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El futuro de México se define el domingo. Imagen: Unsplash

3 escenarios respecto al futuro de México

Es un buen momento para profundizar en el análisis de los escenarios más viables para el futuro de México una vez terminadas las elecciones intermedias

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El futuro de México se define este domingo 6 de junio y las campañas están en silencio. Hoy inició la llamada “veda electoral” un periodo de 3 días donde la ley mexicana impide que los candidatos y sus equipos promuevan el voto, además de prohibir que la prensa difunda los resultados de encuestas de opinión.

Por lo tanto, a partir de ahora la lucha política desaparece de la superficie y se dirige hacia las profundidades del proceso político, aquellas donde la movilización del voto y la logística interna les permita sacar ventaja de su estructura para conseguir el mejor resultado. En vista de las circunstancias, es un buen momento para profundizar en el análisis de los escenarios más viables para el futuro de México una vez terminadas las elecciones intermedias.

Primero: Morena gana la mayoría de las gubernaturas y mantiene una mayoría en el rango de dos tercios dentro de la Cámara de Diputados

En este caso López Obrador amanecerá muy feliz el lunes 7 de junio. Dedicará sus conferencias diarias a enfatizar cómo este resultado electoral demuestra el apoyo de la gente hacia su proceso de “cuarta transformación” y le otorga un mandato para profundizarla. En las siguientes semanas el presidente anunciaría reformas mucho más dramáticas al sistema institucional del país, las cuales se presentarán y aprobarán durante el primer período ordinario de sesiones de la nueva legislatura, que inicia en septiembre.

La oposición enfrentará una presión mucho más intensa por parte del oficialismo, ya que los obradoristas aprovecharán las circunstancias para dividir a los opositores, comprando la lealtad de partidos y candidatos a quienes les ofrecerán privilegios o apoyos a cambio de que se unan a Morena o apoyen al presidente en momentos clave, aunque nominalmente sigan militando en sus partidos.

A mediano plazo López Obrador consolidará su dominio sobre el Poder Judicial, las autoridades electorales y el Banco de México, sin que la oposición pueda ejercer la suficiente presión jurídica o política para impedírselo.

Al interior de su partido, López Obrador tendrá el margen de maniobra para equilibrar las ambiciones de los distintos grupos de poder y posicionar libremente al próximo presidente, o incluso ampliar su propio mandato presidencial por lo menos un par de años, aplazando las elecciones presidenciales al 2026.

México profundizaría su crisis social, económica e institucional, pero la oposición ya no estaría en condiciones para aprovechar esos problemas de cara a las elecciones presidenciales del 2024

El futuro de México depende de las elecciones y de si AMLO logra imponer su proyecto o no. Imagen: EFE/Mario Guzmán
El futuro de México depende de las elecciones y de si AMLO logra imponer su proyecto o no. Imagen: EFE/Mario Guzmán

Segundo: Morena gana aproximadamente la mitad de las gubernaturas y mantiene mayoría en la Cámara de Diputados, pero sin llegar a los dos tercios

Dependiendo del cálculo político que realicen en el Palacio Nacional, AMLO podría optar por dos caminos: esforzarse en vender el resultado como el mandato ciudadano para seguir con la “cuarta transformación” o denunciar que las prácticas fraudulentas de la oposición manipularon la voluntad popular.

En cualquiera de los dos casos, la retórica presidencial se volverá más agresiva, en un intento de amedrentar a los opositores y mantener controlados a los posibles rivales dentro de su propio movimiento. Muy probablemente ordenará a sus operadores que busquen un periodo extraordinario de sesiones antes de septiembre, para aprobar reformas constitucionales aprovechando su actual mayoría de dos tercios en la Cámara de Diputados, presionando a algunos senadores de oposición para conseguir el voto de la cámara alta y consolidar su ventaja constitucional antes de renunciar a esa posibilidad en la nueva legislatura.

Ya con la nueva legislatura, el presidente consolidará su poder lo más posible a través de reformas a las leyes secundarias, que sólo requieren una mayoría del 50 % de los votos en el Congreso. El enfoque de estas reformas estaría principalmente en el ámbito electoral, con la desaparición del INE (Instituto Nacional electoral) como objetivo prioritario.

Para la oposición, este escenario implicará el enorme desafío de mantener la unidad ante la creciente presión del presidente, que intentará convencer (por las buenas o por las malas) a los liderazgos de los demás partidos y dividir al llamado “bloque de contención”.

Tercero: la oposición le arrebata a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados

En este caso, el presidente tomará con furia los resultados y utilizará todos los recursos de su administración para descarrilar la elección y acusar fraude. Multiplicará las acusaciones contra los opositores y acelerará los procesos abiertos contra los referentes de la oposición en la Fiscalía General de la República.

Básicamente lanzaría una campaña con dos grandes tenazas: la retórica del fraude y las presiones jurídicas, para que líderes opositores acepten la repetición de las elecciones, al menos en aquellos distritos y estados que sean clave para Morena.

El presidente también intensificará la presión en contra de la sociedad civil e incrementará la polarización. Veremos manifestaciones multitudinarias convocadas por el obradorismo y la oposición tendrá que hacer lo propio. La confrontación política pasará de las redes sociales a las manifestaciones callejeras

En términos legislativos el presidente usará sus operadores para convocar a un periodo extraordinario de sesiones para aprobar un amplio paquete de reformas con la intención de que el Gobierno pueda consolidar su ventaja política antes de que la nueva legislatura los coloque en minoría.

Eventualmente, AMLO se verá obligado a aceptar que ha perdido el control del poder legislativo y que su proyecto político está en graves problemas. Enfrentará deserciones entre sus aliados, e incluso aquellos que lo sigan apoyando le venderán mucho más caro su respaldo, por lo que se verá obligado apostar por uno de los grupos al interior de su movimiento y eventualmente deberá respaldar a un candidato presidencial no elegido por él.

Para la oposición, el gran desafío será mantener la unidad frente a las tentaciones que implique el ejercicio del poder, a lo que se suma otro grave riesgo: al controlar la Cámara de Diputados, los opositores se volverán de cierta medida “corresponsables” del Gobierno y por lo tanto Obrador podrá culparlos de los inevitables malos resultados durante la segunda mitad de su administración.

A cambio, los opositores tendrán el margen político para negociar e impedir que AMLO capture al Banco de México y a las instituciones electorales, colocando a ambos bandos en un escenario competitivo de cara a las elecciones presidenciales del 2024.

Una reflexión final sobre el futuro de México

Por supuesto, cada uno de estos escenarios tiene otros matices y posibilidades laterales, que por cuestiones de espacio resulta imposible plantear en un artículo. Sin embargo, en términos generales esto es lo que puede esperarse a partir de la próxima semana, y ninguno de los escenarios implica felicidad automática o garantizada.

En cualquiera de los casos el futuro de México seguirá cubierto por la incertidumbre.

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