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Las exitosas etiquetas comerciales con las que venden el socialismo

Tras leer este artículo usted debe poder ver más allá del envoltorio bonito y adentrarse en los componentes de la tóxica receta socialista

Los fracasos del socialismo y el comunismo en las sociedades son de antología, no ha existido en la historia de humanidad un mayor fracaso social que los implantados a través de la ideología que augura el control de los medios de producción por parte del Estado, basado en una falsa reivindicación social; la razón es muy sencilla, la preparación, profesionalidad, evolución y desarrollo nunca se conseguirá con resentimiento, ni quitando a uno para poner a otros; un sistema social triunfa precisamente por poner a los más capacitados a ejercer los cargos más importantes, cuándo se rompe esta cadena para poner a los más “leales, fieles”, todo empieza a desmoronarse como una fila de dominós.

Cuando Marx popularizó el concepto de socialismo y comunismo, el primero era identificado como un paso previo al segundo, con el paso de los años y tras la catástrofe evidente de los sistemas que degeneraron en millones de pérdidas de vidas humanas por hambre y represión, sus líderes comenzaron a crear nuevas etiquetas más “soft”, menos contaminadas, y con un rostro nuevo para venderle a las masas; es aquí cuando la propaganda empieza a mezclarse con el marketing, el socialismo se convirtió en un producto empaquetado y sellado al vacío que podía ser comercializado en el mundo, consistente en una serie de discursos, dogmas y promesas para seducir a las masas e implantar gobiernos absolutistas; el problema es cuando la popularidad del producto cae en declive, entonces hay que brindarle una cara nueva que pueda ser comercializada sin que pueda ser acusado de las taras del pasado.

Un ejemplo de esta mezcla entre el marketing y la propaganda, puede ser el caso de la constructora brasileña Odebretch; la empresa, tras incurrir en los actos de corrupción más escandalosos de América Latina, sobre financiamiento ilegal de campañas electorales, cayó en un profundo foso institucional, con una credibilidad venida a menos, y los ojos del mundo sobre ella. Es por eso que, a partir de los primeros meses del 2019, iniciaron un proceso para dejar de conocerse como “Odebretch”, y simplemente ser “OEC”, dejando atrás el rojo característico, por un color verde, azul y gris; así el día de mañana cuando se vea una placa en cualquier ciudad de América Latina o Estados Unidos, diciendo que “OEC” es la empresa detrás del proyecto, no habrá forma de que los individuos la asemejen con la Odebretch que estuvo detrás del más grave escándalo de corrupción del continente.

Con el comunismo y el socialismo ocurrió exactamente lo mismo, estos dos términos empezaron a ser despreciados en el mundo, sobre todo el primero, y todo lo que involucrara al marxismo; entonces empezaron a buscarse etiquetas amigables que se acoplen a las tendencias populares de la época, y de allí nace el: neomarxismo cultural, el cuál en síntesis es un movimiento que ha buscado apropiarse de todas las “luchas justas” de la época, como el femenismo, el veganismo, el vegatarianismo, la lucha ambiental, los derechos de la comunidad homosexual, entre otros, para tratar de atribuirse una falsa defensa a las “minorías”.

El refrescamiento de imagen del socialismo

Las etiquetas más populares que surgieron el siglo anterior y siguen vigentes hoy en día son: el leninismo, el trotskismo, el stalinismo, el guevarismo, el maoísmo, el socialismo cristiano, la socialdemocracia, el socialismo autogestionario, el socialismo con rostro humano, el socialismo del siglo XXI, y términos tan absurdos e incoherentes como: socialismo de derecha, socialismo liberal y el producto vendido por Bernie Sanders llamado “socialismo democrático”; al que hoy se ha sumado el famoso “progresismo”, que sintetiza todo lo que el socialista de antaño quiere vender en su paquete de “buenas intenciones”.

Todos estas “vertientes” que no son más que etiquetas comerciales con ligeros cambios en la receta, pero con la misma finalidad —concentrar todo el poder en manos del Estado y dejar a los individuos indefensos—, han buscado asociarse siempre a terminologías y móviles altruistas, siendo el altruismo la principal etiqueta con la que buscan categorizarse, además del “humanismo”, el bien común, el igualitarismo, la distribución de la renta, y el famoso “Estado de bienestar”.

A su vez, todos estos movimientos han satanizado y transformado el concepto del capitalismo en un demonio oscuro, procurando convertir a los empresarios en mercenarios que trafican con la fuerza laboral de sus empleados, casi convirtiéndoles en esclavizadores a través de la retórica, por ello inventaron y acuñaron términos que popularizaron entre sus seguidores, como: dictadura del proletariado, imperialistas, lucha de clases, reivindicación social, oligarcas, patriarcado, estableciendo de antemano un prejuicio, una visión negativa sobre la riqueza y el dinero, para convertir en enemigo público a todo aquel que ostente bienes y empresas y así poder ponerle las manos encima, con la bendición de la sociedad.

Por regla general, estos regímenes totalitarios de izquierda han sido magistrales en el empleo de las palabras, siendo así que los que lideran estas naciones han establecido para sus Repúblicas, nombres que contrarían por completo sus principios, como es el caso de: La República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), República Democrática del Congo, La República Democrática Popular Lao, y más recientemente, la República “Bolivariana” de Venezuela, con Hugo Chávez atribuyéndose el término bolivarianismo (de Simón Bolivar, el Libertador), como una épica de las luchas sociales.

El socialismo sigue sonando muy lindo y cautivando las mentes más jóvenes, quitarle a los ricos para darle a los pobres, la “justicia social”, la “redistribución de la riqueza”, y otras falacias más se siguen vendiendo de manera exitosa en el mercado de la política; curiosamente los socialistas que tanto odian el capitalismo son los que mejor han sabido comerciar y mercadear sus ideas fracasadas; la idea es que tras leer este artículo usted pueda ver más allá del envoltorio bonito y adentrarse en los componentes de la receta de este producto que a largo plazo enriquece únicamente a políticos corruptos y genera hambrunas, represión y muerte.


Este artículo forma parte del libro de Emmanuel Rincón “La reinvención ideológica de América Latina

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