fbpx

El paraíso marxista es un infierno sin gozo. Imagen: Unsplash

El paraíso marxista es un infierno sin gozo

El paraíso marxista es un infierno sin gozo donde todo es político y nada es personal, donde las personas son un instrumento sin alma al servicio del régimen

[Read in English]

Durante más de siglo y medio, el paraíso marxista se ha impulsado a lo largo del mundo, condenando a cientos de millones de personas al infierno sin gozo de una vida sometida y sujeta al muy individual capricho de mafias burocráticas disfrazadas de voluntad colectiva.

Ese paraíso es un averno de pobreza, desesperanza, genocidios y una vida gris, donde el “goce” del pueblo es considerado una blasfemia individualista, mientras los gobernantes, esos sí, se dan sus gustos hedonistas.

No fue casualidad que el brutalismo arquitectónico se expandiera sistemáticamente por el bloque soviético, mientras que el resto del arte se convertía en la insípida propaganda del “realismo socialista”. Tampoco fue casualidad que detrás de la cortina de hierro se ocultaron ciudades grises, repetitivas y sombrías, pues la creatividad y el gozo son actos profundamente individuales y, por lo tanto, condenables para quienes pretenden reducirlo todo a la voluntad del colectivo.

Esa aburrida, burocrática y tiránica solemnidad sigue siendo la aspiración mal disimulada de los colectivistas alrededor del mundo. Disfrazada bajo un anhelo de justicia, impone la conformidad y la lealtad al grupo que observamos, por ejemplo, detrás del constante ímpetu de la cultura de cancelación por eliminar toda manifestación que no se adhiera a los lineamientos definidos por comités de censura (tácitos primero y oficializados después).

El paraíso marxista, impulsado por Marx… Arriaga

No siempre disimulan sus apetitos tiránicos. A veces nos encontramos con algunos marxistas que, por sinceridad o cinismo, manifiestan abiertamente su odio hacia el goce de las ideas. Uno de estos casos es el de, literalmente, Marx; no Karl, el alemán, sino Marx Arriaga Navarro, el mexicano que trabaja como director de Materiales Educativos en el Gobierno de AMLO.

El pasado 28 de julio, el funcionario (uno de los burócratas de mayor impacto mediático en el Gobierno mexicano) condenó directa, cínica y abiertamente la “apreciación de la lectura como una actividad de ocio”.

Por el contrario, dijo, es necesario que la lectura se convierta “en una acción emancipadora” y una “acción comunitaria con base en una reflexión de los antecedentes de cada uno de los involucrados que en comunidad concretan los temas relevantes que deben ser desarrollados, generando una reflexión que tiene como meta la transformación de la realidad.

Traducido al castellano, Marx Arriaga, en la más rancia tradición “marxista” del desprecio a las ideas y de la instrumentalización materialista de los seres humanos, exige convertir a la lectura en un acto político orientado y controlado por el interés colectivo. Es decir, por el gobierno.

El paraíso marxista es un infierno sin gozo, donde leer por gozo es blasfemia. Imagen: Unsplash
El paraíso marxista es un infierno sin gozo, donde leer por gozo es blasfemia. Imagen: Unsplash

Cuando lo personal es político, nada es personal

De fondo, lo que el funcionario mexicano señala es simplemente la inevitable consecuencia del razonamiento de que “lo personal es político” que tanto se ha puesto de moda entre la izquierda americana. Al insertar la dimensión política en nuestros actos cotidianos (es decir, en “lo personal”) lo personal desaparece y lo individual se diluye en el ácido de la acción y de la agenda colectiva.

Ese es el gran peligro de la visión colectivista. Es cierto que BLM, Ocasio-Cortez, Bernie Sanders… o Marx Arriaga, no son Stalin o Fidel Castro, pero comparten con esos tiranos la convicción subyacente de que el ser humano no es sino un mecanismo de batalla al servicio de un fin colectivo.

Eso explica el por qué, conforme el socialismo consolida su dominio sobre alguna región, los radicales abandonan y traicionan a sus compañeros de viaje (tontos útiles, como los llamó Lenin) de la socialdemocracia y la izquierda burguesa, pues para el socialismo real el goce es un acto profundamente antirrevolucionario.

Por eso es mucho más fácil ser hippie en los Estados Unidos que en la Unión Soviética.

Para el socialismo de a deveras, todos nuestros actos humanos, desde la expresión, el diálogo y la lectura; hasta los sueños, la cópula y la propia respiración, son actos políticos, que han de estar dirigidos hacia el logro de una agenda de gobierno, así que utilizarlos para “el goce individual” es percibido como un desperdicio criminal.

Ese es el verdadero rostro del paraíso marxista, el de un infierno sin gozo donde todo y todos deben ser útiles al capricho del Estado, con la vida y con la muerte, cuyo valor se reduce al de un mero instrumento en manos del gran tirano planificador, que niega el libre albedrío y “construye” a partir del odio racionalizado en la lucha de clases. Es decir, Satanás.

2 comments
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Article
Beijing, El American

¿Cómo responderá Beijing a la creciente presencia de la OTAN en el Indo-Pacífico?

Next Article
Bloqueo, El American

La farsa del bloqueo cubano

Related Posts
Total
148
Share