isla, salieron a las calles para exigir “Libertad” y “Abajo el Comunismo”. Más de cinco mil personas fueron encarceladas o investigadas, según 14ymedio. Se produjo una represión brutal. Todavía hay más de quinientas cinco personas detenidas y/o desaparecidas, quince de ellas menores, según Cubalex, un grupo de derechos humanos ¿Cuál ha sido la respuesta de Biden-Harris? Una distensión suave con el castrocomunismo es lo que se está preparando.

La administración Biden-Harris se comprometió el 22 de julio a que “grupos de estudio” recomienden seis iniciativas políticas diferentes con respecto al levantamiento cubano. De las seis, dos no tienen nada que ver con los reclamos de libertad y justicia del pueblo cubano, tres no tienen sentido ya que han sido manchadas y están tabuladas ideológicamente, y una es un punto que parece muerto para estas alturas. Examinemos primero las irrelevantes.

La reposición del personal de la Embajada de Estados Unidos en La Habana y la revisión de la política de remesas no aborda la necesidad de un cambio sistémico en Cuba, que era la idea central de las reclamaciones de los cubanos que protestaban. Las demandas no eran de visados de salida del país, ni reclamaban alimentos, vacunas o medicinas. Por lo tanto, el aumento del personal diplomático no tiene relación con el problema en cuestión, a menos que el Gobierno de Biden-Harris esté planeando revertir la eliminación por parte de Obama del estatus migratorio preferencial del que disfrutaban los cubanos anteriormente y abrir las fronteras de Estados Unidos a otro éxodo masivo. Además, exponer a americanos a los ataques sónicos del Síndrome de La Habana, aún sin resolver, sería de lo más negligente.

Explorar formas de permitir el aumento de las remesas de los cubanoamericanos, sin que las empresas estatales de la dictadura comunista se lleven su abultado 74 %, puede ser una empresa noble, si es posible. Sin embargo, esto no resuelve el problema. El pueblo cubano que arriesgó todo para ejercer públicamente sus derechos naturales y expresar sus frustraciones por tener un régimen marxista-leninista de sesenta años en el poder, estaba haciendo una petición civil, en el dominio público, por los derechos políticos, civiles y humanos. Las peticiones de mejoras materiales, incluso las de necesidades básicas, estuvieron visiblemente ausentes en las épicas manifestaciones nacionales.

Las tres iniciativas políticas inútiles de Biden-Harris, tal como fueron programadas y llevadas a cabo, son la sanción selectiva de ciertos individuos e instituciones del régimen, el compromiso con la comunidad internacional y las reuniones con una representación no pluralista de la comunidad cubanoamericana.

El comunismo cubano, como tiranía funcional, atribuye su supervivencia a razones sistémicas, no a individuos aislados, ni a instituciones singularizadas. Sí, en términos weberianos, ha tenido una configuración de liderazgo que es a la vez sultánica (altamente personalista) y dinástica. Corea del Norte y Siria vienen rápidamente a la mente como buenas comparaciones. Sin embargo, el modelo castrocomunista es un sistema totalitario. Como tal, todas sus instituciones son dictatoriales, impulsadas políticamente y conectadas orgánicamente. El enfoque de Biden-Harris, en este sentido, es una broma.  

Cuando Biden-Harris hablan de “compromiso internacional”, la pregunta es: ¿se refieren a estrategias de acción militar y/o de confrontación decididas o a producciones de documentos con un lenguaje fuerte pero una efectividad estéril? En otras palabras, ¿condenas escritas o verbales que sólo sirven como sofisma, o una política decidida para producir un cambio de régimen en Cuba? Más de dos meses de evidencias empíricas, apoyan el argumento de que involucrar a la O.A.S., a la ONU, o a cualquier otra institución internacional, en el caso de Cuba, significa simplemente un galimatías sin sentido que sirve para disfrazar la cobardía.

En cuanto a “escuchar a los líderes cubanoamericanos”, la tercera iniciativa ejercida sin sentido, Biden-Harris parecen haber estado sólo interesados en mantener una discusión domesticada y monolítica. En su mayor parte, a juzgar por la lista de “líderes” que dicen representar a los cubanos en Estados Unidos y que fueron incluidos en esa “conversación”, hubo una subrepresentación severa de los cubanos conservadores, no izquierdistas, pro embargo (¿sabrán que la mayoría de los cubanoamericanos votan a los republicanos). Para ser más precisos, la mayoría de los cubanoamericanos que se reunieron con la Casa Blanca y/u otros representantes de alto rango de la administración en Washington y Miami, convergen sentimentalmente con el Partido Demócrata de Barack Obama. Es decir, son partidarios de las relaciones de distensión entre Estados Unidos y Cuba.   

La última iniciativa de Biden-Harris hacia Cuba tras las protestas populares masivas, la facilitó el acceso a Internet para los cubanos en la Isla, es un proyecto coyuntural que la Casa Blanca ha utilizado para ganar puntos. Algunos políticos bien intencionados también han hecho hincapié en esta cuestión. Sin embargo, aunque sea tecnológicamente factible y logísticamente posible eludir los centros de control de distribución del régimen castrista, el momento estratégico para haberlo implementado era mucho antes. Dado que la traición se ha convertido en una cuestión de política de Estado en la USA de Biden-Harris, ningún cubano debería sorprenderse de la impotencia con la que Estados Unidos ha tratado el levantamiento cubano, algo que el Internet, de hecho, consiguió.

Mientras la mayoría de estos grupos de estudio, aunque no todos, aun no han emitido una “recomendación”, el único resultado concreto de la respuesta de Biden-Harris a la naciente rebelión nacional, popular y de liberación civil en Cuba, ha sido una estrategia de reproche furtivo. La única razón por la que no se está haciendo abiertamente es Florida y las elecciones de medio término de 2022. Durante los primeros siete meses de 2021, el castrocomunismo ha importado de Estados Unidos casi el doble de lo que hizo en ese en 2020 (un 88 % más). La última vez que Cuba comunista aumentó sus importaciones de proveedores americanos fue el preludio del anuncio del acercamiento Obama-Castro.

La visita reciente del 7 al 9 de septiembre a Cuba del cardenal Seán Patrick O’Malley, arzobispo de Boston y colaborador estrecho del papa Francisco, fue recibida con mucha decepción por los cubanos de a pie. Ni una palabra sobre la represión o la falta de libertades. Solo expresiones de admiración por el “sistema de salud” cubano, como informa Dagoberto Valdés Hernández en ADN Cuba

El Vaticano, bajo la dirección del actual papa, estuvo muy involucrado en las negociaciones secretas entre el Gobierno de Obama y la dictadura castrista ¿Se repetirá la historia? El muro de contención son las elecciones intermedias de 2022. Esperemos que un tsunami republicano salve a Estados Unidos y reavive la esperanza del pueblo cubano. 

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