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Grecia

Grecia: entre su glorioso pasado y el desafío de Ankara

Actualmente Grecia es un Estado democrático, con un alto índice de desarrollo humano. El desafío a su progreso viene de Ankara, donde el dictador Erdogan ambiciona islas y aguas griegas

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Con 132,000 km² —75 % de la superficie uruguaya— y 11 millones de habitantes, Grecia está estratégicamente ubicada entre Europa y Asia. Posee fronteras terrestres con Albania, Macedonia, Bulgaria y Turquía. Al este se encuentra el mar Egeo, al oeste el Jónico y al sur el Mediterráneo. Estos tres mares bañan 14,000 km de costas. Grecia está formada por siete archipiélagos con 1,400 islas, solo 300 de ellas habitadas. Su relieve es montañoso, siendo la cumbre más alta el monte Olimpo, a 3,000 metros sobre el nivel del mar. “La morada de los dioses”, según la mitología.

Historia de luces y sombras

En la antigüedad, Grecia fue fundamental para la civilización occidental. Las democracias modernas deben su sustento a las ideas griegas sobre el gobierno del pueblo, el juicio con jurado y la igualdad ante la ley. Los griegos fueron pioneros en muchos campos del pensamiento sistemático como la geometría, historia, filosofía y física. Profundizaron estilos literarios como la tragedia y la comedia. En su búsqueda por el orden y la proporción, crearon un ideal de belleza que influyó poderosamente en el arte.

La cultura griega ha evolucionado a través de miles de años, comenzando con la Grecia micénica y pasando notablemente a la Grecia clásica, a través de la influencia del Imperio romano y su continuación, Bizancio. Otras culturas y naciones, como los estados latinos y francos, los otomanos, Venecia, Génova y el Imperio británico también marcaron su influencia en la cultura griega moderna. El reino de Macedonia logró unificar al mundo griego en la “Liga Helénica”, bajo el mando del Filipo II, líder del primer estado griego unificado en la historia. Su brillante hijo, Alejandro Magno, consolidó el liderazgo sobre las ciudades-estado griegas y en el 334 a.C. invadió Persia con todas las fuerzas combinadas. El imperio creado por Alejandro se extendió desde Macedonia hasta Pakistán al este y Egipto al sur. Su prematura muerte en el 323 a.C. condujo al colapso del Imperio, que se dividió en varios reinos. Aunque cesó la unidad política, se mantuvo el predominio de la civilización helenística y el idioma griego durante siglos.

En el 27 a.C. el emperador Augusto convirtió Grecia en la provincia de Acaya. Pese a su poderío militar, los romanos admiraban la cultura griega, y de allí surgió la frase de Horacio: “La Grecia conquistada, conquistó al bárbaro”. Tras la división del Imperio romano, Grecia pasó a ser parte del Imperio bizantino, que duró hasta el 1453. Su capital se ubicó en Constantinopla y la religión predominante fue el cristianismo ortodoxo.

Hacia fines del siglo XV la mayor parte de Grecia y las islas del mar Egeo estaban bajo control otomano, mientras que Chipre y Creta permanecieron bajo el dominio veneciano y no formaron parte del Imperio otomano hasta 1571 y 1670, respectivamente. Aunque no se obligó a la población a convertirse al islam, los cristianos sufrieron la discriminación.

 Finalizada la Primera Guerra Mundial y con la división del territorio Otomano, Grecia y Turquía realizaron un enorme intercambio de población: los griegos del territorio turco emigraron a Grecia y viceversa. En 1936, Ioanis Metaxas dio un golpe de Estado e implantó una dictadura. A pesar de esta realidad política, conservó buenas relaciones con el Reino Unido y se mantuvo lejos del eje Roma-Berlín. En octubre de 1940 Grecia rechazó el ataque de Mussolini, pero poco después el país cayó ante los alemanes. Aunque la ocupación nazi enfrentó una tenaz resistencia, unos 100,000 civiles murieron y la mayoría de los judíos griegos fue deportada y asesinada en los campos de exterminio. En 1967 hubo un golpe de Estado llevado a cabo por un grupo de coroneles. En 1974, mientras Turquía invadió Chipre, la dictadura colapsó.

Desafíos actuales

Derribado el régimen militar, se aprobó una constitución democrática. Andreas Papandréu fundó el Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK) en respuesta al partido conservador Nueva Democracia (ND). Desde entonces y hasta 2015 ambos partidos se alternaron en el poder. Las elecciones de 2019 le dieron una mayoría absoluta a ND con 158 diputados en 300.

Actualmente Grecia es un Estado democrático, con un alto índice de desarrollo humano. Miembro de la Unión Europea y la OTAN, el desafío a su progreso viene de Ankara, donde el dictador Erdogan ambiciona islas y aguas griegas.

Atenas destaca dos situaciones de particular importancia: los reclamos de Turquía sobre “la soberanía griega en el mar Egeo” y el Estado satélite República Turca de Chipre, en dicha isla. Las misiones turcas de prospección de gas en aguas griegas durante 2020 han conducido a Ankara y Atenas a una crisis diplomática similar a la vivida en 1996, cuando estuvo a punto de estallar la guerra.

Recientes contactos forman parte de una nueva ofensiva diplomática del errático Recep Erdogan, para aliviar sus tensas relaciones con Europa, que decidió sancionar a Ankara.

Aunque Atenas habló de “optimismo y esperanza” y Ankara del “ambiente positivo”, no se espera ningún avance real en el diálogo. Grecia quiere definir el control de sus islas en el mar Egeo, mientras Turquía busca redefinir las zonas económicas exclusivas y el espacio aéreo. Atenas cerró estos días la compra de 18 aviones franceses de combate, para ajustar su defensa ante la agresividad de Ankara, que ignora su frontera marítima.

Después de siglos de colonialismo y guerras, el Viejo Continente no soporta más conflictos. A veces algunos de sus analistas hablan del “modelo europeo” de convivencia y respeto, con un tono de superioridad que olvida que nadie como Europa colonizó, esclavizó y asesinó cientos de millones de personas en su historia. La esperanza griega, que quiere evitar un choque directo, es que los problemas económicos turcos, agravados por el coronavirus y el intento de no provocar a la nueva “administración Biden”, obliguen al “sultán” a abandonar sus delirios.


Eduardo Zalovich es un historiador que vive en Israel.

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