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Capitolio Washington

Economistas advierten que no podemos seguir ignorando la deuda nacional

Los economistas entrevistados por FEE advirtieron que cuando se asiente el polvo, después del COVID-19, tendremos un problema todavía mayor en nuestras manos.

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Por: Brad Polumbo

Con el COVID-19 asolando al país y los bloqueos del gobierno devastando a la economía, la deuda nacional norteamericana se ha deslizado comprensiblemente de la mente de muchos estadounidenses. Pero el gobierno federal sigue cayendo en números rojos a un ritmo dramáticamente acelerado. Los economistas de libre mercado entrevistados por la Fundación para la Educación Económica (FEE) advirtieron que no podemos seguir así para siempre, sin graves consecuencias.

Incluso antes de la posible aprobación del estímulo de 1.9 billones de dólares, propuesta del presidente Biden, la deuda nacional superará oficialmente el tamaño de la economía en el 2020. Esto significa que pronto deberemos más de lo que producimos en todo un año normal. Y sólo va a empeorar. La Oficina de Presupuestos del Congreso, que no es partidista, estima ahora que alcanzaremos una relación deuda-economía del 200 % en 30 años, un nivel de deuda realmente impensable y sin precedentes.

Y eso es bajo “un escenario optimista que asume que no hay nuevos programas de gastos, ni guerras, ni recesiones, que todos los recortes fiscales temporales expiran y que los tipos de interés se mantienen bajos”, me dice el economista del Instituto Manhattan, Brian Riedl. 

“Para ese momento, dentro de 30 años, la CBO proyecta un déficit presupuestario anual del 12.6 % del PIB (el equivalente a 2,5 billones de dólares actuales)”, dice Riedl. “La mitad de los impuestos se destinarán a los intereses de la deuda. De nuevo, ese es el escenario optimista”. 

Por supuesto, que el gobierno se ahogue en deuda probablemente no va a afectar al estadounidense promedio mañana. Pero aunque los tipos de interés están en niveles casi nulos, no pueden seguir así para siempre, advierte Riedl. 

“Demasiada gente cree que los tipos de interés no pueden volver a subir, o no se da cuenta de que casi toda la deuda nacional se reajustaría en los tipos de interés más altos”, dijo. “Básicamente, nos estamos jugando el futuro económico de Estados Unidos con la esperanza de que los tipos de interés se mantengan por debajo del 3% o el 4% para siempre”.

La economista Veronique de Rugy coincidió.  

“Con estas trayectorias de endeudamiento, los tipos de interés van a despegar en algún momento”, dijo de Rugy, miembro senior del Mercatus Center. “¿Qué pasará cuando estos tipos crecientes coincidan con el agotamiento del fondo fiduciario de *Medicare en cinco años, o de la Seguridad Social en trece años?”. 

El economista del Instituto Cato, Ryan Bourne, ofreció una perspectiva algo diferente, argumentando que el mayor problema es la “trayectoria a largo plazo”. 

“Cada vez que se produce una crisis importante, el nivel de la deuda federal salta, pero nunca vuelve a bajar después”, afirmó. “Por tanto, después de cada crisis se produce un aumento del nivel de la deuda, lo que ha empeorado nuestro punto de partida, ya que ahora estamos navegando hacia un maremoto fiscal de deuda sin precedentes como resultado de los compromisos de derechos adquiridos con una población que envejece”.

“Sin un cambio de política a corto plazo en materia de derechos para evitarlo, en algún momento habrá que hacer un ajuste de cuentas mucho mayor”, concluyó Bourne. “Pero no veo ningún deseo de evitarlo hoy”. 

Aunque el futuro de los tipos de interés pueda ser incierto, se prevé que los estadounidenses pronto tendrán que pagar billones en impuestos federales todos los años, sólo para cubrir los intereses de la deuda, mientras el problema sigue creciendo sin control. 

Sin embargo, incluso antes de que esto ocurra, hay consecuencias reales que conlleva el gasto deficitario desbocado. El gobierno federal no puede crear riqueza de la nada. Cada dólar que gasta o toma prestado tiene que venir de algún otro lugar de la economía. (A no ser que imprima dinero, en cuyo caso nos grava a todos con inflación).  

“El gasto deficitario extrae recursos de la verdadera economía y no hay garantía de que el gobierno utilice estos recursos mejor que el sector privado”, dijo de Rugy.

También señaló numerosos estudios que demuestran que un mayor endeudamiento conduce a un menor crecimiento económico.

“Es probable que ya estemos pagando el aumento en los niveles de deuda con calidad de vida más bajos”, concluyó de Rugy. “Y seguiremos sufriendo si seguimos así”.

Entonces, ¿qué significa todo esto para la propuesta de Biden de casi 2 billones de dólares más en gastos para el COVID-19 y otras propuestas de grandes gastos? Bueno, ya hemos gastado la asombrosa cifra, sin precedentes, de 4 a 5 billones de dólares en ayudas por el COVID-19, gran parte de la cual resultó ser fraudulenta e ineficiente. 

A la luz de esto, “mantener nuestra deuda bajo control es una mejor prioridad”, señala de Rugy. “Cuanto más endeudados estemos, más difícil será responder a futuras emergencias, y más nos arriesgamos a frenar el crecimiento y a sobrecargar a las generaciones futuras”.

Mientras tanto, Riedl dijo que algunas formas de gasto gubernamental pueden ser necesarias durante una pandemia, pero insistió en que “eso no es un cheque en blanco para programas derrochadores o ineficaces”. De hecho, un nuevo análisis de la Ivy League descubrió que el plan de Biden para el presupuesto -que contiene más de 300.000 millones de dólares en gastos partidistas no relacionados- en realidad conduciría a un menor crecimiento y baja de salarios en 2022.  

En cuanto a las otras propuestas de gasto, Riedl señaló los 100 billones de dólares en déficit previstos en los próximos 30 años. “Pensemos primero en cómo pagarlos antes de echar gasolina al fuego”, concluyó.

Los tres economistas coincidieron en la necesidad de moderar las ambiciones de gasto del Congreso. 

“Muchas de las propuestas de gasto de los demócratas van claramente más allá de lo necesario para hacer frente al problema real de la pandemia”, añadió Bourne. “Así que no creo que haya argumentos económicos para la mayor parte de este proyecto de ley: simplemente empeorará las finanzas públicas subyacentes, sin una justificación económica muy clara, y quizás incluso perjudicando la recuperación”.

Los críticos se apresuran a burlarse de la preocupación por la deuda y el déficit, sobre todo teniendo en cuenta la hipocresía de muchos cargos electos republicanos al respecto. Pero las leyes de la economía no han cambiado, y sigue en pie aquello de que no hay almuerzos gratis.

En algún momento, las consecuencias de nuestra desbocada deuda nacional serán demasiado duras como para ignorarlas.

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