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El patrón oro vuelve al debate público y político

El patrón oro hace un tímido y esperado retorno al debate político

Por Ángel Manuel García Carmona:

Errare humanum est, sed perseverare diabolicum. Así se expresa la famosa locución latina que no se encuentra exenta de ningún campo de nuestro entorno (por decirlo de alguna manera). Encima, quizá parezca más abrumador que sobre ello haya, a efectos prácticos, algo que se pueda aproximar a un “consenso”.

Esto ocurre, por ejemplo, con la política económica y monetaria de la mayoría de Estados modernos. Aunque la intensidad varía de un país a otro, hay que decir que todos están de acuerdo no solo en mantener el llamado Bienestar del Estado (que en algunos casos como el sueco ha tenido que ser algo más amigable con el mercado).

Consideremos también el actual sistema político monetario: bancos centrales bajo el esquema de la “reserva fraccionaria” (los depósitos de los clientes de las entidades bancarias no se mantienen en una integridad total, ya que el banco puede tomar una proporción de los mismos como reserva, para préstamos, por ejemplo, creando cierto monto artificial dinerario “de la nada”).

Mientras, entidades como la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo tienen unos criterios definidos por la obsesión en generar una expansión artificial crediticia así como por mantener unos tipos de interés lo más bajos posible, lo cual tiende a disparar, de una u otra forma, las tasas de inflación monetaria.

Obviamente, no solo existen estas dos instituciones financieras en Occidente. Los bancos centrales nacionales de Europa y América son problemáticos también (obviamente, no en la misma magnitud, al margen de describir una tendencia general): el peso argentino cada vez tiene menos valor mientras que la inflación de eslotis no es de las más bajas del viejo continente.

No obstante, no es cuestión de indagar analítica y detalladamente, en lo que respecta a este artículo, sobre los problemas de la actual sistemática político-financiera (por definirla de alguna forma). El quid de la cuestión está relacionado con el trumpismo en cierto modo (aunque este apartado no haya sido tan relevante como sus propuestas en materia de COVID-19 e inmigración).

El patrón oro y la remodelación de la Banca Central

Dentro de la agenda política de Donald Trump también se puede encontrar el propósito de remodelar la Reserva Federal (FED), con cuyo gabinete directivo ha tenido algún que otro conflicto sobre cuestiones macroeconómicas (no es conveniente bajar tipos de interés, pero hay que discernir entre eso y los conflictos paralelos del cártel de la FED con determinados entes financieros privados).

De hecho esa parece ser (y hace/haría bien) su objetivo antes de finalizar esta legislatura (independientemente de que pueda continuar o no en la siguiente). Para ello, puso sobre la mesa la candidatura de Judy Shelton, una asesora económica que llegó a trabajar para la red de think tanks pro-mercado Atlas Network.

De momento, la propuesta habría fracasado, en tanto que, a finales de esta semana, el Senado estadounidense, pese a tener una mayoría absoluta del llamado GOP, no habría permitido que esta nominación siguiera su curso. El senador Mitt Romney -del ala neoconservadora- se sumó al lado demócrata, tumbando así la propuesta.

En cualquier caso, el asunto ya era interesante de por sí. La jugada trasciende, a mi juicio, lo que puede ser una operación trumpista sobre el tablero político sin más. Lo que tiene su interés es que plantea que el patrón oro tenga cierta determinación en la FED en tanto que el valor del dólar mantenga cierta correlación con el valor del metal precioso en cuestión.

Pese a ello, Shelton no se opone frontalmente a la existencia de una entidad de banca central (este sería un planteamiento del core de los economistas alineados a la Escuela Austriaca, entre los cuales figura Jesús Huerta de Soto, quien considera estas entidades como prestamistas en última instancia, ante un sistema bancario considerablemente quebrado).

No obstante, la economista en cuestión considera que la FED no es el alma y corazón de la salud de los medios de cambio dinerarios y monetarios que puedan circular por el mercado. Incluso pudo haber llegado a sugerir que la manera de la cual se definen los valores actuales resultan de una planificación centralizada soviética, aunque no hace falta llegar a ese grado para evidenciarlo.

Así que, dentro de la oleada anti-establishment que representa Donald Trump, también se estaría poniendo en cuestión a las élites y al socialismo respecto a su pata financiera y monetaria (por llamarlo de una forma). Con y sin crony capitalism, el monopolio arbitrario de la emisión de moneda supone un refuerzo del poder político, del intervencionismo estatal.

De hecho, bien ha venido también esta contribución al debate en tanto que nos encontramos en una situación en la que el poder de los bancos centrales puede reforzarse, con mayores mecanismos de monitorización individual y transaccional, pues bajo el pretexto del COVID-19, se está poniendo sobre la mesa, con previa ingeniería social, la supresión del dinero en metálico.

Al estar todo controlado (tengamos presente que tanto para mal como para bien, el Big Data está convirtiéndose en una tendencia en auge acelerado que será determinante), con la colaboración de las entidades bancarias, será más complicado tener a salvo la propiedad privada de los expolios fiscales estatales, así como nuestro derecho a la privacidad en su gestión.

Por ello, pase lo que pase a corto plazo con la FED, la nominación de Trump ha sido acertada incluso más allá de sus propias estrategias sobre el tablero. Conviene intensificar un debate que ponga en cuestión el sistema monetario sociata, monetarista y keynesiano, sin olvidar la importancia de tecnologías con paradigma distribuido y descentralizado como blockchain.


Ángel Manuel García Carmona es ingeniero de software. Reside en Madrid, España.

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