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Joe BIden - El American

La hipocresía de Biden y Harris para condenar la violencia

Los golpes, destrozos, saqueos, y el rompimiento de la ley en general no pueden tener ojos partidistas

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Las imágenes y videos del verano pasado en Estados Unidos parecían una película apocalíptica: carros incendiados en las calles, edificios siendo vandalizados y reducidos a cenizas, turbas enardecidas ingresando a restaurantes, parques públicos y urbanizaciones privadas con violencia para amedrentar a quienes no portaran las banderas e insignias de Black Lives Matters, entre otras escenas que parecerían dignas de cualquier película de la saga The Purge.

Durante esos horribles meses los republicanos se cansaron de pedirles a los demócratas que repudiaran la violencia, hecho ante los que los demócratas se cruzaron de brazos en repetidas ocasiones y tan solo repetían que en el país había una violencia sistémica de parte de los cuerpos policiales, ignorando por completo las estadísticas oficiales que refutan este relato.  

En la jornada de ayer en Washington se volvieron a dar otros hechos de violencia y anarquía sumamente lamentables, pero en esta ocasión quienes lo perpetraban no eran miembros de Antifa, Black Lives Matters o seguidores del Partido Demócrata, esta vez quienes irrumpieron la ley fue un grupo de seguidores del presidente Trump quienes arremetieron contra el Capitolio de Washington D.C., en una desafortunada tarde que se cobró la vida de cuatro personas.

La violencia por el discurso político en Estados Unidos ha alcanzado quizás uno de sus picos más altos en las últimas décadas, el extremismo verbal con el que se dispara desde las dos veredas enfrentadas ha incrementado el foco de contingencia, no obstante y de ninguna manera justificando qué llevó a los seguidores de Trump a hacer lo que hicieron ayer, de parte de los líderes republicanos hubo de inmediato un repudio y rechazo absoluto a la violencia; el mismo presidente Donald Trump le pidió a sus seguidores irse en paz a sus casas, respetar la ley y el orden, ponerse del lado de los policías, mensaje que por cierto fue rápidamente tumbado por Twitter aunado a la suspensión de su cuenta.

Pero no solo fue Trump, los líderes más prominentes del Partido Republicano, desde el senador Ted Cruz, Rand Paul, Marco Rubio, e incluso los propios hijos del mandatario enviaron mensajes pidiendo a la gente respetar la ley y el orden e insistiendo en que los miembros del GOP no actuaban de esa manera; aun así la prensa nacional e internacional, e incluidos los propios demócratas satanizaron la actitud de los líderes republicanos y lejos de hacer eco a los pedidos de rectificación de una pequeña base violenta, lo que hicieron fue azuzar la violencia.

Un día después, el presidente electo Joe Bien y su compañera de fórmula, Kamala Harris, han salido a ofrecer discursos que lejos de apaciguar el conflicto distanciarán todavía más a los dos grupos en conflicto del país. El presidente electo acusó una vez más a la Policía de racista y dijo:

“Nadie puede decirme que si hubiera sido un grupo de Black Lives Matter protestando ayer, no hubieran sido tratados de manera muy, muy diferente a la turba de matones que irrumpió en el Capitolio”.

Dando a entender que los organismos de seguridad fueron condescendientes con los seguidores del presidente Trump, obviando por completo que en la desastrosa jornada cuatro personas perdieron la vida. Y su vicepresidenta Kamala Harris blanqueó las protestas apocalípticas del verano llamándolas “pacificas”, mientras acusaba con su dedo inquisidor lo ocurrido en Washington ayer:

“Fuimos testigos de dos sistemas de justicia cuando vimos uno que permitió que los extremistas asaltaran el Capitolio de los Estados Unidos y otro que lanzó gases lacrimógenos contra manifestantes pacíficos el verano pasado… Sabemos que esto es inaceptable. Sabemos que deberíamos ser mejores que esto”.

Cualquier persona con un mínimo de integridad y sentido de responsabilidad comprende que no hay excusas, ni para lo ocurrido ayer, ni para lo sucedido durante varios meses a lo largo de los Estados Unidos; sin embargo, es difícil en ocasiones pedir o esperar que millones de personas puedan tener el mismo nivel de raciocinio para dirimir conflictos de manera civilizada, y casi imposible pensar que no van a salir ovejas negras a inmolarse o destruir todo a su alrededor.

No obstante, lo mínimo que se espera es que los líderes de una nación sepan procesar todas estas emociones, frustraciones y energías para encontrar caminos de reconciliación, uno que definitivamente hoy ha sido minado una y otra vez por los demócratas, y en el que por más que los republicanos tiren puentes, si del otro lado lanzan bombas, será imposible allanar el camino.

La hipocresía de Joe Biden y Kamala Harris es inaceptable, los golpes, destrozos, saqueos, y el rompimiento de la ley en general no pueden tener ojos partidistas, de lo contrario se perdería la esencia de todo lo que constituye una gran nación.

Protestas de Black Lives Matters en el verano (Flickr)

Si este es el modo de iniciar cuatro años presidenciales, a Estados Unidos le espera un futuro bastante aterrador.

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