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mito del sistema de salud cubano

El mito del sistema de salud cubano

Cuba tienes tres sistemas de salud: dos eficientes reservados para turistas y miembros del Partido Comunista, y un tercero destrozado que padece su población

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¡Cuba tiene los mejores doctores del mundo! Proclamaba Diego Armando Maradona, quien viajaba frecuentemente a la isla para tratarse su adicción a las drogas y sus problemas de obesidad. El expresidente ecuatoriano, Rafael Correa, también recibió tratamiento en Cuba, al igual que Gustavo Petro, el socialista aspirante a la presidencia de Colombia. Hugo Chávez falleció en un hospital cubano, lo que de por sí no habla mal del sistema de salud, pues incluso a los mejores panaderos en ocasiones se les quema el pan.

Comunistas de todo el mundo y amigos de los Castro han recibido los cuidados médicos cubanos y han contribuido a extender el mito de que el sistema de salud es el principal logro de la revolución. Y probablemente así lo sea para los miembros de la élite comunista, sus amigos del extranjero y para los turistas de los países desarrollados que viajan a la Isla en busca de tratamiento. Las cosas son menos gloriosas para el ciudadano cubano, porque en Cuba en realidad hay tres sistemas de salud.

El sistema de salud cubano tiene una atención privilegiada para las élites del Partido Comunista y los turistas que visitan la isla. (EFE)
El sistema de salud cubano tiene una atención privilegiada para las élites del Partido Comunista y los turistas que visitan la isla. (EFE)

Los tres sistemas de salud en Cuba

En primer lugar está el diseñado para los extranjeros que viajan para recibir atención médica, que se ha convertido en una importante fuente de divisas, llegando a reportar hasta $8,000 millones al Estado anualmente.

Una cirugía para aumentar el volumen de los senos cuesta $1,400 en la Clínica Central Cira Garcia de La Habana, reservada a extranjeros, frente a más de $6,000 en Estados Unidos, $4,000 en Gran Bretaña o $2,500 en México. En varios hospitales –como el Hermanos Ameijeras y el Gonzáles Coro– hay “salas internacionales” y algunos hoteles se han especializado en la recepción de pacientes extranjeros.   

El segundo sistema es el de la élite comunista –la nomenclatura– cuadros del partido, militares, artistas, escritores e intelectuales afectos al régimen. Como en todo sistema igualitario algunos son más iguales que otros, los más encumbrados dirigentes y cuadros del partido reciben el nivel de atención reservado a los extranjeros que pagan en moneda dura. Los miembros de menor rango de la nomenclatura reciben también un buen tratamiento médico, aunque las condiciones de atención hospitalaria son bastante modestas.   

Desde 2010 se han cerrado más de 64 hospitales, lo que representa la tercera parte de la capacidad hospitalaria del país. (EFE)
Desde 2010 se han cerrado más de 64 hospitales, lo que representa la tercera parte de la capacidad hospitalaria del país. (EFE)

Para el cubano de a pie está reservado el tercer sistema de salud dotado de clínicas y hospitales que se desmoronan por falta de mantenimiento. Desde 2010 se han cerrado más de 64 hospitales, lo que representa la tercera parte de la capacidad hospitalaria del país.

La escasez de insumos y medicamentos, incluso los más básicos, es dramática. Los pacientes que logran hospitalizarse deben llevar sus propias sábanas, toallas, jabón, comida, etc. Cuba se ufana de tener muchos médicos con relación a su población, pero en las clínicas y hospitales esos médicos tienen más bien poco con qué trabajar, pues los equipos son anticuados, están deteriorados o son inexistentes.

El otro problema del sistema hospitalaria cubano es que no tiene ningún tipo de transparencia. Mientras que en Latinoamérica en promedio las muertes neonatales son de 1.04 por cada 1,000 infantes, en Cuba esta cifra para el 2015 era de 6 por cada 1,000. Los hospitales cubanos para disminuir la estadística no optaron por pedir más inversión a la dictadura en cuidados prenatales, sino reportar la muerte como la de un infante ya nacido. Este tipo de maquillaje a los números es común en el sistema de salud cubano, por lo que muy buena parte de sus indicadores simplemente no son confiables.

El régimen castrista ha falsificado sus cifras de salud en el pasado para preservar el mito del sistema de salud cubano. (EFE)
El régimen castrista ha falsificado sus cifras de salud en el pasado para preservar el mito del sistema de salud cubano. (EFE)

Otro factor a tener en cuenta son los medios a los que recurre Cuba para mantener favorables sus estadísticas de salud. Las madres gestantes en Cuba son fuertemente monitoreadas por el régimen y son presionadas a abortar en caso de que las ecografías encuentren algún tipo de condición en los infantes, algunas madres son internadas a la fuerza en las llamadas “Casas de Maternidad” para hacerle seguimiento a su embarazo, incluso si ellas prefieren permanecer en sus hogares.

El Covid-19 destruyó el mito del sistema de salud cubano

La punta del iceberg que reveló la precariedad del sistema de salud cubano es la actual crisis del Covid-19, no solo por el número de casos diarios que ya supera los 6,000 infectados, sino por la falta de insumos para tratar a los pacientes. Mientras que los hospitales están por abarrotar, los médicos no tienen mucho que hacer para tratar a sus desvalidos pacientes pues no tienen medicamentos.

Cuba dependía en exceso del suministro de medicamentos de Asia y con el surgimiento del Covid-19 el suministro se ha cortado y el país es demasiado pobre para diversificar sus fuentes de exportación.

Cuba rechazó integrarse al mecanismo Covax que la suministraría de vacunas de AstraZeneca y prefirió arriesgarse con su propia vacuna, Abdala. (EFE)
Cuba rechazó integrarse al mecanismo Covax que la suministraría de vacunas de AstraZeneca y prefirió arriesgarse con su propia vacuna, Abdala. (EFE)

Buena parte de los contagios y las muertes pudieron haber sido prevenidas si el régimen de Díaz-Canel se hubiera suscrito al acuerdo Covax, diseñado para suministrar dosis de vacunas como AstraZeneca, pero para blindar al país del “neoliberalismo” y de la fundación Bill y Melinda Gates, el régimen prefirió no optar por recibir las 2 millones de dosis que le correspondían y condenar a su población al martirio que hoy sufren.

En cambio el régimen cubano sin contar con los recursos de una industria farmacéutica sólida como la americana o la europea, prefirió embarcarse en la producción de su propia vacuna, Abdala, cuya eficacia no ha sido probada por ninguna organización ajena al régimen cubano.

Al derrumbe de la infraestructura hospitalaria y a la escasez de toda clase de medicinas y recursos de tratamiento, se une la escasez de personal médico, pues casi una tercera parte de los profesionales de la salud trabaja en el extranjero, en 62 países, como esclavos de bata blanca, pues el régimen confisca el 75 % de sus sueldos.

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