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El idiota de la semana: Hollywoke

El idiota de la semana: Hollywoke

El galardón del Idiota de la Semana de El American va para Hollywoke

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El galardón de Idiota de la Semana de El American va para la industria del entretenimiento cinematográfico, antes conocida como Hollywood o “la fábrica de sueños”, pero que bien podría llamarse la fábrica de propaganda progresista de Hollywoke.

Esta semana se celebró la gala de entrega de los Premios Oscar y, para sorpresa de nadie, se volvió a convertir en un aquelarre de progresistas multimillonarios lanzando diatribas políticas.

Una vez al año se reúnen actores, directores, guionistas, productores y demás seres ungidos por la genialidad, para darse premios entre ellos y reconocer humildemente lo maravillosos que son al aceptarlos.

Este grupo de elegidos por las musas no se limitan a agradecer el Oscar, felicitarse entre ellos e irse a casa a disfrutar de sus fortunas, sino que graciosamente hacen el gran sacrificio de cumplir con el deber moral de explicarnos al común de los mortales cómo debemos vivir, cómo debemos pensar y, sobre todo, cómo debemos votar bien, siguiendo su virtuoso ejemplo. Gracias por tanto, de corazón.

Las estrellas de Hollywoke y sus sermones políticos

El resto del año, la mayoría de ellos se dedica a sufrir mucho, para así poder decirnos con conocimiento de causa lo que estamos haciendo mal. Muchos pasan el año sumidos en el alcoholismo y las drogas, o luchando contra desórdenes alimenticios. Pero como han inspeccionado concienzudamente las más prestigiosas y elitistas clínicas de rehabilitación, están capacitados para sermonearnos por comer carne, ya que al hacerlo estamos derritiendo los casquetes polares.

Otros descargan en todo tipo de actividades lúbricas el estrés que les genera la gran responsabilidad de tener que ser un faro de iluminación para la plebe. Cambian de pareja asiduamente, se casan y se divorcian a un ritmo vertiginoso, van saltando entre los más de 72 géneros y orientaciones sexuales disponibles, y los menos atrevidos o más conservadores se dedican a adoptar niños de todas las razas posibles, como quien colecciona pokemons.

Si no fuera por sus sacrificados trabajos de investigación, muchos podríamos pensar que formar una familia tradicional y estable entre miembros cisgénero podría ser algo agradable. Por suerte no es así, y nos abren los ojos y las puertas de la percepción a todo un universo de posibilidades y combinaciones.

Otra cosa que hacemos mal es no ser body-positive y darle demasiada importancia a la apariencia física, lo cual les obliga a hacerse tantas cirugías estéticas que dejan sin expresividad a los músculos de sus rostros. ¡Si tan solo fuéramos menos superficiales y no juzgáramos tanto!

Enfundadas en los más finos ropajes de diseñadores de alta costura y adornadas por joyas de valor incalculable, las actrices nos aconsejan sobre los males del capitalismo heteropatriarcal. Nuestro bienestar pasa por no ser propietarios de nada, no caer en las garras de la codicia y asumir que el dinero no da la felicidad. Lo saben bien porque secan sus lágrimas con billetes de 100 dólares, y aun así son muy infelices.

Hollywoke
Fat Max Gsus y Savan Kotecha posan como dos santones anacoretas a la llegada de la retransmisión de la gala de los Oscar en Suecia. (EFE)

Así que la brecha salarial de las actrices que cobran un par de millones menos que los actores urge solucionarla. Si hay algo más grave y urgente que solucionar que la opresión de las mujeres en Hollywoke, es el racismo estructural. De hecho, ser actriz afroamericana en Hollywoke es una de las experiencias más arduas y dolorosas que se pueden concebir. Probablemente la única actriz afroamericana a la que le ha ido bien en Hollywood es a Charlize Theron. Cosas del privilegio blanco.

En resumidas cuentas, la conclusión que sacan las estrellas de Hollywoke durante el cónclave de los Premios Oscar es que si a los progresistas de Hollywood todo les va tan rematadamente mal, no soportan imaginarse —gracias a su empático y sangrante corazón— lo horrible que debe de resultarnos al resto la existencia. Si tan solo les hiciéramos un poco más de caso y prestásemos más atención a sus consejos.

Pero no, la audiencia se empeña en no escucharlos y dar la espalda a sus sabios consejos vitales. Con el enorme esfuerzo intelectual y artístico que hacen, y nosotros nos empeñamos en esperar que la gala de los Oscar simplemente sea un espectáculo y un entretenimiento. ¡Cómo osamos a dar la espalda a sus sermones políticos!

Aunque en sus vitrinas pusieran el galardón de Idiota de la Semana de El American, solo verán la estatuilla del Oscar, esa que les confirma que son unos seres iluminados, conocedores de la solución para todos los problemas del mundo y los elegidos para señalar al resto de los mortales el camino correcto de cómo ha de organizarse la sociedad. Si no hacemos caso a lo que diga Hollywoke, es que nosotros somos los idiotas.

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