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salario mínimo

Estadísticas de la Reserva Federal desmienten afirmaciones populistas sobre los salarios

Las medidas gubernamentales no son las que hacen subir los salarios

Por Jack Elbaum

La semana pasada, el diputado Ro Khanna tuiteó sobre la disparidad en el crecimiento de los salarios de los directores ejecutivos y de los trabajadores desde 2009.

“De 2009 a 2019: la compensación de los directores ejecutivos aumentó un 105 %. El salario mínimo aumentó un 0 %. Los CEOs trabajan duro, sin duda, pero los trabajadores también merecen ser compensados por su productividad. Tenemos que aumentar el salario”, escribió.

Hay una creencia generalizada en las afirmaciones que el diputado Khanna hace en este tuit. Según una encuesta realizada en 2016 por la Universidad de Stanford, cerca de tres cuartas partes de los americanos creen que “los directores generales no reciben una remuneración apropiada en relación con el trabajador promedio.” Y, según *Pew Research, dos tercios de los americanos apoyan un salario mínimo de $15 dólares. Por lo tanto, sus afirmaciones merecen una mirada más atenta.

En primer lugar, el diputado Khanna sostiene que los salarios del americano promedio se han estancado con el paso del tiempo, una afirmación que se ha convertido en omnipresente en la conversación política actual, y que tanto la izquierda como la derecha populista utilizan como piedra angular en sus mensajes.

La afirmación no es realmente exacta.

La primera trampa en la que cae el diputado Khanna es confundir la falta de un aumento del salario mínimo impuesto por el gobierno con la falta de aumentos salariales reales. En realidad, los salarios pueden aumentar —y lo han hecho— incluso si el salario mínimo impuesto por el gobierno no lo hace.

Según los datos económicos de la Reserva Federal (FRED), los ingresos promedios por hora han aumentado de $21.97 dólares en enero de 2009 a $30.40 dólares en junio de 2021. Esto representa un aumento del 38 %.

Y los ingresos han aumentado incluso más que eso debido a que las compensaciones no salariales han ido ocupando una mayor parte de la compensación total a lo largo del tiempo. El New York Times informó que la compensación no salarial representó el 32 % de los ingresos totales en 2018, frente al 27 % en 2000. La compensación no salarial incluye “bonificaciones, permisos pagados y contribuciones de la empresa a los planes de seguro y jubilación”.

A pesar de que el Gobierno federal no ha aumentado su salario mínimo en la última década aproximadamente, los salarios siguieron aumentando debido a la interacción entre la inversión y la competencia.

Cuando una empresa obtiene beneficios, es decir, cuando sus ingresos totales superan sus costos totales, dispone de un capital superior al necesario para cubrir sus costos totales actuales. En consecuencia, suele invertir un porcentaje de ese capital adicional en su negocio para mejorar la capacidad productiva y crear la posibilidad de obtener aún más beneficios en el futuro. Esta inversión puede adoptar muchas formas, como la formación de los trabajadores existentes en habilidades más avanzadas o la integración de nuevas tecnologías y herramientas en la empresa.

Al invertir en nuevas tecnologías o habilidades, las empresas pueden aumentar la productividad de cada trabajador. Esto significa que cada trabajador tiene la capacidad de generar más ingresos adicionales para la empresa de lo que podía antes, creando una presión al alza sobre los salarios.

A modo de demostración, tomemos el siguiente escenario: La empresa ‘A’ pagaba a un empleado, que generaba $16 dólares por hora de ingresos adicionales, $14 dólares por hora, con lo que obtenía 2 dólares de beneficio. Luego de que la empresa invirtiera en nueva tecnología y formación, ese empleado empezó a generar $19 dólares por hora de ingresos adicionales para la empresa, aumentando el beneficio de la empresa a $5 dólares por hora.

Puede parecer que el trabajador se está aprovechando porque ahora está generando más ingresos para la empresa sin recibir el correspondiente aumento de sueldo. Pero la competencia de un sistema de libre mercado lo resuelve.

La empresa ‘A’ puede aumentar el salario de ese empleado. Pero, si no lo hace, la empresa ‘B’ tiene ahora la oportunidad de superar la oferta de la empresa A por la mano de obra del trabajador. Si ofrece un salario más alto —por ejemplo, $16 dólares por hora— para atraer al trabajador de la empresa ‘A’, seguirá obteniendo beneficios. Y la única manera de que la empresa ‘A’ retenga al trabajador sería ofrecerle incluso más que eso.

Recapitulando: la inversión de la empresa ‘A’ aumentó la productividad del trabajador, creando así una competencia entre múltiples empresas por su mano de obra y, al final, aumentando su salario.

En el pasado reciente, esa competencia por la mano de obra ha llevado a aumentos salariales para cientos de miles de trabajadores en lugares que van desde *Walmart hasta *Costco y *Amazon. Y, dado que las empresas intentan actualmente atraer al mayor número posible de trabajadores en medio de nuestra escasez de mano de obra, vemos que muchas empresas suben los salarios y ofrecen también otros beneficios.

“No hay otro método”, como resumió el gran economista Ludwig von Mises, “para que suban  los salarios hay que invertir más capital por trabajador”. Más inversión de capital significa: dar al trabajador herramientas más eficientes. Con la ayuda de mejores herramientas y máquinas, la cantidad de los productos aumenta y su calidad mejora. Como el empleador, en consecuencia, estará en condiciones de obtener de los consumidores más por lo que el empleado ha producido en una hora de trabajo, puede —y, por la competencia de otros empleadores, se ve obligado— a pagar un precio más alto por el trabajo del hombre”.

Al final del tuit del diputado Khanna, se le pide al Congreso que “suba el salario”. Pero elevar el salario mínimo a $15 dólares por hora perjudicaría en realidad a las mismas personas a las que el diputado Khanna pretende ayudar: los trabajadores poco cualificados en general y los adolescentes en particular.

El salario mínimo no es más que un piso para el precio de la mano de obra, lo que significa que los empleadores no pueden (por ley) pagar por debajo de ese piso. Si el salario mínimo se fijara en $15 dólares por hora, eso significaría que todas las personas que no puedan producir más de $15 dólares de ingresos adicionales por hora no serían contratadas y, por tanto, no ganarían nada de dinero. Al fin y al cabo, si una empresa pagara $15 dólares por hora a alguien que sólo tiene una productividad de $12 dólares por hora, la empresa estaría perdiendo dinero y, si se mantuviera así durante el tiempo suficiente, acabaría quebrando.

Por lo tanto, el salario mínimo perjudica especialmente a los jóvenes, a los inexpertos, a los discapacitados y a las personas con dificultades en la vida, porque suelen estar en la parte inferior de la escala de creación de valor. Y lo que es especialmente pernicioso del salario mínimo es que impide que esas personas puedan ascender en la escala de creación de valor/ingresos, porque elimina sus últimos peldaños.

El salario mínimo es una trampa para la pobreza. Y aumentar el salario mínimo a $15 dólares/hora (casi duplicándolo) sólo haría que esa trampa para la pobreza fuera aún mayor, empantanando económicamente a más trabajadores potenciales.

Y esto no sólo se ha razonado teóricamente, sino que se ha demostrado empíricamente. Un documento reciente en el que se analizaba la literatura económica sobre las subidas del salario mínimo llegaba a la conclusión de que “hay una clara preponderancia” de pruebas de que provocan resultados negativos, más claramente “para los adolescentes y los adultos jóvenes, así como para los menos educados”.

Por supuesto, todos compartimos el objetivo de aumentar los salarios y la prosperidad de todos los americanos, no sólo de los que están en la cima de la escala económica. Pero las personas bien intencionadas en el gobierno rara vez logran sus objetivos previstos cuando su objetivo principal es sólo “hacer algo” sobre un problema determinado (en este caso, el estancamiento percibido de los salarios). Los planes del gobierno a menudo sólo sirven para empeorar los problemas más de lo necesario, como es el caso de las leyes de salario mínimo.

El famoso economista de libre mercado, Thomas Sowell, escribió en su exitoso libro *Economía básica: Un manual de Economía Escrito desde el Sentido Común, “nada es más fácil que tener buenas intenciones pero, sin una comprensión de cómo funciona una economía, las buenas intenciones pueden llevar a consecuencias desastrosas para toda una nación”.

Esto es exactamente así.

Así, aunque los defensores, con buen corazón, de un aumento del salario mínimo creen realmente que sus medidas redundarán en beneficio del trabajador promedio, su incomprensión del funcionamiento de la economía conducirá inevitablemente, en palabras de Sowell, a “consecuencias desastrosas para toda una nación” en forma de desempleo.

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