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La política exterior de Hungría ante la invasión rusa a Ucrania: pez pequeño, estanque grande

Orbán - Hungary - Hungría - El American

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Imagina que eres un país pequeño, sin salida al mar y sin recursos, atrapado entre dos imperios. Uno tiene gas barato y un suministro fiable, pero te dominó durante 50 años y sofocó todo intento de independencia. El otro tiene puertos y energía nuclear, pero no quiere permitirte desarrollar tu política nacional como país soberano y prácticamente te considera un indeseable. Además, ambos imperios se encuentran en medio de una brutal guerra en el territorio de tu mayor vecino; un imperio quiere pasar armamento por tu territorio, mientras que el otro amenaza con cortar tu suministro de gas y petróleo si lo permites.

Esto resume la complicada situación en la que se encuentra Hungría desde el punto de vista geopolítico. Si lees los principales medios de comunicación liberales, creerás que Orbán está siguiendo una política de apaciguamiento y neutralidad en la invasión rusa de Ucrania solo porque le gusta Putin. Aunque la “amistad” de Orbán con Putin es un tema que merece ser discutido, la política exterior de Hungría tiene más matices de lo que se suele pensar.

“Con Europa volcándose a la energía verde y el gas ruso tan barato y tan cerca de Hungría, la elección estaba clara; cuando eres una nación con pocos recursos, las alternativas se vuelven mucho más blanco y negro”, dijo a El American Tate Sanders, un investigador de la Budapest Foundation centrado en la política energética.

Vayamos paso a paso para entender la política exterior de Hungría.

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El problema energético de Hungría

Hungría es, de lejos, el país de la UE que más depende del gas ruso. No se conoce el porcentaje exacto de gas ruso importado, pero según a quién se pregunte, va del 80 al 95 %, además del 60 % del petróleo. Casi el 50 % de la energía húngara es nuclear, y Rusia es quien ayuda a Hungría a mantener sus centrales y le suministra material nuclear.

Muchos países y analistas han criticado a Hungría por su dependencia del gas ruso. Polonia también compró cerca de la mitad de su gas a Rusia y lo cortará por completo a finales de año; Alemania depende en un 40 % del gas ruso y detuvo el desarrollo del gasoducto Nord Stream 2, entre otros muchos ejemplos. Así, muchos se preguntan: ¿por qué Hungría no hace lo mismo? Pues bien, hay muchas diferencias.

En primer lugar, el nivel de dependencia entre Hungría y los demás países es simplemente incomparable. En segundo lugar, Hungría es un país sin salida al mar, lo que significa que le resulta más difícil comprar gas líquido. En tercer lugar, aunque cerca de la mitad de su energía procede de la nuclear, no tiene capacidad para ampliarla por sí mismo.

Todo esto significa que hay una gran diferencia entre que Alemania, Polonia o Francia reduzcan su dependencia del gas y el petróleo rusos y que Hungría lo haga. Todos estos países pueden comprar gas líquido y ampliar su capacidad nuclear por sí mismos, lo que mitiga el impacto de no comprar gas ruso. Además, Alemania prácticamente saboteó su independencia energética eliminando sus centrales nucleares y comprando más gas ruso; Hungría, en cambio, no tenía muchas opciones.

¿Qué pasaría si Hungría dejara de comprar gas ruso de la noche a la mañana? “Es casi seguro que no habría suficiente gas de otros países para llenar el vacío rápidamente. Aunque Hungría ha hecho bien en añadir instalaciones para mantener las reservas de gas, estas probablemente no durarían lo suficiente como para dar tiempo al país de ajustar su infraestructura energética y actualizar los acuerdos internacionales. En el mejor de los casos, los precios subirían significativamente, pero en el peor escenario, se podría incluso ver un racionamiento de la energía”, dijo Sanders.

“Rusia es el socio energético más importante para Hungría. No hay simpatía después de esta invasión, pero seguirá siendo un hecho durante años; la situación no cambiará por años porque no tenemos salida al mar y no podemos construir puertos de GNL (gas natural licuado)”, dijo a El American Attila Demkó, jefe del departamento de geopolítica del MCC y antiguo miembro de la delegación húngara en la OTAN.

Otro aspecto que se pasa por alto al analizar la política húngara durante la guerra es que el conflicto ocurrió apenas un mes antes de las elecciones. Anunciar sanciones contra Rusia que aumentaran los precios de la energía habría sido un suicidio político para Orbán en un país donde casi el 90 % de la población no apoya las sanciones a Rusia si eso implica pagar facturas más altas de energía y gas.

La OTAN y Hungría

Sin embargo, las autoridades húngaras creen que se han exagerado las tensiones entre la OTAN y Hungría. “La OTAN y Hungría están completamente alineadas”, dijo Tamás Menczer, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores húngaro. La OTAN ha declarado constantemente que no participa en el conflicto y ha asegurado que la guerra no debe ir más allá de las fronteras de Ucrania, posición que Hungría comparte.

Además, el 8 de abril, el Parlamento Europeo votó una resolución que pedía sanciones adicionales a Rusia, incluyendo “un embargo total e inmediato de las importaciones rusas de petróleo, carbón, combustible nuclear y gas”, que contó con el apoyo de los eurodiputados del Fidesz, que dijeron estar “en desacuerdo con las sanciones de la resolución, pero votaron a favor de ellas para apoyar la unidad europea y a Ucrania”.

Hungría no tardó en denunciar la invasión rusa como una agresión. Orbán también condenó y pidió una investigación internacional sobre la masacre de Bucha. En una rueda de prensa tras su victoria, se le preguntó al primer ministro Orbán si Putin le había pedido que vetara las sanciones europeas contra el gas y el petróleo rusos, y respondió que “Hungría es un miembro de la OTAN y de la UE que se opone [a la invasión rusa], por lo tanto, Rusia nunca le pedirá nada”.

Tensiones en el grupo de Visegrado

La neutralidad de Hungría se ganó las críticas del grupo de Visegrado, la pequeña pero influyente alianza entre países centroeuropeos de ideas afines dentro de la UE, especialmente Polonia, que ha sido el líder moral de la respuesta de la UE contra la invasión rusa.

Las diferencias entre la respuesta polaca y la húngara tienen profundas raíces económicas e históricas.

“En Polonia tenemos la sensación de que, hasta cierto punto, existe la posibilidad de que, si Rusia tiene éxito, el siguiente objetivo sea nuestro país. Así que, desde el principio, nos apresuramos a ayudar, no solo a los refugiados, como ha hecho Hungría, sino también con armas y sanciones. Hungría, desde el principio, dijo que no era su guerra”, dijo a El American Jacek Karnowski, escritor y editor de Polish Weekly, una influyente revista conservadora en Polonia.

“La agresión rusa contra Ucrania tomó claramente a Budapest por sorpresa; hasta el final, Hungría parecía pensar que la acumulación militar alrededor de las fronteras de Ucrania era solo una provocación. Tampoco se fiaron de las señales procedentes de Polonia”, añadió Karnowski en una columna publicada tras la reelección de Orbán.

La mayoría de los analistas conservadores húngaros coinciden en que, a pesar de la imagen de que Orbán goza de una amistad con Putin, la relación es más de conveniencia que otra cosa. “Hungría depende del gas ruso por su proximidad y su bajo precio. Por ello, la política exterior húngara siempre ha pretendido ser equilibrada, separando la cooperación por intereses en materia de política energética de las relaciones políticas, que siempre han sido pro-OTAN y pro-Europa”, explica Marcell Bakos, editor de Axióma, a El American.

“Hungría, por lo tanto, condena la agresión militar rusa contra Ucrania, pero no apoya cortar los lazos petroleros y energéticos con Rusia ni permitir que los envíos de armas de la OTAN crucen de Hungría a Ucrania, ya que amenazaría seriamente la seguridad y los intereses energéticos húngaros”, añadió.

Aunque las relaciones en el seno del Grupo de Visegrado están probablemente en su punto más bajo, Karnowski es optimista en cuanto a que las cosas acabarán por solucionarse. “La alianza polaco-húngara consistía principalmente en oponerse a la Unión Europea, a las sanciones, a la centralización y a defender la Europa de las naciones. Esto sigue siendo válido. Por supuesto, las emociones juegan un papel importante y ahora están un poco en contra de Orbán, pero creo que no es nada que no podamos superar en el futuro”.

De hecho, aunque Polonia ha criticado abiertamente a Hungría por su posición en el conflicto, no ha exagerado su influencia en la política general de la UE. El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, dijo que “es Alemania el principal obstáculo para las sanciones. Hungría está a favor de las sanciones” contra Rusia.

Al fin y al cabo, Hungría está en el lado pequeño de los miembros de la UE y el hecho de que compre o no gas a Rusia es más simbólico que otra cosa, ya que apenas tendría impacto en la economía rusa. Alemania, por su parte, aumentó innecesariamente su dependencia de la energía rusa mientras reducía su propia producción nuclear.

Promesas incumplidas y el futuro de la política energética húngara

La dependencia húngara del gas ruso no es un tema nuevo, aunque sea más discutido que nunca. De hecho, una de las principales promesas de campaña de Orbán en 2018 fue reducir la dependencia del gas ruso para 2022 con una alianza energética con Rumanía, algo que no ocurrió, y aunque existen ciertos planes para diversificar y reducir la dependencia, no son proyectos a corto plazo.

“Polonia también dependía del gas y el petróleo rusos, pero desde el principio intentamos ser lo más independientes posible. Construimos puertos especiales de GNL, importamos petróleo de diferentes fuentes. Para Hungría es un poco más difícil, pero no es imposible”, dijo Karnowski a El American.

“Creo que, francamente, Hungría sobrevaloró los beneficios del gas ruso barato, porque Polonia tiene precios más altos, pero nos desarrollamos al mismo ritmo, incluso más rápido. Así que creo que hay una especie de ilusión de que el gas ruso barato te da una gran ventaja económica que te convertirá en un campeón económico”, añadió.

“El Gobierno húngaro ha intentado mitigar la total dependencia del petróleo y gas ruso apoyando la construcción de gasoductos alternativos. Uno de ellos es la terminal de GNL situada en la isla de Krk (Croacia). No se puede subestimar la importancia de esta terminal, que incluso está incluida en la estrategia energética nacional de Hungría. Hungría llegó a un acuerdo con Shell —el propietario de la terminal— que garantizará el suministro de gas desde Krk en el futuro”, declaró Bakos a El American.

Si la central nuclear de Paks, modernizada con ayuda rusa, y los planes de energía solar aumentan según lo previsto, el gas podría ser la fuente de solo el 10 % de la energía húngara en 2030, dijo Orbán en la citada rueda de prensa, lo que haría menos relevante su dependencia del gas ruso.

Aun así, estos y otros planes son a largo plazo, y la situación en Ucrania amerita soluciones a corto plazo, de las que Hungría, lamentablemente, carece. “Hay opciones futuras de países como Azerbaiyán o Emiratos Árabes Unidos, pero son proyectos a más largo plazo que probablemente llevarían demasiado tiempo. En cuanto al hecho de no tener salida al mar, no es una buena situación, porque hay que tener al menos otro país que tenga las instalaciones necesarias para llevar el gas o el petróleo con oleoductos y, en el caso del GNL, una terminal muy especializada. Esto solo añade más quebraderos de cabeza y más tiempo, algo que a Europa no le sobra en este momento con la guerra”, concluyó Sanders.

Para países como Polonia y Hungría, históricamente atrapados entre imperios, las decisiones geopolíticas tienen pocos grises. Situaciones como la invasión rusa a Ucrania muestran a estos países que no se puede dar la mano a Dios y al Diablo, al final hay que servir a alguien.

“Estamos en un corredor geopolítico. Polonia está en el camino del Este al Oeste, entre Rusia y Alemania; no podemos escapar, no podemos evitar ese conflicto. Hay que elegir entre someterse al poder ruso o negarse a hacerlo. No hay punto medio”, dijo Karnowski.

Parece que el momento de decidir le llegó a Hungría en un momento que no esperaba. El sentimiento general parece ser que Rusia es un socio tóxico, aunque necesario, sobre todo cuando Europa parece fustigar a Hungría por su dependencia sin intentar presentar ninguna alternativa viable.

Aun así, Hungría es uno de los países más pro-UE y pro-OTAN dentro de ambas alianzas. Los húngaros y su Gobierno se ven a sí mismos como miembros del futuro de Europa. Aunque son optimistas en cuanto a tener relaciones sólidas con Rusia, ven esa relación como algo meramente práctico, mientras que las relaciones con Europa se consideran existenciales. “Seguimos viendo nuestro futuro en la Unión Europea y queremos desempeñar un papel activo en la configuración de la Unión Europea del futuro”, dijo Orbán en la rueda de prensa.

Esperemos que la Unión Europea crea lo mismo.

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