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El socialismo cierra la pinza en México

El socialismo cierra la pinza en México

El partido de López Obrador posiciona un menú de moderados que podrían aprovechar la anemia de liderazgos en la oposición mexicana

El socialismo cierra la pinza para someter a México sin necesidad de arriesgarse a una derrota electoral, porque las circunstancias políticas dan para que en las elecciones presidenciales del 2024 el “modelo de nación” de López Obrador tenga representantes tanto en las filas del oficialismo, motivado por la radicalización del discurso; como en las de la oposición, debilitada por la anemia de liderazgos, el cáncer de la corrupción y la incapacidad de construir una narrativa propia que tenga alcance más allá del círculo rojo.

¿Cómo? Consolidando a alguna de las principales figuras del obradorismo, como candidato de la oposición. Sí, suena extraño y surrealista, pero estamos hablando de México, donde han pasado cosas incluso más extrañas, y las señales están ahí.

El socialismo cierra la pinza

Tras las elecciones intermedias el presidente López Obrador ha virado en forma más abierta hacia la izquierda, trayendo a México a los dictadores de Venezuela y Cuba y afianzando su respaldo público al perfil (y, en consecuencia tácita, a las aspiraciones presidenciales) de Claudia Sheinbaum, actual jefa de gobierno de la Ciudad de México y posicionada en la izquierda radical.

Al optar por una izquierda más burda, AMLO logra dos efectos: el primero es tener una carta más agresiva en sus negociaciones con los empresarios y con la oposición, al son de “o me apoyan, o dejo el país en manos de gente peor que yo”; el segundo es darles espacio a otros de sus aliados para que, sin salirse abiertamente de “la Cuarta Transformación” comiencen a capturar el centro y tender puentes con la oposición.

Ahora, en un escenario normal, donde la alianza opositora tuviera perfiles creíbles y empáticos, la opción de reciclar a un “moderado” del obradorismo sería impensable. Pero este no es el caso. Ya estamos terminando el 2021, a menos de 2 años del inicio del próximo proceso electoral presidencial (que concluirá en 2024) y la oposición mexicana no tiene ningún posible candidato con opciones reales de triunfo.

Y entonces, ahí se abre la oportunidad para 2 personajes: Marcelo Ebrard, actual secretario de Relaciones Exteriores; y Ricardo Monreal, actual coordinador de la bancada de Morena en el Senado.

El socialismo cierra la pinza en México. Ricardo Monreal advierte que será candidato en 2024, y no necesariamente de Morena. Imagen: EFE/Mario Guzmán
El socialismo cierra la pinza en México. Ricardo Monreal advierte que será candidato en 2024, y no necesariamente de Morena. Imagen: EFE/Mario Guzmán

Monreal, el negociador

Ricardo Monreal nunca ha sido un subordinado de López Obrador, es un aliado necesario pero incómodo para el presidente de la república, y el propio Monreal se ha encargado de recordarlo a todos, con entrevistas replicadas por todo lo alto en la prensa nacional. En ellas, el senador ratifica su lealtad al obradorismo, pero se posiciona en un tono de centro y, con todo el veneno político, advierte : “Voy a estar en la boleta, espero estar con Morena y con el presidente López Obrador”

Al buen entendedor, Monreal deja en claro que, si López Obrador no le entrega la candidatura, él no está cruzado de brazos y se lanzará por otro partido. Y no es una amenaza vacía, a Ricardo Monreal, tanto propios como extraños le reconocen una gran capacidad de negociación. Lleva décadas dedicándose a construir puentes y favores con todo el mundillo político, por lo que no sorprende que en el radiopasillo opositor empecemos a escuchar voces en el sentido de que “entre Sheinbaum y Monreal, es preferible apoyar al segundo”.

Ebrard, la izquierda woke y bien portada

Marcelo Ebrard fue sucesor de López Obrador en la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y es uno de sus colaboradores más cercanos desde hace años. Sin embargo, AMLO solo puede entregar una candidatura oficialista a la presidencia de la república y, al menos hasta ahora, las señales que envía apuntan a que la candidata será Claudia Sheinbaum, dejando en una incómoda posición a Marcelo, quien ya reconoció públicamente sus aspiraciones presidenciales.

Fiel al guión del teatro político mexicano, Ebrard matizó que “faltan dos años y medio, dediquémonos a trabajar, seamos eficientes, respetemos a los demás, actuemos en función de eso, no perdamos la concentración en lo que estamos haciendo, seamos consistentes, perseverantes y leales”, pero eso no significa que se quede de brazos cruzados.

La tierra se mueve, y la semana pasada en la prensa mexicana trascendió que Manlio Fabio Beltrones, uno de los referentes políticos del priísmo, estaría operando a favor de una eventual candidatura presidencial de Marcelo Ebrard al frente de una alianza opositora que ya estaría negociándose en los altos niveles del PRI.

Más allá de que eventualmente se confirme o no dicha versión, el hecho es que en el radiopasillo opositor sí se empieza a percibir como una opción posible la de una eventual candidatura del actual canciller.

Después de todo, Ebrard es un woke mucho más “ortodoxo” que Obrador y tiene una clara cercanía con el círculo de intelectuales, think-tanks y activistas de la izquierda progresistas que se han posicionado como opositores en repudio a las políticas del presidente en contra de los subsidios, fideicomisos, ONGs y demás estructura que la izquierda caviar consolidó durante el periodo de transición a la democracia.

¿Y los candidatos realmente opositores?

Como explicaba al inicio, simplemente no son competitivos a nivel nacional. Ricardo Anaya perdió 3 a 1 con AMLO en 2018 y parece no haber aprendido de su derrota, pues sigue repitiendo el mismo mensaje de la elección anterior, así que no pinta para superar su 20 % del 2018; peor aún, está fuera del país, huyendo de las autoridades por una acusación penal por soborno que jurídicamente es frágil, pero políticamente es letal.

¿Y los demás? Ernesto Alfaro, gobernador de Jalisco, es desconocido fuera de su estado, igual que el panista Mauricio Vila. Enrique de la Madrid es un tecnócrata desabrido y ninguno de los legisladores de oposición ha dado el salto de popularidad necesario; la que más se acerca es la senadora Lilly Téllez, pero la cobardía que exhibió al deslindarse de la Carta de Madrid (que había firmado con sonrisa en los labios apenas unas horas antes) le mostró a todos, incluyendo quienes la felicitaron por “corregir”, que ella no es de fiar.

Los dirigentes partidistas están incluso peor. Alito Moreno (PRI) y Marko Cortés (PAN) son meros administradores, hábiles para controlar la voluntad de sus propios partidos a través de la nómina, pero incapaces de tener siquiera un atisbo de liderazgo entre aquellos ciudadanos que no les deben a dichos personajes el depósito de su salario.

Por ello, según se ve, en la tierra de ciegos de la oposición mexicana, Ebrard y Monreal ya le echaron al menos un ojo a la opción de convertirse en los salvadores de la última hora, que negocien con empresarios, panistas y priístas una especie de vía intermedia, que aplace el triunfo definitivo de la izquierda radical a cambio de consolidar al obradorismo como régimen de largo plazo, sellando el fracaso de la transición democrática y el regreso al autoritarismo socialista, demagógico y centralista. Es decir, un PRI 2.0.

Y lo peor del caso es que la oposición lo agradecería, pues de otro modo podría ser “peor”.

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