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A Emmanuel Macron le espera un difícil futuro en Francia

Francia, El American

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Francia vive una etapa confusa. Las elecciones legislativas del domingo provocaron cambios de peso y un futuro difícil para el presidente Emmanuel Macron. La coalición oficialista Ensemble logró 245 bancas. Fue el grupo más votado, pero quedó lejos de las 289 necesarias para poseer mayoría absoluta. Jaqueado por dos fuerzas radicales, las de Mélenchon y Le Pen, será complicado hacer aprobar las leyes fundamentales del segundo mandato. En la primera vuelta, Macron presentó a Ensemble como el partido del orden, y afirmó que una victoria de la izquierda implicaría sumar un caos francés al desorden mundial.

La bancada presidencial es la más fuerte, pero deberá pactar. Francia ingresa a territorio desconocido. Tras gobernar un quinquenio sin contrapesos, el Ejecutivo se verá obligado a buscar acuerdos parlamentarios. O aplica una política de consenso o arriesga la gobernabilidad. Esta realidad será dura para un presidente reelegido cómodamente hace dos meses.  

La alianza Nueva Unión Popular Ecológica y Social (Nupes), de populistas, socialistas, ecologistas y comunistas liderados por Mélenchon, alcanzó 131 legisladores. Es la segunda fuerza política. Dada la distancia entre europeístas y escépticos, o partidarios del libre mercado y anticapitalistas, corre el riesgo de fracturarse. 

Reagrupamiento Nacional (RN), la derecha de Le Pen, saltó de 8 a 89 diputados. Esto la convirtió en la tercera fuerza, por delante de Los republicanos (LR), con 61 escaños. Se podría llegar a la mayoría absoluta mediante una alianza con la derecha moderada de LR, aunque su líder —Christian Jacob— anunció que seguirá en la oposición y no adoptará una posición dócil.

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Una nueva era política comienza en Francia tras un quinquenio donde, con mayoría absoluta de 345 legisladores, Macron gobernó con las manos libres. La Asamblea Nacional se limitó, casi siempre, a dar el visto bueno a sus iniciativas. El pueblo francés le envió una señal al imponer límites a su poder. Ya no podrá decidir solo. Su programa de reformas ha quedado en suspenso, pues no es seguro que alcance la mayoría para aplicarlo. También su habilidad estratégica está cuestionada, pues confiado por la facilidad de su victoria anterior realizó una campaña de perfil demasiado bajo. 

La Asamblea Nacional refleja con mayor exactitud el esquema tripartito francés de centro, izquierda y derecha, más allá de lo relativo de estas etiquetas. Las posiciones antidemocráticas tendrán un peso mayor. Si fracasa en el intento de lograr una mayoría, el presidente de la República posee la facultad de disolver la Asamblea y convocar nuevos comicios legislativos. 

Emmanuel Macron enfrenta el peligro de una nación ingobernable. Un Parlamento dividido en tres bloques, dos de ellos extremos, representa un panorama muy diferente al anterior. Para avanzar en sus planes tendrá que negociar y ceder. Un hecho nuevo para quien gobernó con comodidad y ahora verá muchos bloqueos. La reforma más complicada serán la jubilatoria, que intenta llevar la edad de los 62 años actuales a 65. Habrá que ver si alcanza suficiente apoyo para aprobarse. La situación implica riesgos.

Los resultados revelan que muchos franceses votaron a Macron en las presidenciales para evitar el ingreso de Le Pen al Elíseo. Por su parte, Mélenchon pudo unir una izquierda que hace dos meses estaba dividida. Aspiraba a lograr la mayoría absoluta para forzar su nombramiento como premier, ya que el presidente debe elegirlo del grupo mayoritario. No lo logró. La nueva composición del Parlamento refleja la profunda división ideológica de la sociedad francesa. El Ejecutivo deberá avanzar en un campo minado. 

El domingo se jugaron el cargo varios ministros, pues quien no consiguiera el escaño en su circunscripción debía dejar el gobierno. La premier, Élisabeth Borne, conservó el cargo al ganar su banca en Calvados. 

La XVI legislatura se inaugurará oficialmente el 28 de junio, con la elección del presidente de la Asamblea y la formación de los grupos parlamentarios. La polarización ciudadana fortaleció a los extremos del espectro político. El presidente deberá, por lo tanto, gobernar una Francia más alejada del centro. Un serio desafío para la democracia gala. 

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