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¿Elon Musk podría resolver el hambre? no. Imagen: EFE/EPA/ALEXANDER BECHER

¿Elon Musk podría resolver la hambruna regalando dinero?

No, el hambre no es resultado de la mera escasez, sino de políticos que la provocan y aprovechan

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¿Elon Musk podría resolver la hambruna regalando el 2 por ciento de su fortuna? La pregunta saltó a las redes a partir de una nota de CNN que presentaba una declaración de David Beasley, director del World Food Programme de las Naciones Unidas en el sentido de que incluso una cantidad tan pequeña como el 2% de fortunas como las de Jeff Bezos o Elon Musk podría resolver el hambre del mundo.

De entrada, la declaración de Beasley suena a la típica demagogia buenoide que uno podría encontrar en cualquier discurso político de barrio o discusión de Facebook, similar a la famosa “con las riquezas del Vaticano se podría resolver dos veces la hambruna mundial”, que se afirma al aire y se aplaude con igual frivolidad. Sin embargo, acá la historia fue distinta, porque Elon Musk respondió al reto.

El fundador de Tesla recurrió a Twitter para señalar que, si el World Food Programme de las Naciones Unidas era capaz de responderle en ese mismo hilo cómo $6 mil millones de dólares (el 2% de la fortuna de Musk) resolverían el hambre mundial, él vendería acciones de Tesla inmediatamente para cubrir dicha cantidad y llevarlo a cabo.

Beasley, el burócrata de la Organización de las Naciones Unidas, respondió matizando sus declaraciones iniciales, diciendo que esos $6 mil millones no resolverían el hambre mundial, pero sí salvarían a 42 millones de personas al borde de la hambruna y podrían “construir esperanza, construir estabilidad y cambiar el futuro”; la típica jerigonza demagógica que constituye la lengua vehicular​ de la ONU.

Y entonces, Elon Musk reviró con un knockout. Le pidió a Beasley que su oficina de la ONU publique el detalle de su gasto actual y su propuesta de gasto “para que las personas puedan ver exactamente a dónde va el dinero. La luz del sol es algo maravilloso”. Acto seguido, tuiteó un artículo acerca del escándalo de los niños de hasta 9 años que morían de hambre y fueron obligados por oficiales de la ONU a darles sexo oral a cambio de comida. Beasley se quedó callado.

¿Elon Musk podría resolver el hambre dando dinero? No

Y no puede hacerlo, por la sencilla razón de que el hambre en el mundo no es un problema económico, sino un problema político y social. No basta con aventar carretadas de billetes; por el contrario, el enfoque de ahogar esos problemas en inversiones a través de organismos como el World Food Programme resulta crónicamente ineficiente.

Vamos por partes.

Por el inicio de cuentas, es cierto que durante la mayor parte de la historia humana, las hambrunas eran un fenómeno fundamentalmente económico: la escasez de animales para la caza o una mala cosecha se traducía en la escasez absoluta de comida e incluso civilizaciones enteras morían de hambre. Así era antes, pero ya no.

La tecnología y el desarrollo económico moderno nos permiten producir comida en abundancia, dedicando apenas un pequeño porcentaje de la población a la industria agroalimentaria. Tenemos la capacidad de producir más comida que nunca, para más personas que nunca antes. Producimos tanta comida que la obesidad se ha convertido en una auténtica epidemia no sólo en el primer mundo, sino incluso en los países en desarrollo.

Entonces, ¿por qué hay gente que sigue muriendo de hambre?

La respuesta es sencilla: no es por falta de recursos, no es por falta de comida. No es por temas económicos, es por temas políticos. Las regiones del mundo que enfrentan hambrunas generalizadas son aquellas donde una guerra civil o un gobierno socialista alteran deliberadamente los flujos de capital y de producción, utilizando el hambre resultante como herramienta de control.

Sí, otra vez, para que quede claro: el hambre en África o en ciertas zonas de Asia no es consecuencia de que se coma mucho o se acumule riqueza en Occidente. Esa típica frase de las mamás “cómete toda la sopa coma, porque en África hay niños con hambre” es tan absurda como las afirmaciones de la izquierda respecto de que los supermercados llenos en América son responsables de las alacenas vacías en la República Centroafricana o en Etiopía.

Por lo tanto, el mero hecho aventar dinero, así fueran fortunas enteras, no resolverá el hambre. Ya que esa hambruna es por inicio de cuentas resultado de una estrategia política, “resolverla” financiando a los gobiernos significa financiar directamente a algunos de los regímenes más crueles y corruptos sobre la faz de la tierra. Una y otra vez, los programas para perdonar deuda o financiar países en crisis alimentaria acaban pagando por los departamentos del tirano de turno en Campos Elíseos, en lugar de darle comida al niño del folleto.

La solución tampoco es simplemente darle dinero a la ONU o a alguna otra ONG y desentendernos del tema, por 2 factores:

El primero es que incluso en situaciones tan críticas como la de Haití, la “ayuda” indiscriminada y caprichosa resultó en graves daños a largo plazo. Los regalos de Occidente dejaron fuera de competencia a muchos empresarios haitianos, debilitando aún más la frágil estructura económica del país. El daño fue tal que incluso Bill Clinton, uno de los principales impulsores de la estrategia de resolver los problemas de Haití aventándoles dinero y regalándoles comida, eventualmente reconoció que la estrategia había sido contraproducente.

El segundo es la corrupción, como en forma genial lo expresó Elon Musk en el citado hilo de Twitter. Uno de los más graves problemas de las organizaciones que supuestamente combaten la pobreza es su falta crónica de transparencia. Ciertamente la luz del día es algo maravilloso, pero a la hora de iluminar sus gastos, la ONU y muchas oenegés huyen de esa luz como si fueran Drácula. Sus presupuestos, prioridades y estrategias están completamente a espaldas de la sociedad en general, e incluso de los propios donantes.

El resultado es corrupción. Lo mismo en un seminario católico, que en un plató de Hollywood y, por supuesto, en una zona de crisis, el estofado de falta de transparencia, alta concentración del poder y el elevado nivel de discrecionalidad resulta en abusos, algunos tan graves como el de los oficiales de Naciones Unidas que violaban a niños de 9 años a cambio de comida.

¿Elon Musk podría resolver el hambre y la pobreza? No. Es tema político, no basta con dinero. Imagen: Unsplash
¿Elon Musk podría resolver el hambre y la pobreza? No. Es tema político, no basta con dinero. Imagen: Unsplash

¿La solución es quitar al político malvado?

Ya que el hambre es un problema esencialmente político, a primera vista parecería que la solución consiste en sacar de la jugada a los tiranos malvados, para que los niños inocentes puedan comer en paz.

Suena bonito, pero tampoco va por ahí. Simplemente reemplazar a un político corrupto no garantiza una solución de largo plazo. Pensemos, para no ir más lejos, en el caso venezolano: Venezuela, uno de los países con mayor riqueza petrolera a nivel mundial, enfrenta niveles de pobreza similares a los de Haití, a causa de la profundamente inepta y corrupta dictadura chavista de Nicolás Maduro.

Sin embargo, incluso si hoy en la noche un grupo de justicieros arrestara a Maduro, los problemas de Venezuela no se resolverían en automático, ya que tanto el régimen como buena parte de la supuesta oposición son igualmente socialistas, similarmente corruptos y equivalentemente ineptos. Quitar a Maduro y reemplazarlo por otro socialista sería revolver la crisis en lugar de solucionarla.

¿Cómo resolver el problema del hambre?

A corto plazo, especialmente en crisis agudas, como las que ocurren debido a una guerra o un desastre natural, sí es necesario enviar directamente comida y ayuda, pero es igualmente indispensable que esa ayuda se opere en forma transparente. Las organizaciones no gubernamentales deben aprender a operar bajo estándares de transparencia que sean, al menos, similares a los que se exigen a los gobiernos. Incluso podrían poner el ejemplo, adoptando tecnologías como la cadena de bloques, para dar seguimiento al uso de las donaciones que reciben.

A largo plazo, la mejor ruta es el comercio. Si las buenas conciencias en serio quieren ayudar a los pobres, primero deben enfocarse en reducir los aranceles y restricciones que Occidente impone a los productos provenientes de dichas naciones. Después de todo, la solución no consiste en mantener a los pobres bajo el capricho de nuestra limosna, sino en integrarlos a la cadena de comercio que a nosotros mismos nos permitió dejar atrás el fantasma de las hambrunas.

¿Y qué hacer con los políticos corruptos? Por inicio de cuentas hay que dificultarles el lavado de dinero e impedir, en la medida de lo posible, que el boliburgués chavista o el dictador africano gasten impunemente en París el dinero y la libertad que le robaron a sus compatriotas. Y cuando sea necesario retirar directamente del poder a quienes, como Nicolás Maduro, convirtieron el gobierno en una plena mafia. Se necesitará una estrategia que vaya más allá del simple cambio de gobernante.

No basta con reemplazar el cuadro en las oficinas del Gobierno, se necesita un cambio de régimen, y de consenso social. De otro modo, ni el 2% ni el 200% de la fortuna de Elon Musk serán suficientes, jamás.

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