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El gozo de ser padre

Fatherhood - El American

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La paternidad -espiritual o humana- es la mayor vocación que puede recibir un hombre.

Ningún honor, ningún placer, ningún salario, nada, puede superar la dicha de ser padre.

Ninguna estabilidad, ninguna experiencia de vida, ningún trabajo vale lo que vale ser padre.

No hay nada más grande a lo que podamos aspirar. Ser padre es ser el mundo entero.

Ser padre, con sus alegrías y sus cruces, es la decisión más contracultural y revolucionaria que un hombre puede asumir hoy.

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Y con “ser padre” no me refiero únicamente a tener hijos, sino a serlo con todo lo que ello significa: estar presente, enseñar a tus hijos a ser hombres y a tratar a las mujeres, y mostrar a tus hijas el tipo de hombre que deben aspirar a encontrar en sus vidas. Amar y proteger a tu esposa con todas tus fuerzas y tu alma.

Uno de los pasajes más incomprendidos de las cartas de San Pablo es Efesios 5, 22-28:

Expresen su respeto a Cristo siendo sumisos los unos a los otros. Lo sean así las esposas a sus maridos, como al Señor. El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la Palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa, es amarse a sí mismo.

Lamentablemente, este pasaje se ha utilizado mucho para justificar la tiranía doméstica y el sexismo. Sin embargo, la solución no es negarlo o ignorarlo, sino leerlo en su totalidad. Obediencia y sumisión son palabras feas en nuestros tiempos liberales, pero ¿qué cristiano puede decir que se negaría a someterse y obedecer al Señor? Ninguno, si es verdaderamente cristiano.

San Pablo no nos llama a convertirnos en tiranos domésticos o en aristócratas inútiles que necesitan que todo se haga por ellos. Eso no es la paternidad cristiana. San Pablo y nuestro Señor nos llaman a amar a nuestras familias como Jesús amó a la Iglesia: Plenamente, hasta la muerte si es necesario. No es una llamada a convertirnos en dictadores espirituales dentro de nuestras familias, sino a ser los primeros en aspirar a la santidad, el Amor y las buenas obras. Predicar con el ejemplo. Mostrar a nuestros hijos cómo es un cristiano virtuoso, que no deben temer nada si ponen su confianza en el Señor: “Sé recio. —Sé viril. —Sé hombre. —Y después… sé ángel.”

Afortunadamente, el Señor no nos dejó sin ejemplos de lo que significa ser un padre, pues eligió tener un padre humano. San José no pronuncia una sola palabra en la Biblia. Es un hombre de acción –no de quejas. No lloriquea por sus muy difíciles circunstancias. No hace más que la voluntad de Dios y nada más que proteger y amar a su familia. Cuando leemos los Evangelios y vemos la personalidad de Jesús, vemos el impacto que tuvo su padre en su vida.

Buena parte de nuestra personalidad está modelada según la de nuestros padres. Cuando vemos a Jesús escuchando atentamente y acercando su corazón a los que sufren; cuando le vemos sufriendo pacientemente en su Pasión sin quejarse; cuando le vemos comiendo con sus discípulos y con cualquiera que quiera unirse a Él, estamos viendo a sus dos padres, el celestial y el humano, en acción.

Tanto si tú, lector, eres cristiano o no, si eres padre, verás un ejemplo en San José: el primero en la Justicia, el primero en el Amor y el primero en las Obras y en el trabajo bien hecho. La única tragedia real para un padre en esta vida no es el fracaso profesional o social, sino no esforzarse por ese ideal. Pidamos al Señor que podamos ser los padres que nuestros hijos merecen en este mundo perverso, confuso e injusto.

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