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El contundente papel de Estados Unidos contra los regímenes comunistas en Asia

Los últimos años no han sido del todo agradables para el régimen chino, ya que el mandatario estadounidense se ha convertido en un obstáculo para sus fines totalitarios

La relación de Estados Unidos con algunos países en Asia es muy estrecha. La defensa de la libertad y la democracia han sido fundamentales en el papel que desarrolla a nivel político económico y militar en la región, sumado al interés geoestratégico de Washington frente a los regímenes comunistas de China y Corea del Norte, sobre todo en los últimos años bajo la administración del presidente Donald Trump.

Washington se había mantenido al margen del desarrollo democrático en sus países aliados. Japón y Corea del Sur resuelven sus asuntos con total independencia y gozan de democracias y sistemas judiciales transparentes. La constante amenaza de China y Corea del norte al reclamar territorios a Japón, Corea del Sur y Taiwán, han hecho que la administración Trump tome un papel activo en la defensa de sus aliados, aprovechando que la presencia de bases militares americanas en Asia es vista con mayor aceptación que otras regiones, como en Latinoamérica.

Desde el ascenso de Xi Jimping en China, las violaciones a los derechos humanos y el uso de avances tecnológicos para censurar la prensa, vigilar a los ciudadanos y reprimir a minorías religiosas ha venido en aumento, alertando a Occidente y haciendo que las voces de las víctimas tengan eco en el mundo libre.

Por ejemplo, el movimiento democrático de Hong Kong viene luchando contra la injerencia de Beijing desde 1997, y tomó fuerza en 2013 con el movimiento escolar que desencadenó las enormes protestas del siguiente año. Por su parte, los programas coercitivos de reeducación en el Tibet y los campos de concentración en Uyghuristan (conocido como Xinjiang), empezaron a tener mayor visibilidad el año pasado, de la mano de los protestantes de Hong Kong.

Desde finales 2019 la tenacidad de las víctimas y el liderazgo de los activistas prodemocracia en Asia comenzaron a figurar fuertemente en las agendas de ONG y gobiernos de Occidente. Por un lado, el Reino Unido, de manera tímida a inicios de año, comenzó a denunciar la represión sobre las protestas de Hong Kong alegando que se estaba violando el tratado firmado en 1997 con las autoridades de Londres. En Estados Unidos demócratas y republicanos, encabezados por Marco Rubio y Nancy Pelosi en el Congreso, comenzaron a darle voz a los activistas que han sacado a la luz lo que sucede en Asia.

El respaldo de Estados Unidos

En principio la guerra comercial de EE. UU. contra China ha detonado una guerra fría entre las dos naciones y ha tenido consecuencias que sobrepasan el espectro económico.

De la mano de sus aliados más fuertes, Estados Unidos ha respondido fuertemente a las agresiones y a la coerción diplomática de China denunciando la estrecha relación económica, política y militar de Beijing con dictaduras latinoamericanas como Cuba y Venezuela, en Medio Oriente con Irán y el apoyo constante a Corea del Norte, sumando a Rusia en la ecuación. Esto da como resultado una estrategia fuerte en defensa de los valores de la libertad y la democracia.

La administración Trump pasó del bloqueo comercial a una serie de restricciones políticas y sanciones por violaciones a derechos humanos, como la expulsión del personal diplomático chino del consulado de Houston o las restricciones a las nuevas tecnologías chinas.

Recientemente, el secretario de Estado Mike Pompeo denunció las constantes violaciones de Beijing a los derechos Humanos y fortaleció con sus aliados una defensa a la democracia que, por ejemplo, llevó al Reino Unido a cancelar sus proyectos con la gigante Huawei en la construcción de las tecnologías 5G. También ha logrado que se brinde una flexibilidad migratoria para los exiliados víctimas de China, principalmente de Hong Kong y Xinjiang.

El pasado 13 de octubre ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el mandatario estadounidense logró que 16 países que habían defendido en 2019 los campos de concentración de China en Xinjiang desistieran este año de respaldarlos.

Sanciones de Estados Unidos contra políticos del régimen chino

Dicho accionar ha impulsado a diversos grupos prodemocracia en Asia, que ahora ven en Estados Unidos en cabeza de Trump un aliado importante. Las protestas de Hong Kong tuvieron un eco mundial, que llevó a que la administración estadounidense sancionara a cabezas de alto nivel como la propia Carrie Lam, jefe del Ejecutivo. Sumado a ello, el creciente respaldo a Taiwán y a Vietnam ante la constante coerción de Beijing ha permitido que otros movimientos sientan un ambiente de confianza para dar voz a sus peticiones.

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Carrie Lam, sancionada por EE. UU. debido a las represiones contra manifestantes en Hong Kong. (YouTube)

En Tailandia tan solo hablar mal de la monarquía tiene consecuencias judiciales dignas de una dictadura. Sin embargo, el ambiente democrático en Asia ha permitido que los lideres estudiantiles y civiles salgan a las calles a pedir democracia y un gobierno con transparencia, en unas manifestaciones históricas y multitudinarias.

Sin embargo, el líder prodemocrático de Tailandia, Wanchalearm Satsaksit, fue secuestrado la semana pasada en Camboya. Si bien Estados Unidos se ha mantenido neutral en Tailandia, antes de las manifestaciones su cuerpo diplomático en Bangkok había expresado su defensa por la democracia y la negociación entre las partes.

China denuncia injerencia de Estados Unidos en la región, culpando a Washington de orquestar movimientos independentistas de Taiwán y Hong Kong, y rechazando las declaraciones de Pompeo en su intención de armar una alianza en pro de la democracia en Asia «Como socios en este Quad, ahora es más crítico que nunca que colaboremos para proteger a nuestra gente y socios de la explotación, corrupción y coerción del PCCh», dijo Pompeo refiriéndose al partido gobernante. «Lo vemos en los mares del sur y este de China, el Mekong, el Himalaya, el estrecho de Taiwán», añadió.

Estados Unidos un obstáculo para los regímenes comunistas

De lejos la administración Trump ha sido de las que más ha defendido a los movimientos democráticos y ha sancionado las constantes violaciones a los derechos humanos cometidos por el régimen chino en contra de grupos religiosos, prensa y sociedad civil en Asia. Dichas sanciones han fortalecido el compromiso de Estados Unidos en la defensa de principios básicos que han obstaculizado el accionar coercitivo de los regímenes comunistas.

Nadie esperaba que a principios de 2019 o 2020 se emitieran sanciones contra líderes como Carrie Lam en Hong Kong; que se cuestionara a gigantes como Huawei o Ant Group por sus presuntas violaciones en la recopilación de datos y a los derechos Humanos; que empresas como Lacoste hayan tenido que cancelar pedidos de algodón provenientes de Xinjiang por sospechas de trabajo forzado o que las víctimas del PCCh contaran con garantías migratorias en Estados Unidos y Europa.

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