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Éxito latino: de trabajar en una fábrica de almohadas a dirigir un colegio en New Jersey

Éxito latino: la profesora que pasó de la informalidad a dirigir destacado colegio en New Jersey

Una historia de superación que es, a veces, bastante común entre los hispanos en Estados Unidos: iniciar en la informalidad, empezar a estudiar con mucho esfuerzo y luego cumplir el sueño americano

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En 1989, Ingrid Sandia, para aquel entonces una bioquímica venezolana, llegó a Estados Unidos como turista. Su idea, en un principio, era regresar a Venezuela, pero poco tiempo después decidió quedarse y hacer vida en New Jersey, el estado que la recibió y donde sigue viviendo.

Antes de migrar, Ingrid se había graduado de bioquímica en Venezuela, en el estado San Cristóbal, región bastante próxima a Colombia. Ella comenta que, si bien en el país sudamericano a finales de los ochenta y principios de los noventa «aún existían oportunidades», decidió iniciar de cero en Estados Unidos porque «este país es la verdadera tierra de las oportunidades para el que en verdad viene a trabajar y aprovecharla».

Éxito latino: la profesora que pasó de la informalidad a dirigir destacado colegio en New Jersey
En imagen, Ingrid Sandia. Profesora y directora de la escuela Rainbow Land Learning Center. (Cortesía).

«Me quedé, no entendía nada de inglés y llegué a una comunidad donde solo se hablaba portugués e inglés. No se hablaba español y tenía esa doble barrera del idioma», relató Ingrid explicando cómo fueron sus primeros pasos en New Jersey. «Me puse a trabajar en una fábrica de almohadas, fueron tres meses trabajando allí y después llegó migración a la empresa y me dio mucho miedo porque eso podía significar una deportación. No quise volver más».

«Luego», continuó Ingrid, «empecé a trabajar en un sitio de algunos conocidos donde no necesitaba papeles, de allí pasé a una lavandería y así pasé todo un año mientras conseguía ubicarme».

La comunidad a donde Ingrid llegó es The Ironbound, un barrio perteneciente a Newark, New Jersey. La bioquímica explicó que, cuando llegó, en «esta comunidad había muchos portugueses y europeos, pero hoy hay más brasileros e hispanos de Centroamérica y también de algunas partes de Sudamérica, como Perú y Ecuador».

Inicia su carrera en las aulas

Luego de ese complejo primer año, cuando Ingrid Sandia sufrió en carne propia las barreras del idioma y la informalidad, llegaría su primera oportunidad para empezar una carrera en el ámbito educativo. Su esposo, que había migrado con ella, consiguió un contrato laboral que le permitió acceder a un permiso de trabajo y así entrar en un colegio como asistente de cátedra.

«Fue muy difícil porque aún no dominada el inglés y me tocó trabajar con una señora que no me tenía paciencia, yo tenía 23 años y dije: bueno, yo voy a salir de esto, no importa que ella no me entienda ni me tenga paciencia, así sea con señas yo debo resolver y adaptarme».

Ingrid ganaba cuatro dólares la hora como asistente, lo equivalente a unos 160 dólares a la semana, un salario que se iba «en la señora que me cuidaba a mi hijo», dijo. «Allí dije: tengo que buscar la manera de empezar a subir. De escalar. Y me fui a un centro comunitario de Newark donde daban clase de inglés gratis para los migrantes. Hice mi curso, iba en las noches, tenía que agarrar un autobús y era una zona un poco peligrosa. Eso lo hice durante dos años».

Ese curso, los programas de TV americanos y empezar a relacionarse con locales de forma cotidiana ayudaron a que Ingrid, finalmente, dominara el inglés para poder aspirar a mejores trabajos y cargos en el mundo educativo.

No iba a ser fácil encontrar esa oportunidad. A pesar de que ya tenía varios años trabajando como asistente, y de que ya había mandado a hacer las equivalencias de sus papeles en el World Education Center —un requisito necesario para enseñar que en ese momento costaba 500 dólares, una cifra considerable para ella— la escuela donde Ingrid estaba no la tomó en cuenta para una vacante que había en un aula para ser profesora.

 La historia de Ingrid Sandia, de trabajar en una fábrica de almohadas a dirigir un colegio en New Jersey
Fachada de la escuela Rainbow Land Learning Center, el actual lugar de trabajo de Ingrid Sandia. (Cortesía).

«No me quisieron dar la oportunidad. No me la dieron porque yo era hispana», lamentó Ingrid, quien sintió rechazo por parte del personal docente de esa institución a la que no mencionó directamente. «El puesto se lo dieron, finalmente, a una profesora que no estaba relacionada con la institución. Entonces, dije: no tengo por qué quedarme aquí. Tengo que buscar la forma de ser maestra».

Poco le importó a Ingrid este breve traspié en su carrera, porque fue el primer impulso para empezar a estudiar en la universidad y sacar su título de maestra. «Graduarme como maestra fue un esfuerzo muy grande. Lo hice trabajando de día, estudiando de noche y con niños pequeños a los que tenía que cuidar. Una vez con mi título en mano, me dieron la oportunidad de trabajar en una escuela como maestra del Kinder Garden».

El gran salto de Ingrid Sandia

Según el relato de Ingrid, una de las madres de una de estudiantes del Kinder le ofreció ser la head teacher de la escuela que quería abrir. Le dijo a Ingrid que confiaba y le gustaba su trabajo, que pudo observar de primera mano a través de su hija. Ingrid no solo aceptó el cargo, sino que se involucró en el proyecto desde el día uno, ayudando a hacer los trámites en Trenton, la capital de New Jersey, la ciudad donde se hacen todas las gestiones relacionadas con las instituciones educativas.

Esta escuela se llama Rainbow Land Learning Center, lugar donde Ingrid se ha consagrado como una profesora de renombre en The Ironbound, luego de estar por más de 27 años siendo parte fundamental de la escuela.

«Cuando empezamos, Rainbow inició con tres clases. Después subió a seis clases, nos cambiamos a otro edificio y subimos a ocho. Una vez llegamos a ese número, el distrito escolar de Newark nos contacta para decirnos que escucharon hablar de nosotros y que les gustaba nuestro sistema educativo. Nos dijeron textualmente: Queremos contratarlos», recordó orgullosa.

El distrito finalmente contrató a la institución para darle servicio a los niños de cuatro, cinco y seis años. «El crecimiento fue tan exponencial que tuvimos que expandir», comentó la ahora directora de Rainbow Land Learning Center. «Hoy por hoy tenemos dos escuelas, con doce clases en un lado y ocho clases en el otro. Servimos a 300 familias y tenemos 62 empleados». 

Una imagen interna del Rainbow Land Learning Center. (Cortesía)

En 2008, Ingrid Sandia aún no estaba conforme con sus logros profesionales. «Necesitaba un máster para poder seguir escalando». En dos años, desde 2008 a 2010, Ingrid tuvo que trabajar nuevamente de día como Head Teacher de la escuela Rainbow, criar a sus dos hijos, «ya no era uno, sino dos» y estudiar la maestría de noche en la Saint Elizabeth University. Le dio para todo. Sacó el máster y el distrito escolar le ofreció, finalmente, la dirección del colegio, un cargo que Ingrid atesora.

Fue así como, tras varias décadas de esfuerzo, consiguió el máximo cargo al que podía aspirar dentro de una institución educativa que ha ganado un prestigio importante dentro de Newark. Inició con empleos informales, en fábricas de almohadas y lavanderías, sin hablar inglés. Pasó por el duro camino de ser asistente en una institución donde no valoraron su talento en su justa medida, tuvo que trabajar, criar a sus hijos y estudiar al mismo tiempo para subir su nivel académico y aspirar a mejores empleos. Encabezó con éxito una escuela y alcanzó el cargo de directora gracias al reconocimiento del distrito escolar.

Hoy Ingrid Sandia es feliz. Tiene una bella familia además de un trabajo que le gusta y que obtuvo con mucho esfuerzo. Comenta que es feliz en The Ironbound, el barrio donde ha vivido por tantos años. También la hace feliz que, hoy por hoy, tiene la posibilidad de ayudar a los migrantes hispanos que llegan a la comunidad: les asesora, orienta y aconseja. «Eso me llena», nos dice.

Sin olvidarse de sus orígenes, Ingrid aún recuerda Venezuela, donde todavía tiene familiares y amigos. Comenta que también ayudó a varias personas a salir del país sudamericano para que, así como hizo ella misma, las personas tengan su propia oportunidad de desarrollarse en un contexto más favorable que les permita alcanzar su máximo potencial e intenten cumplir sus sueños. Si ella pudo lograrlo, otros también pueden.

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