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Le Figaro, Time

Ensayista francés fulmina a la revista Time en el prestigioso Le Figaro

Paul Melun atizó a la revista por su tendencia globalista y políticamente correcta

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La revista Time, una vez más, dio mucho de qué hablar por su elección para “la persona del año”. Que, por cierto, en realidad fueron dos: Joe Biden y Kamala Harris.

Esto no pasó desapercibido para nadie, seguidores y detractores —sobre todo— criticaron o ensalzaron la decisión de la afamada revista.

Pero hubo una crítica especial aparte de la elección Biden-Harris, esa fue la del ensayista francés Paul Melun en el prestigioso medio Le Figaro de Francia, quien atizó a la línea editorial del Time por su marcada tendencia progresista políticamente correcta.

Luego de que la dupla Biden-Harris aparecieran como las personas del año, otra figura, esta vez francesa, apareció en el semanario americano. Se trata de Assa Traore, una activista francesa «antirracista» que acogió fama a partir del pedido de justicia por la muerte de su hermano, Adama Traoré, quien murió bajo custodia policial y las circunstancias siguen estando en disputa.

Adama Traoré ha sido a Francia lo que George Floyd a EE. UU., y Assa Traore, su hermana, ha promovido la narrativa de que el sistema francés está inmerso en un racismo sistémico. Y esto último, justamente, es lo que Paul Melun critica a la revista Time.

Paul Melun, Time, Le Figaro
Paul Melun es un consultor de estrategia y ensayista. Acaba de publicar, con Jérémie Cornet, “Les enfants de la déconstruction”. (Twitter).

«Assa Traoré está siendo utilizada por el Time y los medios de comunicación estadounidenses como un caballo de Troya ideológico para socavar el universalismo francés y dar crédito a la idea del racismo de Estado en Francia», se lee.

«Mientras que Joe Biden y Kamala Harris son nombrados personalidades del año en la portada de Time Magazine esta semana, otra figura, esta vez francesa, aparece en el famoso semanario americano. No es Samuel Paty o los dos soldados franceses muertos en Malí en septiembre pasado, sino Assa Traoré, la hermana de Adama Traoré, que ha sido nombrada “Guardián del Año”. La revista pinta un retrato laudatorio en el que la musa del antirracismo defiende su causa y denuncia la violencia policial y el racismo en Francia», comienza Melun, en un texto que no tiene desperdicio por el choque de peso entre líneas editoriales.

La explicación de Melun es sencilla, pero no por eso vulgar, de hecho todo lo contrario, apunta con mucha lucidez contra toda la hipocresía mediática y política que yace en América y se exporta hacia el resto del planeta.

Crítica en Le Figaro contra la revista Time.

«Si los medios de comunicación estadounidenses se hacen eco y heroísmo de Assa Traoré a los ojos del mundo, no es por casualidad. El poder americano, guiado por su élite globalizada y progresista, quiere debilitar a Francia. Estigmatizar la antigua patria tricolor es sólo un paso en un proyecto global que va mucho más allá de la presunta “islamofobia” francesa o su racismo de Estado», dice el intelectual destacando que la elección de Traoré como mártir del racismo y heroína de una nación xenófoba, «es el resultado de una estrategia diseñada para servir a los intereses norteamericanos». El de las elites, con exactitud.

Time atizada, pero también las élites americanas

Los dirigentes que imponen políticas de género en nombre de la justicia social —como si eso sirviera—, la maquinaria hollywoodense que necesita alimentar su ego mostrando su fervor hacia la causa «antirracista», las élites globalistas que abrazan y promueven la lucha progresista como publicidad mientras destruyen el mundo por detrás. Ninguno se le escapa a Melun, tampoco los medios liberales americanos.

Al otro lado del Atlántico, menciona Melun, «siempre son tres intereses convergentes los que guían a las élites progresistas, y que están detrás de la elección del Time esta semana».

El primero para el ensayista es el del mundo económico, cuyos líderes tienen interés en alinearse detrás de los símbolos del antirracismo. «Las élites capitalistas han adoptado la causa de las “minorías raciales” en Occidente como una táctica de distracción», subraya.

«Los segundos son los líderes políticos, principalmente demócratas», dice Melun, argumentando que estos esperan que las masas olviden su inequívoca incapacidad para ayudar «a las clases trabajadoras o para respondes a grandes desafíos del siglo XXI».

Y por últimos, los terceros, son esas estrellas del mundo artístico y del espectáculo, que buscan en el «antirracismo» simpatizar con un público woke y pop culture que cada vez conquista más espacios en el mundo. Con ello también buscan respeto y elogios, pues su ego —e imagen— la necesitan.

En este último ítem, me gustaría señalar, Melun pudo darle cierta mención a que esa woke culture del espectáculo también se está insertando en el mundo deportivo. Las estrellas del deporte compran el discurso de «justicia antirracista» haciéndole promoción a movimientos políticos como Black Lives Matter. Pero esto se irá desarrollando y profundizando, estoy seguro, con el paso del tiempo.

«La sagrada unión de estas tres burguesías al servicio de sus intereses se expresa a través de los canales más poderosos del planeta. Los medios de comunicación norteamericanos, tras deshacerse de Donald Trump, son ahora libres de servir a la ideología antirracista en todo el mundo. A instancias de estas tres élites, los medios de comunicación americanos están inundando el Oeste con un nuevo pensamiento único. Los que se resisten son castigados, los que colaboran están en la portada del Time», asegura el estratega.

La crítica ni siquiera fue dirigida a Assa Traoré, quien, según el autor, es una especie de chivo expiatorio, «un pretexto, un instrumento al servicio de la hegemonía de la ideología progresista».

«Las élites globalizadas consideran que los seres humanos son intercambiables y quieren que las personas y las naciones se estandaricen. En este paradigma mortal, Assa Traore es utilizada por los medios de comunicación estadounidenses como un caballo de Troya entre otros, construido para sembrar el desorden en el suelo nacional».

Fragmento del artículo de Melun donde apunta contra la revisa Time.

Las conclusiones de Melun señalan un paradigma que empieza a notarse en todo el planeta. El desprecio hacia el sentido patriótico, el rechazo a las raíces, a los símbolos, a todo lo especial que hace a los países únicos. Por supuesto, el autor lo enfoca hacia su amada Francia, cada vez más asediada por enemigos exteriores e infiltrada por enemigos internos.

«Este desastroso diseño es el resultado de un violento rechazo de lo que Francia encarna en sus raíces y lo que la hace una nación única en el mundo. Los que desean perjudicarla, tanto en el país como en el extranjero, están indispuestos por su arte de vivir, su gusto por la sátira, su tradición galante o su laicidad. En los próximos años, cada pretexto, cada estratagema imaginable se utilizará para destruir la cultura universalista francesa», culmina Paul Melun en su fulminación a la revista Time en el prestigioso medio francés Le Figaro.

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