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Cómo entender el laberinto político de Israel

Israel, El American

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Sin el menor entusiasmo, el pueblo israelí se acerca a la quinta elección nacional en cuatro añosNaftalí Bennett inició su mandato con 61 diputados —sobre 120— pero con partidos muy heterogéneos. El alejamiento de varios legisladores le hizo perder la mayoría. Leyes fundamentales no lograron ser aprobadas por la Knesset. No por diferencias ideológicas, sino por la negativa del Likud a votar junto al oficialismo. Nunca en la historia estatal los choques personales influyeron tanto.  

Un año después de formado, el gobierno entendió que era imposible continuar. Bennett y Yair Lapid, canciller y arquitecto de la alianza, anunciaron la disolución del Parlamento y nuevas elecciones. Bibi Netanyahu fue el gran triunfador de esta “crónica de una muerte anunciada”, pero nadie sabe quién liderará el próximo Ejecutivo.  

Para comprender el mapa político israelí hay que asumir que la antigua dicotomía izquierda-derecha no significa, particularmente aquí, diferencias de fondo en temas sociales. Más bien representa la mayor o menor disposición de ceder territorios disputados en las bíblicas Judea y Samaria (Cisjordania). 

Prácticamente, todos los partidos apoyan anexar el estratégico valle del río Jordán —límite con Jordania— y mantener la ciudad vieja de Jerusalén, donde se encuentran el Muro occidental, la Iglesia del Santo Sepulcro y la mezquita de Al-Aksa. También desean conservar la mayoría de la Zona C Cisjordana, donde viven 500,000 israelíes y 70,000 mil musulmanes. Las zonas A y B concentran la mayoría de la población palestina. Viven bajo un régimen autónomo con capital en Ramallah, enfrentado a Hamás que controla Gaza.

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El sionismo, ideología nacional 

La base ideológica de Israel es el sionismo (Zionist Organization), un movimiento nacional de liberación que condujo a la creación del Estado. Su idea fundamental es el derecho del pueblo judío a una patria en la Tierra Prometida. Aunque sus orígenes son bíblicos, el movimiento político fue creado por el periodista Theodor Herzl a fines del siglo XIX, impresionado por el “caso Dreyfus” y las persecuciones antisemitas en Europa. No puede ser definido como de izquierda o derecha, ni laico o religioso, pues alberga diferentes corrientes, atravesando horizontalmente el espectro político del país. 

Todos los partidos políticos judeo-israelíes son sionistas. Existen diferencias en los grupos religiosos ultraortodoxos, pero solo los partidos étnicos árabes no lo son. 

En consecuencia, el antisionismo no se opone a un gobierno concreto, sino que niega la legitimidad de Israel y su derecho a existir. Por ello, la actual definición de judeofobia elaborada por la IHRA, integrada por unos 40 países, sostiene: “El antisemitismo es una percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los mismos. Las manifestaciones físicas y retóricas de antisemitismo se dirigen a las personas o bienes, instituciones comunitarias y lugares de culto (…)”. 

Expresiones contemporáneas pueden consistir en apoyar agresiones, realizar acusaciones generales estereotipadas, achacarles el mito de la conspiración mundial, minimizar la realidad histórica del Holocausto, negar derechos de ciudadanía en sus estados, aplicar un doble rasero con Israel exigiéndole un comportamiento no esperado de ningún otro país, o negar el derecho a la autodeterminación y la propia existencia israelí. Sin embargo, las críticas similares a las dirigidas contra cualquier otro Estado no deben considerarse “antisemitismo”.  

En resumen, expresar desacuerdo con acciones israelíes es legítimo. Ahora, si la prédica pide destruir al Estado hebreo —como los ayatolás iraníes— esto constituye antisemitismo.  

Sistema político y partidos

Israel es una democracia parlamentaria, con un presidente electo por la Knesset —Isaac Hertzog— que cumple una función básicamente protocolar. La jefatura del gobierno recae en el premier junto a su gabinete.  

El Poder Legislativo se compone de una sola Cámara, con 120 legisladores, elegidos por cuatro años mediante el sistema de representación proporcional, aunque todo partido debe superar el 3.25 % de los votos para ingresar.  

El abanico político actual lo integran 12 grupos:  

Likud, nacionalista conservador. Sus raíces provienen del movimiento juvenil Betar, fundado por Ze’ev Jabotinsky. Su primer gobernante fue Menajem Begin, quien firmó la histórica paz con Egipto (1979). El partido acepta un estado palestino manteniendo las zonas estratégicas del área C. Apoyó el mapa propuesto por Donald Trump en el “Acuerdo del Siglo”, rechazado por la “Autonomía Palestina” (AP) de Ramallah.  

 Kajol Lavan, partido centrista liderado por Benny Gantz, actual ministro de Defensa.  

Tikva Jadashá, nuevo partido creado por Gideon Sa’ar, separado del Likud, con similar ideología pero enfrentado personalmente a Netaniahu. 

Yesh Atid, dirigido por el actual canciller Yair Lapid. Es un partido laico y centrista, contrario a los privilegios de los grupos religiosos. No está dispuesto a aliarse con Bibi, aunque sí con otro líder del Likud.  

Yemina, nacionalista y religioso moderado. Defiende, debido a décadas de fracasos en lograr la paz con la AP, anexar unilateralmente por motivos históricos y de seguridad el área C. Su líder es Bennett.  

Israel Beytenu, es un partido nacionalista laico. Su líder, Avigdor Liberman, se opone a la influencia religiosa y propone intercambiar territorios y población con los palestinos.   

Avodá, el viejo laborismo israelí, fundamental en la creación del Estado, con líderes como Ben-Gurión, Moshé Dayán, Golda Meir, Isaac Rabin y Shimón Peres. Hoy su fuerza es muy limitada. 

Meretz, de izquierda laica, acepta retornar a las fronteras previas a 1967, con mínimos ajustes, si los palestinos firman un acuerdo de paz.  

Shas, religioso ultraortodoxo sefardí (descendientes de judíos orientales y de naciones árabes). Defiende el mundo de las yeshivot (centros de estudio religioso), y cree en la protección divina.  

Yahadut Hatora, (Judaísmo Bíblico), religioso ultraortodoxo ashkenasí (descendientes de judíos occidentales). Al igual que Shas, se presenta como defensor de los mandamientos bíblicos. A los votantes de ambos partidos se los conoce como “haredim”. Cargan con cierta antipatía popular por negarse a servir en el ejército.  

Ra’am, grupo islámico que ha variado su posición y busca integrarse al sistema político. Pide mayor apoyo para el progreso de la sociedad árabe e integró la coalición de Bennett. Asumieron públicamente su identidad como ciudadanos israelíes y tomaron distancia de los palestinos.

Lista Conjunta, partido musulmán que apoya el panarabismo y posee una identificación dudosa con el Estado.  

Las próximas elecciones están divididas, más allá de temas ideológicos, entre quienes apoyan a Bibi como primer ministro y quienes buscan su retiro de la política. Nadie sabe hacia qué lado se inclinará la balanza.  

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