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En su obsesión por defender a AMLO, el obradorismo desnuda su fascismo. Imagen: EFE/Mario Guzmán

El obradorismo desnuda su fascismo

El fascismo real trata como traidores a quienes no se someten al Gobierno. Eso es lo que está impulsando el obradorismo en México

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Las acusaciones de fascismo se lanzan con demasiada frivolidad en nuestros tiempos. Ciertamente en la gran mayoría de los casos dicho adjetivo es injusto. No es fascista quien tiene una opinión diferente a nosotros. No es fascista quien promueve políticas públicas de izquierda o derecha. No es fascista quien propone tonterías y ni siquiera quien peca de falta de diplomacia. Los fascistas, simple, llana y exclusivamente, son quienes promueven un modelo fascista.

Y este martes, 15 de febrero del año 2022, en las instalaciones del Senado mexicano, el obradorismo desnudó su fascismo.

No porque propongan alguna tontería, sino porque los senadores oficialistas sumaron su voz y firma a un documento claramente fascista, un comunicado que el propio Mussolini habría firmado sin el menor asomo de duda.

¿Qué pasó?

Los senadores oficialistas, desesperados por ayudarle en el control de daños al presidente López Obrador, (que está bajo la lupa debido a las mansiones donde ha vivido su hijo José Ramón en Texas) publicaron y leyeron un comunicado claramente fascista. Y lo citaré en sus propias palabras:

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Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.

“El presidente Andrés Manuel López Obrador encarna a la nación, a la patria y al pueblo; los opositores al presidente, por consiguiente, buscan detener los avances para darle al pueblo de México un futuro más digno”.

“Los enemigos no son sólo opositores a los principios democráticos y populares que encabeza el Ejecutivo, sino opositores a México y a todos los ciudadanos que buscan la justicia y la igualdad social”.

“Las senadoras y los senadores de Morena estaremos apoyando de manera incondicional al presidente de la República, quien simboliza los ideales de la Nación, de la Patria, del pueblo, de la independencia, la soberanía y los intereses del bienestar nacional”.

“Por ende, los que se oponen al Presidente de México, no son más que un puñado de mercenarios…Son unos traidores a la Nación, a la Patria y al pueblo”.

“Beneficios para unos cuantos, jamás. El beneficio colectivo debe ser siempre”.

No es simple politiquería, es fascismo

¿Por qué? Porque los senadores de Morena y sus aliados parten de la idea de que el presidente encarna en sí mismo los valores y la lealtad nacional y que, por lo tanto, cualquier acto de “deslealtad” o desobediencia al presidente constituye, en sus términos, una “traición a la patria”.

Y esa es justamente la diferencia clave que distingue a la democracia de los totalitarismos en general y el fascismo en particular.

La democracia tiene como prerrequisito la convicción de que se puede disentir sin ser traidor; que dentro de un solo país pueden coexistir distintas perspectivas políticas y sociales, distintos “modelos de nación” que compiten entre sí a través de las reglas e instituciones del sistema democrático, sin que ninguno anule ni extinga por completo a los demás.



Por el contrario, el fascismo, parte de la idea de que la unidad política e ideológica de la nación es el valor fundamental de la patria, esa suma de varitas que aisladas son frágiles, pero reunidas en un fascio se vuelven invencibles.

Toda la fuerza del Estado… contra la oposición

Al acusar de traidores a la patria a quienes nos oponemos al proyecto político del presidente López Obrador, el oficialismo no sólo lanza una acusación trivial, sino que coloca a millones de personas en la mira del aparato represivo del propio régimen, ya que en México la traición a la patria es un delito, específicamente contemplado en el artículo 123 del Código Penal Federal y castigado hasta con 40 años de prisión.

Por eso, aunque los senadores oficialistas no están pidiendo (todavía) cárcel para sus enemigos, sí dejan en entredicho la legitimidad política y democrática de cualquier visión diferente de la que impulsa López Obrador, y eso puede ser irreversible.

Ya sea que lo hayan entendido o no, el obradorismo desnuda su fascismo. Nos etiquetaron a millones de personas como traidores a la patria, y al hacerlo erosionaron los cauces políticos que sostienen a las instituciones y a las leyes, ya que sin la convicción compartida de que tenemos derecho a disentir no es posible el diálogo, no es sustentable la democracia y no está a salvo la libertad.


Cuando todo queda sometido al capricho del gobierno y a la etiqueta de la traición, estamos ante un sistema fascista. Y el 15 de febrero del 2022, el obradorismo desnudó su fascismo.

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