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Fentanilo, El American

El fentanilo no es una droga más, está matando por miles

La situación es grave y está empeorando. Ya rebasó al Gobierno mexicano y tiene efectos letales (y crecientes) en los Estados Unidos

El fentanilo está conquistando las calles de Estados Unidos, llevando la adicción a los opioides a un nuevo nivel de letalidad e intensidad, mientras multiplica las ganancias del crimen organizado a cambio de una marea de sobredosis. Es una tragedia a escala nacional, que acelera el ritmo en lugar de reducirse, destrozando familias y comunidades. Y pinta para empeorar.

¿Qué es el fentanilo?

El fentanilo es un opioide sintético, 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina. Originalmente fue desarrollado con usos médicos legítimos en mente. Sin embargo, la ya citada intensidad de sus efectos aun en pequeñísimas dosis lo han convertido en protagonista de uno de los mercados de mayor crecimiento dentro del narcotráfico: una auténtica mina de oro para los cárteles y de muerte para los usuarios.

El Gobierno americano señala que “el fentanilo ilegal se produce principalmente en laboratorios clandestinos del extranjero y luego es introducido a los Estados Unidos a través de México”. Según la DEA los “cárteles mexicanos, particularmente el de Sinaloa, han capitalizado la epidemia de opioides y el abuso de medicamentos de receta en los Estados Unidos, inundando comunidades con fentanilo ilegal e impulsando los niveles récord de muertes por sobredosis”.

Las sobredosis es resultado de consumir “píldoras fabricadas para asemejarse a los opioides legítimos de receta médica”, o utilizar “otras drogas, incluyendo heroína, metanfetaminas y cocaína”, que los traficantes mezclan con fentanilo para elevar sus ganancias.

¿Por qué? De un solo kilogramo de fentanilo pueden obtenerse hasta 10 millones de dosis “normales” (a comparación de las apenas 10 mil dosis puras que salen de un kg de cocaína), que mezcladas con otros materiales permiten que los cárteles ofrezcan narcóticos poderosos y relativamente “baratos”. Por eso un traficante puede comprar cocaína o heroína, rebajarlas con cualquier otra cosa, luego agregar literalmente una pizca de fentanilo y vender el producto resultante en las calles como si fuera “puro”.

Este fenómeno provoca dos graves resultados:

  • El fentanilo se ha convertido en una substancia muy valorada en el bajo mundo. De acuerdo con datos del Ejército mexicano, un kilogramo de este químico se vende en $400,000 dólares, contra “apenas” 35 mil del kilogramo de heroína, 12 mil del kilogramo de cocaína y 80 dólares del kilogramo de marihuana.
  • Además de los daños evidentes del consumo habitual de drogas duras, se ha multiplicado el riesgo de sobredosis. De acuerdo con los datos oficiales, bastan 2 mg para una dosis letal de fentanilo (dependiendo el peso y tolerancia del usuario) así que de 1 solo kilogramo de esta sustancia pueden derivarse hasta medio millón de dosis potencialmente mortales.

¿Y de qué tamaño es el problema? Gigantesco. Los muertos se multiplican en toda América. El año pasado el CDC registró más de 93,000 muertes por sobredosis de drogas, el nivel más alto del que se tenga registro. Dicha cifra se dupli entre enero del 2015 y enero del 2021 y no muestra señales de reducción.

Cierto, la DEA lanzó una alerta de seguridad pública y la campaña “One Pill Can Kill” (una píldora puede matar) ante el drástico aumento de píldoras de fentanilo que “están asesinando americanos a una tasa sin precedentes”. Además, en 2020 decomisaron 2,316 kilogramos de fentanilo, y han confiscado 9.5 millones de píldoras falsas en 2021.

Sin embargo, todos esos números se quedan en la anécdota, ya que el problema sigue agravándose y resulta imposible saber cuántas toneladas más lograron pasar la frontera y llegar a las calles, envenenando y matando a miles, sin que la policía pueda impedirlo.

China y México en la ruta de la muerte

Como era de esperarse, el régimen chino niega su parte de responsabilidad en la crisis, a pesar de las múltiples investigaciones, tanto periodísticas como gubernamentales, que exhiben la destacada participación de empresas e individuos de dicho país en el tráfico de fentanilo a los Estados Unidos.

Por el contrario, el Gobierno de México sí reconoce, al menos de cara a los medios de comunicación, la creciente gravedad del problema, lo que se explica ante la creciente presión de las administraciones Trump y Biden, incluyendo la visita de Kamala Harris al presidente López Obrador el 8 de junio, donde hablaron “específicamente del fentanilo y de la necesidad de seguridad en los puertos de México”.

En México, según el secretario de la Defensa Nacional: “Se tienen identificadas cinco rutas de acuerdo a una evaluación nacional sobre drogas (…) las que nos afectan son China-México e India-México, llegan a nuestras costas en el Pacífico y aquí tenemos los puertos de entrada, Manzanillo y Lázaro Cárdenas…el movimiento del fentanilo va hacia el norte, aquí tenemos en Sinaloa un área importante de generación de tabletas de fentanilo”.

En el camino, los grupos del crimen organizado se disputan rutas y “plazas” a sangre y fuego, incluyendo masacres a mitad del día y en plena zona urbana. Lo mismo sucede en Guanajuato, en Tamaulipas, Jalisco o Michoacán, ante la mirada de resignación (o complicidad) de las autoridades. El presidente mexicano prometió combatir la inseguridad con “abrazos, no balazos” pero la guerra entre los cárteles no se redujo y la violencia se ha traducido en más de 100,000 asesinatos (y miles de desapariciones) desde que Obrador llegó al poder.

Para ponerlo en perspectiva, en apenas 20 años, mientras las drogas tradicionales fueron reemplazadas por los compuestos sintéticos, el homicidio prácticamente se cuadruplicó en México y desde el 2001 se ha registrado casi medio millón de asesinatos en todo el país. Sí, medio millón, aproximadamente 1 de cada 250 mexicanos murió a manos de otro mexicano en un lapso de 2 décadas. De ese tamaño es la guerra.

Y no son solo los homicidios, es la multiplicación de los secuestros, que no solo afectan a los multimillonarios, sino incluso a los pobres y la clase media; las desapariciones forzadas, que suman decenas de miles de víctimas a las que nunca se volvió a ver; la extorsión, que se ha vuelto costumbre en buena parte del país, victimizando especialmente a los comerciantes; el robo a mano armada en el transporte público, que se ha vuelto tan “normal” que los ladrones ya solo necesitan decirle a los pasajeros “ya se la saben”…el resto es rutina.

Es también acostumbrarse a las balacera, escuchar los disparos y simplemente agacharse o de plano seguir de largo, con la esperanza de que esta vez el ataque sea hacia alguien más. Es el terror de toparte con un “retén militar” a media carretera, y ver que los supuestos soldados traen tenis en lugar de botas militares. Es toparse a media carretera con un bloqueo y quedarse a pie mientras los delincuentes se llevan el vehículo en que viajabas.

Es, en pocas palabras, la sistematización del caos.

El fentanilo no es una droga más. Su potencial de sobredosis es tal que lo convierte en una trampa letal. Imagen: Unsplash
El fentanilo no es una droga más. Su potencial de sobredosis es tal que lo convierte en una trampa letal. (Unsplash)

¿Algún camino hacia la solución?

Las gigantescas ganancias por el tráfico de fentanilo juegan un papel muy importante en el financiamiento de las maquinarias criminales, que alimentan una estela de muerte en ambos lados de la frontera, en México por las balas y en América por las sobredosis, que seguirán empeorando, pues aunque hay decomisos y arrestos, es evidente que no bastan.

Quizá incluso llegue el momento en que se vuelvan viables los aparentemente absurdos planteamientos de la administración Trump en el sentido de declarar a los cárteles como organizaciones terroristas y movilizar 250,000 soldados del Ejército americano en la frontera con México, para bien o para mal, porque si se mantiene el rumbo, ese caos y esa violencia que hoy ahoga a México, seguirá filtrándose en América, hasta que la gotera se transforme en olas.

En todo caso, está a la vista que acá las estrategias normales no funcionan. El fentanilo no es una droga más, cuyos efectos puedan administrarse y contenerse. Se está vendiendo disfrazada como medicinas o como otros narcóticos, engañando a los consumidores y matándolos por miles. La situación es grave y está empeorando. Ya rebasó al Gobierno mexicano y tiene efectos letales (y crecientes) en los Estados Unidos.

Así de grave y así de claro.

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