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A la mexicana Ocasio reparte despensas

¿Fraude a la mexicana en Estados Unidos?

Trump tiene razón. El fraude electoral es un fenómeno que existe y que debería preocupar a todos. El silencio de la prensa de izquierda, de muchos funcionarios, de algunos jueces y del Partido Demócrata ante este problema envía una pésima señal de indolencia

Hace 100 años, el fraude a la mexicana se realizaba a balazos; más tarde, conforme se consolidó el régimen del partido de estado, las balas fueron reemplazadas por el “embarazo” de urnas, “el ratón loco”, “el carrusel” y otras folclóricas técnicas diseñadas por los “mapaches” para burlar la voluntad de los ciudadanos y convertir las elecciones en un mero performance teatral.

Entonces llegó la transición democrática, las urnas transparentes y los observadores electorales. La sociedad mexicana se volvió más exigente, así que el fraude tuvo que evolucionar a estrategias más “avanzadas”. Hoy en día, el fraude a la mexicana se lleva a cabo mucho antes de que abran las casillas el día de la elección. Se realiza con una mezcla de manipulación, presión social y dádivas repartidas estratégicamente por los candidatos y sus operadores para garantizar la lealtad de sus simpatizantes.

En México esta realidad está sumamente extendida y -en términos generales- ningún partido es inocente de estos pecadillos. La campaña no se trata de las propuestas, sino de los regalos. Casi todos reparten expensas, calentadores solares o tinacos, casi todos presionan por medio de sus operadores en las colonias y comunidades, enfocándose especialmente en los pobres y en las personas que están en condiciones vulnerables, para que apoyen a su candidato.

Esa pésima costumbre ha abaratado el debate político convirtiéndolo en una subasta de regalitos y ha llegado hasta el punto de que los partidos no solo entregan las despensas en directo, sino que también se comprometen con ellas a futuro, usando tarjetas similares a las de crédito las cuales van adornadas con la cara del candidato, los colores del partido y algún nombre llegador (La Benefactora, La Cumplidora).

A la mexicana, despensas a crédito

El mal hábito de las campañas convertidas en concursos de Santa Claus se ha encarnado en demasía, no sólo en los partidos y los candidatos, sino hasta los propios votantes, hasta el punto que cuando el equipo de campaña llega a una colonia o a una comunidad rural, lo primero que los habitantes les preguntarán es “¿y ustedes qué nos van a dar?”.

¿Por qué? Porque las personas se han acostumbrado a que su voto no sea un ejercicio de su dignidad y de su voluntad como ciudadanos, sino un mero recurso de intercambio para obtener despensas, gorras, playeras o materiales de construcción, hasta el punto de que las campañas políticas a la mexicana se parecen menos a un episodio de The West Wing y más a uno de Home Improvement.

Eso pasa en México. En Estados Unidos, ¿también?

Tal vez. Me sorprendió -para mal- ver las imágenes que retwitteó a través de su cuenta oficial la congresista demócrata por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez. Las fotografías, publicadas apenas el pasado 29 de octubre, tienen un sabor muy parecido al de una campaña mexicana: La candidata, detrás de una mesa adornada con un cartelón de su campaña, llamando al voto mientras entrega decenas o cientos de despensas a las personas de su distrito. Sí, Ocasio estaba en Queens, pero esta escena de su campaña bien pudiera haber ocurrido en la Iztapalapa, en Neza o en algún pueblo perdido en Michoacán.

Hay algo perturbador en observar la forma en que candidatos demócratas como Ocasio-Cortez impulsan una especie de multiculturalismo perverso, que, en lugar de replicar las virtudes de la cultura hispana, copia los peores elementos de la sucia política a la que estamos acostumbrados en México y en Latinoamérica.

El hecho de ver este tipo de escenas llevándose a cabo en los Estados Unidos, no sólo resulta patético, sino muy preocupante, en especial para los latinos, porque nosotros ya sabemos lo que es vivir en países donde los votos se ganan con despensas, ya sabemos las consecuencias de que gane el que repartió más regalitos, ya sabemos lo que le pasa a la política y a los países cuándo se desatan las dádivas.

De hecho, millones de latinos han escapado de México y del resto de Latinoamérica hacia los Estados Unidos, justamente para salvar a sus familias de la vida de pobreza, de humillación y de marginación que resulta de vivir bajo la bota tiránica de una clase política que es buena para repartir despensas al pueblo y privilegios a sus cómplices. Ver señales de esto en los Estados Unidos, no nos despierta nostalgia de los buenos tiempos. Por el contrario, nos recuerda que todo lo malo qué sucedió en América Latina se puede repetir -y peor- en la tierra de la libertad.

No son solo despensas, ¿es fraude a la mexicana?

También esta semana, el investigador James O’Keefe, fundador de Project Veritas, dio a conocer una serie de vídeos donde demuestra el fraude electoral cometido por una operadora de nombre Raquel Rodríguez, quien trabaja en Texas para “venderle” votos (a un precio de 5 a 8 dólares por voto) a candidatos locales (de ambos partidos) y para beneficiar al candidato presidencial demócrata Joe Biden. Raquel presume que ya ha logrado manipular el sentido de más de 7.000 votos tan solo en el área de San Antonio.

Las revelaciones de Project Veritas abren la puerta hacia una sistematización del fraude cuyas implicaciones son muy graves.

  • Primero: a partir de las conversaciones queda claro que Raquel no es, ni de lejos, la única persona que está involucrada en este tipo de fraudes. Por lo menos en ese condado hay otras personas que están haciendo lo mismo y a nivel nacional quizá existan miles de mapaches como ella, manipulando el sentido de cientos de miles o hasta de millones de votos, a la mexicana.
  • Segundo: en las elecciones presidenciales del 2016 hubo estados, como New Hampshire, donde la diferencia entre Clinton y Trump fue menor a los 3.000 votos. Incluso en estados “grandes”, como Michigan, la diferencia fue menor a los 11 mil votos. En elecciones tan cerradas como estas, UNA sola operadora (mapache, le diríamos en México) como Raquel Rodríguez puede cambiar el rumbo del estado y potencialmente de toda la elección.

Trump tiene razón. El fraude electoral es un fenómeno que existe y que debería preocupar a todos. El silencio de la prensa de izquierda, de muchos funcionarios, de algunos jueces y del Partido Demócrata ante este problema envía una pésima señal de indolencia ¿o de complicidad? ante una serie de prácticas que tan terribles resultados han sembrado en América Latina.

Y esas señales empeoran cuando vemos a estandartes demócratas, como Ocasio, presumiendo una entrega de despensas al más puro estilo de las campañas latinoamericanas ¿Fraude a la mexicana? Tal vez.

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