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¿Hay una alternativa al preocupante metaverso de Zuckerberg?

Metaverso, El American

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Hace unos meses, durante las últimas semanas salió a la luz el nuevo proyecto de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, basado en el concepto de “metaverso”.

Este proyecto, en teoría, se trata de la consolidación de una gran mancomunidad en línea, con soluciones de realidad virtual, partiendo de los datos que se generan a raíz de nuestro interés y actividad en redes sociales como Facebook, WhatsApp e Instagram.

Pero, una vez más, desde estas columnas hacemos un llamado de atención, no por la digitalización en sí, sino porque en pocas palabras, Zuckerberg es un enemigo de la privacidad de los usuarios así como un aliado para imponer tesis “progres”. Ejemplo de ello podría ser la famosa censura de contenidos cristianos o de ideología conservadora y tradicionalista.

Las cadenas de bloques como “tecnología alternativa”

Aunque haya varios clústeres (centros de datos y de respaldo) de la infraestructura tecnológica de Zuckerberg en varias regiones del planeta, lo que allí ocurre no deja de depender de lo que se desarrolle en ciertas oficinas de Silicon Valley, sin perjuicio de considerar a los correspondientes aliados gubernamentales y activistas.

En otras palabras, hablamos de un proyecto centralista, contrario a la esencia de la red de redes. Es más, a Facebook no le parece mal que haya planificación centralizada de la economía, puesto que permite poner barreras a nuevos competidores espontáneos, pero también reforzar su postura de influencia en el establishment (connivencia política con otras élites renunciando al interés social a resolver en el mercado).

Pero, no hay que perder la esperanza. No es cuestión de enunciar que la corriente descentralizada de Internet juega a nuestro favor, en pro del concepto de democracia económica misesiana, tal y como se pone de manifiesto con las redes sociales alternativas (Gab, Telegram, Parler, Gettr, entre otras).

Ese paradigma de dispersión distribuida y descentralizada de cadenas de bloques que responde a la criptografía y se conoce como blockchain puede jugar muy a nuestro favor en la digitalización de las comunidades virtuales, trascendiendo la posibilidad de ser una base técnica para criptomonedas.

Posibilidades y utilidades prácticas de las cadenas de bloques en el metaverso

La “revolución” que supondrá el blockchain no será una mera utopía que solo tenga sentido sobre el papel (recuerden ese dicho según el cual “el papel lo aguanta todo”, pase lo que pase…). Se abre un nicho en el cual debemos centrar nuestra atención, a fin de demostrar nuestra propiedad sobre bienes de diversa índole en un entorno que no es tangible en sí (todo depende a fin de cuentas de combinaciones de ceros y unos, es decir, de la unidad de medida de información que conocemos como bits): los Non-Fungible Tokens (NFTs).

Los NFTs son tokens que se basan en contratos inteligentes y nos permiten acreditar la propiedad de bienes como las obras de arte, las colecciones de sellos, las entradas a eventos culturales y deportivos, lo que suele encasillarse sobre la mal llamada “propiedad intelectual” y algunos bienes inmobiliarios. No son activos de criptomonedas de fácil Exchange.

Hay otros ejemplos interesantes que combinan el metaverso con la cadena de bloques. Uno podría ser Roblox, un entorno para desarrolladores de videojuegos (actualmente, 9.5 millones) donde pueden crear nuevas soluciones de entretenimiento, siendo los tokens la fuente de financiación e ingresos de estas personas.

Otro que cobra su interés es NextEarth, que digitaliza al completo, a modo de réplica, la ingente cantidad de parcelas terrenales que existen en el globo. Dicho de otra forma, permite digitalizar la adquisición de propiedades, mediante una divisa digital llamada BNB. Esta, de hecho considera que entre los territorios de mayor cotización y valor están Gibraltar y el Vaticano.

Quizá sea interesante mencionar el proyecto Metaverse, de una fundación homónima, con conceptos como los avatares digitales de identificación basados en el protocolo KILT (pensado para devolver el control de los datos personales a sus propietarios) y una serie de estándares de tokens que permiten reconocer activos no fungibles como los mencionados anteriormente.

¿Qué motiva principalmente a considerar como alternativa el “blockchain”?

Ya hemos mencionado algunos ejemplos prácticos de utilización e implementación de las cadenas de bloques con la finalidad de construir una concepción de comunidad virtual completamente distinta de la que plantea Mark Zuckerberg. Ahora bien, ¿cuál es la principal motivación?

La idea es evitar que toda nuestra información (que será mucho mayor en una comunidad virtual de este calibre) quede completamente monitorizada por una unidad central como la empresa Facebook, que además puede incurrir en intercambios comerciales ilegítimos de datos y en colaboraciones con unos Estados modernos cada vez más recelosos de nuestra privacidad.

Es bueno que haya diversidad de alternativas (creemos en la libertad de mercado, en la competencia natural y espontánea), pero también conviene que, de por sí, los grandes volúmenes de datos no dependan de un nodo centralizado (como un órgano supervisor y planificador), sino que haya una dispersión distribuida de equipos, que respete en mayor medida la privacidad que es intrínseca al derecho de propiedad y, en consecuencia, garantía de libertad.

Con lo cual, una vez expresado todo esto, quizá quepa destacar que las cadenas de bloques pueden servir como desafío disperso y no centralizado contra una concepción que trasciende la legítima innovación tecnológica, tratando de alimentar una nueva cosmovisión relativista y globalista.

Ángel Manuel García Carmona es ingeniero de software, máster en Big Data Analyst, columnista y tradicionalista libertario // Ángel Manuel García Carmona is a software engineer, master in Big Data Analyst, columnist and libertarian traditionalist.

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