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Greta Thunberg, ecología

Greta Thunberg – ¿Nueva Izquierda o Corporativismo Verde?

Greta Thunberg se ha convertido en la nueva cara del ecologismo mundial. ¿Pero es ella la verdadera cara de la nueva izquierda?

Por Horacio Giusto:

Tiempo atrás, Greta Thunberg aparecía en la Organización de Naciones Unidas (ONU) para exigir compromisos nuevos, concretos y urgentes contra la “crisis climática” a más de 60 líderes internacionales. Esta aparición consolidaba la idea que el ecologismo, la religión pagana de la posmodernidad, había encontrado ya una nueva líder mesiánica. Desde la Cumbre del Clima 2018 (la COP24) hasta recientes declaraciones de alcance público donde solicita votar por Biden, se exhibe como fiel ejemplo de lo que en verdad es un ecologista: una sandía (verde por fuera, rojo por dentro).

Ciertamente el fenómeno de Greta Thunberg no puede ser subestimado. Si uno se guía por las investigaciones realizadas por el filósofo y escritor Pablo Muñoz Iturrieta, verá que la joven activista sueca forma parte de la ruin campaña mediática que lleva adelante todo agente progresista. Los paralelismos entre las estrategias comunicativas del ecologismo y el feminismo son innegables.

Tal como expone Muñoz Iturrieta, “la agencia informativa Thompson Reuters, con asiento en Nueva York, publicó en diciembre del 2019 un informe explicando las técnicas de activismo y de ingeniería social que se debían usar para lograr implementar los Principios de Yogyakarta en el mundo”. Si uno analiza el informe verá que la primera estrategia a implementar por cualquier activismo progresista es la utilización de agentes jóvenes, como Greta Thunberg.

Dicho activismo en torno al relato por sobre el dato ciertamente se gesta desde el sentimiento, algo tan característico en la posmodernidad, para evitar la contraofensiva hacia el mensajero. En base al realismo político uno puede observar lo arduo que sería enfrentarse a la opinión publicada si se cuestionara a una mujer menor de edad y con Síndrome de Asperger; peor aún si se considera que su mensaje es de una profunda preocupación por la pobre flora y fauna explotada por el vil capitalismo predatorio.

Lo que poca gente ha osado decir es la verdad y lo que hay detrás de todo discurso verde que se ha construido detrás de Greta Thurnberg. Comprender qué es el ecologismo en términos contemporáneos implica reconocerlo como una forma de exteriorización de la nueva izquierda.

En este punto resulta oportuno recurrir a los autores Agustín Laje y Nicolás Márquez, que introducen esta idea de “nueva izquierda” o “izquierda cultural”. En su obra “El Libro Negro de la Nueva Izquierda” se explica cómo el marxismo sigue vigente en pleno Siglo XXI, pero lo que ha cambiado en las últimas décadas ha sido la forma de manifestación de dicha ideología. Para Marx, en su método histórico, la lucha de clases era el dato relevante de la historia.

En el marxismo clásico, el eje del sistema era la economía y por tal sentido, todos los embates contra el sistema capitalista debían darse desde dicho campo hasta conseguir la dictadura del proletariado. La revolución comunista no alcanzó nunca a asentarse en las sociedades más productivas donde el hombre promedio, gracias al capitalismo, ostentaba mejores condiciones de vida conforme pasaba el tiempo.

Ante tal situación, los intelectuales del marxismo tuvieron que cambiar el foco de su pensamiento, debiendo utilizar recursos teóricos que le permitieran salir de la lucha económica para ingresar a la cultura. Con Gramsci y la Escuela de Frankfurt se construye una nueva visión para la izquierda, donde se abandona la postura tradicional del proletariado para empezar a hablar de la hegemonía cultural. Surgen entonces nuevos sujetos revolucionarios, ya no se sigue el arquetipo de la clase obrera, sino que han emergido actores enrolados en el feminismo, el ecologismo, el pacifismo o el indigenismo con caras nuevas como la propia Greta Thunberg.

Greta Thunberg
(Wikimedia Commons)

El movimiento social del ecologismo es mostrado al mundo como constructo teórico a partir de 1960, destacando como sus principales artífices Petra Kelly, Rachel Carson y Barry Commoner. Paulatinamente al movimiento ecologista se le añadirían distintas concepciones provenientes de corrientes afines, como es el caso particular del indigenismo o la Teología de la Liberación en América Latina. Pero siempre se mantendrá como eje principal la relativización de la propiedad privada y las libertades individuales, en pos de las llamadas “libertades positivas”.

Siguiendo la teoría de Antonio Negri respecto a “las multitudes”, se puede aseverar que el ecologista responde a esa lógica de construir un nuevo sujeto donde, a pesar de los diversos reclamos singulares (proteccionismo, abolicionismo de la propiedad privada, ambientalismo, pacifismo o indigenismo), se construye el nuevo sujeto político. Utilizar dicha teoría permite comprender el amplio abanico que conforma al “ecologista”, ese actor político que se alía con toda minoría afín que le permita enfrentarse a su enemigo en común: el capitalismo.

El ecologismo liderado por Greta Thunberg no debe ser entendido como un simple movimiento social. Si bien existe multiplicidad de ecologismos, que han mutado desde el ambientalismo hasta el proteccionismo animal, las raíces se encuentran necesariamente en las décadas de los sesenta y setenta enmarcadas en una clara corriente anticapitalista. Aun cuando a nivel mundial se trabaja en la búsqueda de energías renovables (las que proviene de fuentes naturales e inagotables), el discurso políticamente correcto consiste en establecer la industrialización capitalista como germen de todos los males del planeta, siendo que la realidad ha demostrado que el capitalismo es el principal motor de la búsqueda de energías que abaraten costos y sean más eficientes al mercado en el paso del tiempo.

Como se demuestra en los datos aportados por la Fundación Heritage, la evolución de la libertad económica está ligada a la reducción de consumo de energías perjudiciales para el ambiente, mientras que las economías más socialistas, y en consecuencia más atrasadas, son las que más dependen de hidrocarburos contaminantes. Es predecible que la sociedad internalice ciertos patrones culturales como propios y los reproduzca sin realizar algún tipo de análisis profundo.

En forma constante se establece un atropello al lenguaje (el campo simbólico – la cultura) para identificar al capitalismo como esa industria contaminante que sólo le interesa destruir la Tierra para generar más riquezas. Lo real y concreto es que los países socialistas son aquellos que mayor irregularidad tienen en la explotación de recursos naturales, mientras que aquellos que giraron a una economía de mercado libre disminuyeron drásticamente sus niveles de polución.

El ecologismo es una de las tantas corrientes posmodernas que surcan y amenazan la vida en libertad de occidente. El devenir de un nuevo sujeto que se alía con distintas facciones de la nueva izquierda (el indigenismo – el feminismo – el pacifismo) presenta un orden de pensamiento que sólo ataca a la sociedad capitalista de occidente, ya que en ese relativismo cultural nada se dice de los fenómenos económicos y culturales de las naciones socialistas. El ecologista ha devenido en un ser relativista que, enrolado en las ideas fomentadas por el neomarxismo, pondera la vida de una planta por sobre la viabilidad y condiciones de vida del propio humano.

Arne Næss, creador de la corriente de “ecología profunda”, es el ejemplo paradigmático del ecologista que promueve la diversidad cultural en desmedro de occidente. Su visión biocentrista, en posición antagónica con la tradición antropocentrista de occidente, plantea reducir la población humana para dar lugar a un mejor devenir de la naturaleza, poniendo en las plantas y en los animales un plano de cuasi superioridad al humano; por ello es que los seguidores de la ecología profunda abiertamente plantean la necesidad de legalizar el aborto o permitir matrimonios grupales sin hijos.

No se puede dejar de mencionar, si de subversión cultural se trata, al anarquista Murray Bookchin, propulsor del proyecto “ecología social”, quien plantea una regresión al pensamiento utópico marxista. A su vez, toma el mayo francés como fuente de inspiración al transformar la frase “Seamos realistas, hagamos lo imposible” en “Si no hacemos lo imposible deberemos afrontar lo inconcebible”.

Son numerosos los intelectuales anticapitalistas que vieron en el ecologismo la forma en que culturalmente iban a socavar los cimientos de Occidente. Solo con nombrar a André Gorz (padre de la ecología política francesa, discípulo y amigo de Jean-Paul Sartre, anticapitalista, crítico del viejo marxismo), Ivan Illich (teólogo que cuestionó las instituciones escolares, sociales y productivas de la cultura occidental) o Brian A. Dominick (teórico que plantea el veganismo y la liberación animal como forma de revolución social) se puede observar que la nueva izquierda presenta una crítica al sistema productivo actual más una tesis separatista al viejo comunismo, como estrategia que les permita criticar al capitalismo sin hacerse cargo de los fracasos que el sistema marxista experimentó en el mundo. Lo que justamente une al marxismo clásico y la nueva izquierda es su visión destructiva sobre el sistema capitalista de occidente.

Retomando a la presente figura de Greta Thunberg, oportuno es destacar la investigación que realiza Ignacio Vossler para Fundación Libre quien sostiene:

Encontramos entre los principales colaboradores de Greta Thunberg al activista Ingmar Rentzhog, quien, además de haber trabajado en la organización ecologista de Al Gore (The Climate Reality Project), fundó el movimiento ecologista “We Don’t Have Time”, junto a Christian Emmertz y David Olsson. Con este último, además, le une el hecho de que en su trayectoria laboral hay vínculos con fondos inmobiliarios (Svenska Bostadsfonden, uno de los más grandes de Suecia) y con empresas de inversión (como Laika Consulting) … Rentzhog dirige el think thank Global Challenge, creado por la exministra socialdemócrata sueca Kristina Persson, en 2007. En el mismo, encontramos a destacados miembros, como Gustav Stenbeck, integrante de su Consejo asesor, cuya familia, además, controla la empresa de inversión sueca Kinnevik. Otros personajes que podríamos nombrar en este sentido son Petter Skogar: presidente de KFO (asociación de empleadores más grande de Suecia); y Catharina Nystedt Ringborg: asesora de la Agencia Internacional de Energía, exdirectora de la asociación Swedish Water y exvicepresidente de la corporación multinacional suizo-sueca ABB, que opera en áreas de robótica y energía, y que es, además, miembro de la firma de capital riesgo de energía verde Sustainable Energy Angels. Es decir, Global Challenge, creado -entre otros- por la exministra sueca, cuenta con miembros importantes de multinacionales como ABB.”.

Sépase que Rentzhog reconoció en el diario británico The Times que su encuentro con la pequeña activista sueca no fue casual sino producto de 4 meses de negociaciones con su madre. “Parte del trabajo de Greta Thunberg se está canalizando a través de Daniel Donner, que ejerce como jefe de prensa de la niña… Donner trabaja en la oficina de un lobby con sede en Bruselas conocido como European Climate Foundation”, revela The Times.

Donner integra European Climate Foundation (agencia que cuenta con el respaldo de Bloomberg Philanthropies, fundación creada por el candidato a las primarias del Partido Demócrata estadounidense, Michael Bloomberg) lo que exhibe la clara enemistad con el primer mandatario estadounidense que abandonó en 2017 el Tratado de París. A su vez es útil remarcar que European Climate Foundation posee el apoyo financiero, según surge de sus propios registros oficiales, de Rockefeller Brothers Fund y Ikea Foundation, representante de la firma sueca de mobiliarias más grande del mundo. Detrás del ecologismo y Greta Thunberg una excelente estrategia de marketing donde las listas de empresas corporativistas se incrementan año tras años.

En efecto, tal como se ha exhibido, Greta Thunberg es un objeto de publicidad de aquellos que desean introducirse al mercado con la protección política en desmedro de una libertad económica que, tal como muestra Heritage Foundation, favorece más al cuidado ambiental que la coacción legislativa. Ante los fenómenos culturales y económicos expuestos, será ahora función del lector comprender si quizás detrás del discurso mesiánico de la activista sueca se pueda esconder un sinfín de causas desleales que buscan socavar los pilares sobre los que se sostiene el legado occidental.


Horacio Giusto es miembro Co-Fundador de Fundación LIBRE.

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