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Refugiados palestinos, El American

El mito eterno de los refugiados palestinos

Sólo un cambio de mentalidad, que deje de premiar con dinero a las familias de asesinos de civiles —como hace Abu Mazen en Ramallah— y fomentar el odio sin pausa, puede conducir a una paz verdadera

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Por Eduardo Zalovich

Se calcula en más de 80 millones el número de refugiados en todo el mundo. Más de la mitad menores de 18 años. También hay millones de personas apátridas, sin una nacionalidad ni acceso a derechos básicos como educación, salud, empleo y libertad de movimiento.

De esta impresionante cantidad de gente que se cuenta actualmente, los palestinos acaparan la atención pública ¿Cuántos de nosotros podemos enumerar otros pueblos que han sufrido similar o peor destino?

La ONU tiene una agencia que se encarga del tema en general (ACNUR), pero los palestinos tienen otra exclusiva (UNRWA). Una comunidad de supuestamente 5 millones de personas, es decir el 6 % de los afectados. Detrás de cada refugiado existió, sin duda, una tragedia humana digna de atención. Pero en Europa, tras la caída de Alemania en 1945, decenas de millones de personas fueron desplazadas de sus hogares y reubicadas.

Stalin impuso destierros colectivos a los pueblos acusados de apoyar a los ocupantes nazis, y se modificaron las fronteras en todo el continente. Pero todos fueron integrados.

Entre 1948 y 1953, Israel recibió unos 850,000 judíos expulsados de los países árabes, además de otros cientos de miles sobrevivientes del nazismo. Los casos abundan. Según el desaparecido escritor árabe, Edward Said: “No hay ciudad israelí desde la cual no se vean los restos de alguna aldea palestina abandonada”. Nada más lejos de la realidad histórica. Los hechos no pueden -o no deben- modificarse de ese modo para defender una causa. Llama la atención, sin embargo, el eco que han logrado sus afirmaciones en corrientes de izquierda.  

En 1947, la ONU votó la partición del Mandato Británico en Palestina (no de todo su territorio histórico, pues el 75 % lo ocupaba ya el reino de Jordania) en dos estados: uno judío y otro árabe. Jerusalén sería internacionalizada. Los judíos aceptaron dicha resolución, que no contemplaba sus aspiraciones, y proclamaron la independencia; los dirigentes árabes la rechazaron e invadieron al nuevo Israel.

El llamamiento de los dirigentes musulmanes —entre ellos el líder palestino del momento, el Mufti de Jerusalén, que había colaborado con Hitler— invocó la “guerra santa” para “echar a los infieles al mar”. Una guerra de exterminio. Las exhortaciones a la población árabe a abandonar sus hogares y sumarse a las fuerzas invasoras fueron permanentes.

Pero el resultado de la guerra sorprendió al mundo, pues los judíos triunfaron y consolidaron su Estado. El grueso del territorio adjudicado al estado árabe fue ocupado por Egipto (Gaza), Jordania (Cisjordania y Jerusalén oriental).

Tras la derrota militar, los gobiernos árabes impusieron a los palestinos la permanencia en campos de refugiados. Es decir: los 750 mil palestinos —en aquel momento— que abandonaron sus hogares, no fueron integrados al resto de la población de Jordania, Siria, Iraq o Egipto. Y esto a pesar de que poseían la misma lengua, cultura y religión; y de que no existía entonces una voluntad nacional palestina autónoma del mundo árabe. Fue una decisión política para perpetuar el conflicto.

Refugiados palestinos, El American
“Los judíos aceptaron dicha resolución, que no contemplaba sus aspiraciones, y proclamaron la independencia; los dirigentes árabes la rechazaron e invadieron al nuevo Israel”. (BBC)

De aquellos campamentos musulmanes, que las dictaduras árabes no quisieron integrar pese a los millones obtenidos del petróleo, surgieron todas las organizaciones terroristas palestinas, alimentadas en un odio irracional a “los infieles, cristianos y judíos”.

Más de 70 años después, nadie puede creer seriamente que la falta de solución para dichos refugiados se debe a la carencia de medios.

Fue en realidad la falta de voluntad árabe lo que ha mantenido a los mismos en su triste situación ¿Por qué? Simplemente porque de ese modo crearon un arma publicitaria útil para oponerse a todo acuerdo pacífico. Hablamos de más de 20 países islámicos, con millones de kilómetros cuadrados de extensión, que obviamente poseían infinitos más recursos que Israel para integrarlos.

La diferencia es que los judíos, en menos de 30 mil km2, absorbieron en el mismo período más de 6 millones de inmigrantes, mientras los tiranos árabes utilizaron a los palestinos como arma política permanente. Una opción muy triste, decidida por los verdaderos culpables de la “nakba”. Un pueblo cuyos dirigentes han desperdiciado generosas ofertas de paz, y que vive oprimido por los terroristas de Hamás en Gaza y los herederos de Arafat en las zonas autónomas de Cisjordania (Judea y Samaria).

Sólo un cambio de mentalidad, que deje de premiar con dinero a las familias de asesinos de civiles —como hace Abu Mazen en Ramallah— y fomentar el odio sin pausa, puede conducir a una paz verdadera.


Eduardo Zalovich es historiador viviendo en Israel.

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