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Hilaria Alec Baldwin

El extraño caso de Hilaria Baldwin: la americana que se cree hispana

Llamarse Hillary, ser hija de bostonianos adinerados, y haberse criado en Massachusetts en las más elitistas escuelas y universidades, parece que no sólo no resulta “cool” para los progresistas, sino que puede ser motivo de vergüenza

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Esta semana hemos descubierto que la mujer de Alec Baldwin y madre de cinco hijos con el famoso actor, hasta ahora conocida como Hilaria Baldwin, “española” y con acento español, en realidad parece que se llama Hillary Hayward-Thomas, criada en Boston, de padres americanos y sin rastro de acento español durante su juventud.

El cambio de sus apellidos, obviamente debido a su matrimonio, no tiene mayor importancia. El cambio de su nombre de pila, del muy americano Hillary al más español y exótico Hilaria, podría entenderse como normal en el mundo artístico, en el que los hermanos Baldwin se han movido durante muchos años. Al fin y al cabo, Prince cambió su nombre a un símbolo impronunciable, pasando a ser llamado “el artista antes conocido como Prince”; o recientemente Ellen Page ha cambiado su nombre, y de paso su género, por Elliot Page.

Lo que sí resulta gracioso y sumamente llamativo es que su acento fluctúe entre el español y el inglés. Habíamos oído hablar del género fluido, pero desconocíamos la existencia de la fluidez en la pronunciación. 

Hilaria Baldwin, instructora de yoga de celebridades, escritora, personalidad televisiva e influencer de Instagram, ha aparecido en público en incontables ocasiones hablando en inglés con un fuerte acento español, incluso ha aparentando no recordar cómo se dice en inglés alguna palabra, como cuando en un programa de cocina olvidó que “pepino” se dice “cucumber” en inglés.

Hilaria, aparentemente, ha fingido durante años ser española, nacida y criada en la isla de Mallorca, donde sus padres viven retirados desde 2011 (el mismo año en el que conoció a Alec Baldwin), cuando en realidad es nacida y criada en Boston, simplemente habiendo pasado en España algunas vacaciones de su infancia.

Esto parece haber sido suficiente para que Hillary se autoperciba como Hilaria, y haya intentado hacer creer a todos que es española de pura cepa. Cuando se ha destapado la verdad, Hilaria no ha salido a pedir perdón por el invento, sino que prácticamente ha pedido perdón por ser americana, y sólo le ha faltado reafirmar que se siente muy orgullosa de sus inexistentes raíces españolas.

Tan orgullosa parece estar de sus orígenes ficticios que a sus hijos los ha llamado Carmen Gabriela, Rafael Thomas,​ Leonardo Ángel Charles,​ Romeo Alejandro David, y Eduardo Pau Lucas.

Llamarse Hillary, ser hija de bostonianos adinerados, y haberse criado en Massachusetts en las más elitistas escuelas y universidades, parece que no sólo no resulta “cool” para los progresistas, sino que puede ser motivo de vergüenza, por sus altas dosis de privilegio blanco. Al parecer, en Hollywood, cuna de la cultura “woke”, ser extranjero suma puntos en la escala de aceptación progresista. Aunque más que ser extranjero, la máxima puntuación la da el ser considerado no-blanco.

La clave es el odio al concepto del blanco occidental. Por ejemplo, ser británico te da puntos en Hollywood para interpretar a sofisticados villanos en las películas, como Christopher Lee o Alan Rickman, pero no otorga tanto crédito como el hecho de pertenecer a una minoría oprimida.

Por suerte para Hillary, durante su infancia, sus padres veraneaban en Mallorca, y no en Inglaterra, lo cual le ha permitido mimetizarse en el mundo de la farándula progresista sin levantar sospechas. Esto es gracias a que la cultura woke no desaprovecha ocasión para demostrar su idiotez y profunda ignorancia, ya que España, precisamente, está llena de blancos.

Es más, nada más blanco y “occidentalizado” que la historia del Imperio Español, donde no se ponía el Sol. Es de suponer que para un progresista, España no está en Europa, y como no se habla inglés, piensan que el idioma de Hilaria es “mexicano”, el que se habla más allá del muro fronterizo de Trump. ¿Qué más da? Lo importante para los progresistas es que no parezca americana.

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