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El multifacético López Obrador

AMLO, El American

EL PANORAMA electoral moderno es un terreno complicado para cualquier candidato que quiera transitarlo, el político interesado en conseguir votos va a prometer cualquier cosa que esté a su alcance o fuera de él, con tal de convencer al votante menos informado de que le vote. En la última elección mexicana vimos montones de promesas, desde la gasolina a $10 pesos por litro (aproximadamente $1.90 USD por galón), de AMLO, hasta el ingreso universal mínimo de Ricardo Anaya.

Las promesas que se hacen, rara vez se cumplen, pero no importa porque expresar las buenas intenciones es suficiente para convencer al votante de que el candidato en cuestión es digno de ser votado e incluso de ser defendido, aunque no tenga ningún logro.

Este último es el caso del presidente mexicano, quien no solo no ha logrado cumplir muchas de sus promesas, sino que las cumplidas han resultado en grandes fracasos, como su aeropuerto. Es aquí donde AMLO tiene otro gran problema, a pesar de ya ser presidente, ha decidido continuar en campaña y seguir haciendo promesas pensando en que la gente siga votando a su partido para la próxima elección.

La situación con la que se enfrenta es más complicada de lo que parece, porque sus posibles sucesores provienen de distintos lugares de las izquierdas mexicanas, los tres más probables hoy, Adán Augusto López, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, representan tres de las distintas facciones de MORENA; Adán el antiguo régimen; Ebrard la socialdemocracia y Claudia, la nueva izquierda woke.

Con sucesores que tienen ideas enfrentadas, al presidente le ha costado hacer promesas de campaña sin tropezarse con sus otras promesas de campaña, así al mismo tiempo que habla de refinerías altamente contaminantes, que ha tenido una campaña abierta en contra de las “energías limpias” y que no ha tenido reparo en destruir grandes áreas de selva para la construcción del Tren Maya, promete un decálogo de acciones contra el cambio climático, la principal preocupación de los votantes de Claudia.

No se puede acusar al presidente de no tener un discurso plural. No solo en la cuestión ambiental, en la que al mismo tiempo se hace felices a ambientalistas y a nostálgicos de los combustibles fósiles, invirtiendo en carbón y petróleo, pero presumiendo el compromiso con el medioambiente, también en otras áreas como la Guardia Nacional en la que demócratas y autoritarios han visto sus sueños cumplidos, primero con la promesa de un mando civil y posteriormente con la declaración que sería un error no tener un mando militar.

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El Gobierno de AMLO tiene también una faceta que hace sonreír a los liberales, la promesa de la austeridad republicana y la pobreza franciscana en el gobierno, mientras que también hace felices a los estatólatras con las promesas de control de precios.

Y qué me dicen de la política social en la que a la vez el presidente es “el más feminista de la historia”, mientras que ignora la venta de niñas en las comunidades indígenas, impulsa candidatos con acusaciones de abuso sexual y considera que los feminicidios son menos importantes que el sorteo del avión presidencial (el que por cierto a la vez ha vendido y conservado, haciendo felices a los que lo odian y también a los que no).

López Obrador ha culpado de todo lo malo a los gobiernos neoliberales, pero también ha dicho que el neoliberalismo no es tan malo si se aplica correctamente, ha cancelado un aeropuerto por ser producto de la misma corrupción que negó que existía. El presidente es un Salomón moderno que mientras le promete justicia a las víctimas, también promete a los criminales que nunca serán juzgados porque ellos son también seres humanos, como así también anuncia el final del nepotismo, al tiempo que tiene a su familia beneficiándose del gobierno.

En el mundo de AMLO caben todos los mundos. Las ideas contradictorias pueden ser ciertas simultáneamente, decir y hacer son equivalentes, y por eso mismo hacer lo opuesto a lo que se dijo no tiene consecuencias. Los principios de López Obrador y de su partido son intercambiables: serán los que el votante pida siempre que se les permita quedarse en el poder. El candidato puede ser Adán Augusto, Claudia, Marcelo o alguno no destapado de otra facción. Lo cierto es que la bandera de Morena va a ser, del lado visible, la que el ánimo del electorado dicte, y del lado no visible, será siempre roja.

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