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Gay Talese contra la cultura de cancelación

Imagina no publicar a Gay Talese por decir que los demócratas son una mierda, o por reconocer que Trump es una de las personas más famosas del mundo. Imagina vivir en ese mundo. Suena, también, como una mierda

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Gay Talese no sabe por qué lo busca el periodista. Porque es Gay Talese, no hay otra explicación, argumenta el entrevistador. En una magnífica y muy rara conversación publicada en el diario ABC, la leyenda viviente habla sobre cómo él ahora no importa, aunque su voz debería de tener eco ahora y siempre.

No importa porque a Gay Talese, como a tantos otros, le cayó encima esa aplanadora que algunos llaman cultura de la cancelación. Porque es anticuado, no anda en sincronía con las pataletas de estas generaciones, entonces los inexpertos, malcriados y pusilánimes que ahora dirigen las universidades y los medios de comunicación le han dado la espalda al periodista vivo más importante y talentoso del mundo.

De su camada, digamos Hunter Thompson, Truman Capote y Tom Wolfe, solo queda él. Escribió como los grandes, vivió junto a los grandes y aún vive, no como los otros grandes. Él es un grande, escultor (o costurero) de piezas literarias que marcaron el curso del periodismo en Estados Unidos y en el mundo. No hubo ni hay mejor cronista. Gay Talese se interesó, no por las grandes personalidades públicas, sino por las privadas. Las pequeñas historias, que realmente son gigantes. Y hasta cuando escribió sobre una estrella, Frank Sinatra, armó el mejor perfil jamás publicado a partir de lo pequeño que rodea a la celebridad. Talese es, en resumen, una leyenda; sin embargo, a ABC le dice: «Hoy no podría escribir ni una palabra en prensa. No me publicarían».

Se refiere, sobre todo, al New York Times, el periódico que fue su casa por tantos años. Hoy es demasiado correcto, demasiado afín a los caprichos insólitos y venenosos de las masas, «despiertas» pero que silencian. Porque eso ha sido, al final, esta cultura woke: la élite, supuestamente más consciente, que calla todo lo que no le gusta. Y ahora, para el horror de todos los que apreciamos la buena literatura y, sobre todo, el bueno periodismo, no les gusta Gay Talese.

Imagina no publicar a Gay Talese porque tuvo la franqueza de decir que ninguna mujer periodista había tenido influencia en su vida. Imagina no publicarlo por decir que los demócratas son una mierda, o por reconocer que Donald Trump es una de las personas más famosas del mundo o por ofender a una mujer extremadamente sensible y ávida de destruir carreras. Imagina vivir en ese mundo. Suena, también, como una mierda.

La entrevista es maravillosa porque uno tiene chance de escuchar (o, mejor dicho, leer) nuevamente a Talese, luego de un suspenso de varios años y desde que, con The Voyeur’s Motel, nos descolocara a todos. Lo inconcebible es que Talese vuelva para contarnos cómo ya no lo invitan a dar charlas en la Universidad de Yale o cómo sus palabras ya no encuentran eco en los grandes medios.

Vaya cagada, nos toca consolarnos con la certeza de que no hubo nadie como Gay Talese y el mundo, en algún momento, lo reconoció. Toca consolarnos y queda rezar por que vuelvan esos días.

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