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Super Bowl

El deporte y la ideología no se mezclan

El evento deportivo más importante de Estados Unidos, de un solo día, es el Super Bowl. Este año se llevará a cabo en unos Estados Unidos irreconocible. Un país en el que la izquierda ha sometido hegemónicamente a la cultura

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El adagio de que la política y el deporte no se deben mezclar es muy cierto. Cuando se trata de ideología más que de mero partidismo político, es destructivo. El deporte profesional americano se ha convertido en una fuerza política para uno de los principales principios del marxismo cultural: la teoría crítica de raza. El Super Bowl número 55 promete ser otro triste espectáculo rehén de la cultura woke. Esta calamidad está vascularizando trágicamente a Estados Unidos con rapidez.

Hubo un día en que los deportes sirvieron para mejorar las tensiones sociales. Las diferencias sociales raciales, étnicas, educativas y económicas encontraban en los eventos deportivos el remedio inigualable de la armonía. Las disparidades se dejaban de lado, ya que animar al equipo local se convertía en la intención primordial del día. Los pronunciamientos oficiales de inclinación política por parte de las empresas deportivas y los jugadores, y mucho menos una cosmovisión particular, eran frutos prohibidos en el mundo de la competición atlética profesional.  Hoy en día, eso ya no es así.

Super Bowl LII (WikiCommons)

La Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) y la Liga Mayor de Béisbol (MLB) han sucumbido, no a los enfoques reformistas y gradualistas para la mejora sistémica con la intención de mantener la prudencia y el acuerdo popular, sino por un programación radical que busca agresivamente la revisión total del orden existente. ¿Comprende alguno de estos actores que la embestida socialista que están apoyando perjudicaría su salud financiera? ¿Seguirían arrodillándose ante esta religión política dirigida por los marxistas y aplaudirían el secuestro de fuertes sumas de sus salarios para “ayudar” a las percibidas “masas angustiadas”?

El evento deportivo más importante de Estados Unidos, de un solo día, es el Super Bowl. Este año se llevará a cabo en unos Estados Unidos irreconocible.Un país en el que la izquierda ha sometido hegemónicamente a la cultura, y una oligarquía tecnológica con los medios de comunicación industriales, en connivencia con las grandes empresas y con el impacto de un partido mayoritario ahora en pleno poder político. La NFL, uno de los primeros instigadores de esta Teoría Crítica de Raza, seguramente estará de fiesta en este partido.

A medida que las diferencias fundamentales que separan a los dos Estados Unidos profundizan su división, se vuelve irrelevante quién juega hoy o quién ganará. La nación americana ya ha perdido. Al menos esta batalla. Yo, por mi parte, no veré el evento deportivo/propagandístico. Cuando el fútbol, al igual que el béisbol y el baloncesto, recuperen el civismo de la ciudadanía en una sociedad plural, volveré a unirme a las filas de un aficionado interesado. Hasta entonces, lo primero es la nación y desafiar la tiranía de la política identitaria socialista.  

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