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el precio de la debilidad y la traición, El American

Administración Biden-Harris: el precio de la debilidad y la traición

A pesar de su inferior capacidad militar, los talibanes llevan la voz cantante. Humillar a Estados Unidos ante el mundo, especialmente ante los regímenes y movimientos islámicos y socialistas de todo el planeta, forma parte de su estrategia yihadista

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Si la historia nos enseña algo, es que el precio de la debilidad y la traición es mucho mayor que el coste soportado por permanecer libre. La capitulación total de la administración Biden-Harris ante el fundamentalismo islámico y el abandono del pueblo de Afganistán tendrá consecuencias mucho más allá. Una nueva yihad está en marcha contra la civilización occidental con Estados Unidos como principio. La brutal banda de bárbaros que son los talibanes le ha demostrado al mundo que cuando los Estados Unidos son gobernados por grupos de personas débiles, incompetentes y antiamericanas, como la izquierda en este país, es inerte.

Durante una entrevista en 1946 con la periodista comunista americana, Anna Louise Strong, Mao-Tse-tung se refirió a Estados Unidos como un “tigre de papel”. El mayor asesino de masas del mundo (Mao) hizo un juicio de valor sobre Estados Unidos, al percibir su decisión de apoyar al Estado soberano de la República de China (ROC) durante la guerra comunista por el control político (1927-1937 y 1945-1949). Por desgracia, Mao acertó al creer que Estados Unidos abandonaría a Chiang Kai-shek y a la ROC.     

La invasión de Corea del Sur, por parte de las fuerzas comunistas de Corea del Norte en 1950, fue probablemente atribuible a un discurso negligente pronunciado por el secretario de Estado Dean G. Acheson en enero de ese año en el National Press Club. Cuando definió el “perímetro defensivo” de Estados Unidos en el Pacífico y evitó mencionar a Corea como parte de esa esfera de influencia protegida, el Norte comunista lo interpretó como un abandono y, en menos de seis meses, cruzó la línea del paralelo 38 y comenzó la Guerra de Corea, que acabó costando aproximadamente 34,000 vidas americanas. 

La retirada de Estados Unidos de Afganistán está en definitiva, dictada por el régimen talibán. El coqueteo de Biden con una solicitud de ampliación de la fecha de retirada fue negado rotundamente por los fundamentalistas. A pesar de su inferior capacidad militar, los talibanes llevan la voz cantante. Humillar a Estados Unidos ante el mundo, especialmente ante los regímenes y movimientos islámicos y socialistas de todo el planeta, forma parte de su estrategia yihadista.

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Si la historia nos enseña algo, es que el precio de la debilidad y la traición es mucho mayor que el coste soportado por permanecer libre. La capitulación total de la administración Biden-Harris ante el fundamentalismo islámico y el abandono del pueblo de Afganistán tendrá consecuencias mucho más allá. (EFE)

Nada reclutará más soldados para luchar contra los “infieles” que la violación de la dignidad americana. Nada envalentonará más a China Roja contra Taiwán, a Cuba comunista, a Venezuela y a Nicaragua contra su pueblo, y a Corea del Norte contra el Sur, que la fragilidad de la resolución americana que está mostrando su liderazgo. 

El horrífico ataque terrorista en el aeropuerto de Kabul y sus alrededores el 26 de agosto dejó al descubierto el poco respeto y temor que los talibanes tienen por Estados Unidos. Si bien el ISIS ha reivindicado este acto bellaco, esto no podría haber ocurrido sin la complicidad abierta o tácita del régimen talibán. Esta monolítica máquina de matar de origen pastún y fabricación paquistaní (talibanes), controla todos los puestos de entrada y salida del aeropuerto. Es imposible que el ISIS haya actuado solo. 

La noción que están propagando muchos apologistas de Biden-Harris es que el ISIS y los talibanes son rivales. Esta creencia ignora el panorama general de lo que constituye una “yihad”. La yihad es una palabra árabe que significa lucha y, en la práctica, significa lucha o guerra contra todos los enemigos del Islam (“infieles”).

Por lo tanto, lo que une al ISIS, a los talibanes, a Al Qaeda, e incluso a Irán, es que luchan contra el mundo no islámico. Los tres primeros son musulmanes suníes que pretenden imponer la Sharía de forma universal, en un Estado islámico regido por la Sharía. Incluso, el régimen fundamentalista chiíta de los ayatolás está obligado por su causa mayor de destruir las sociedades libres judeo cristianas del mundo. 

Aunque, sin duda, hará falta otra administración, una que sea coherente con la mentalización del excepcionalismo americano para remediar la grave calamidad que el Gobierno de Biden-Harris y el Partido Demócrata de Obama están haciendo a Estados Unidos.

La base islamista en la que se convertirá Afganistán, puede no haber visto lo último de los soldados americanos. Una política de acción que revierta las pérdidas que emanará de esta rendición al malvado radicalismo se hará presente, inevitablemente. Mientras tanto, prepárense para los próximos actos terroristas islamistas a gran escala y el envalentonamiento del socialismo.      

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