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Pantene, Tuiteros antiarmas

El idiota de la semana: ¿Pantene o tuiteros antiarmas?

Nuevamente los lectores de El American tendrán que elegir quién se lleva el galardón de El Idiota de la Semana. ¿Pantene o los tuiteros anti-armas?

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Nuevamente los lectores de El American tendrán que elegir quién se lleva el galardón de El Idiota de la Semana. En esta ocasión tenemos a la empresa Pantene, que se ha lanzado a promover la transexualidad infantil para vender más botes de champú y a la izquierda antiarmas de Twitter, que con el trágico tiroteo de Boulder, volvió a lanzar su campaña de acoso y derribo a la Segunda Enmienda.

Pantene suaviza la transexualidad infantil

Pantene es una marca de productos para el pelo conocida internacionalmente. Convertirse en embajadora de Pantene ha supuesto todo un hito para las carreras de modelos como Gisele Bündchen, Kelly LeBrock, Selena Gomez o Iman.

«Don’t hate me because I’m beautiful» era su eslogan. Por supuesto, esto llevó a que Pantene fuera criticada por las feministas. Al fin y al cabo, parece que la frase estuviera dirigida directamente a ellas, ya que el feminismo moderno parece basarse en el odio al hombre y, sobre todo, a toda mujer que no sea de izquierdas. Si además es guapa, el odio ya es total.

Pues ahora parece que Pantene se quiere reconciliar con el mundo feminista y de la ideología de género, por lo que ha sacado una campaña publicitaria celebrando la transexualidad infantil.

La infancia es esa etapa en la que te parece buena idea alimentarte exclusivamente a base de golosinas, dormir en una cama con forma de bólido de carreras e incluso algunos niños estarían convencidos de que nunca se arrepentirán de hacerse un tatuaje de Bob Esponja que les cubra toda la espalda.

Por suerte, los padres suelen poner límites a esas brillantes ideas, y no es porque odien o le tengan fobia a Bob Esponja, sino porque saben que en el futuro es muy probable que sus hijos se arrepientan de decisiones tan drásticas, tomadas durante un período que, por naturaleza, es de inmadurez y confusión.

Ahora imaginen que una empresa de juguetes, en uno de sus anuncios, animara a los niños a tatuarse todo el cuerpo de rojo y negro, y a implantarse unos cuernos en su rapada cabeza como el Dark Lord of the Sith Darth Maul. O a operarse las orejas y dejarlas puntiagudas para parecerse el Dr. Spock de Star Trek. Imaginen que en esos anuncios mostrasen a unos padres muy fans de Star Wars, o muy trekkies, orgullosos de la transformación de su hijo.

Estamos convencidos de que muchos padres, por muy trekkies o fans de Star Wars que fueran, no estarían de acuerdo con esta campaña, y no por ello se les llamaría “trekkiefóbicos” o haters de Star Wars.

Cualquiera podría pensar que esas campañas promueven el abuso de menores, y que esos padres podrían estar influenciando a sus hijos, a quienes pareciera que los están tratando como pequeños juguetes sobre los que proyectar sus aficiones.

Ninguna asociación de fans de Star Wars o Star Trek debería tener el poder suficiente como para exigirle al gobierno que permita —o incluso promueva o financie— que  los niños puedan llevar a cabo esa transformación, y mucho menos para conseguir que se encarcele a los padres que se opongan.

Pues por algún extraño motivo, el lobby transexual tiene inmunidad frente a situaciones en esencia similares, y Pantene celebra en su último anuncio que el hijo pequeño de una pareja de lesbianas esté convencido de que es una niña atrapada en el cuerpo de un niño, y que, como primer paso hacia su transición, el champú le ayude a tener una brillante y sedosa melena.

La niña transexual del anuncio no está haciendo nada malo, merece todo el amor, y sus madres seguramente estén actuando de buena fe, pero animar a cambios tan drásticos y permanentes a una edad tan temprana puede ser un error irremediable, y no debería celebrarse, ni promoverse comercialmente.

Pantene podría haber hecho el mismo anuncio dirigido a transexuales adultos que quieran tener una bonita cabellera y no veríamos nada malo en esa campaña publicitaria. Pero que se haya lanzado a celebrar y promover la transexualidad infantil para vender más botes de champú, creemos que es una temeridad digna del galardón de idiota de la semana.

Tuiteros antiarmas

En este hilo de Twitter de Caleb Hull podemos encontrar una recopilación de tweets de izquierdistas que se apresuraron a asumir que el hombre responsable del tiroteo del pasado martes en Boulder era blanco —y no musulmán, como luego se supo—. ¿El motivo? Que lo habían detenido sin haberlo matado.

El falso relato izquierdista de que los tiroteos son causados por hombres blancos de extrema derecha que se amparan en una ya obsoleta Segunda Enmienda, se deshacía como un azucarillo en el agua cuando se supo que el supuesto asesino era un musulmán de origen sirio llamado Ahmad Al Aliwi Alissa.

Muchos de ellos borraron sus tweets tras la noticia. Estos tuiteros progresistas son candidatos a idiota de la semana, pero al menos demuestran conservar cierto sentido del ridículo al borrarlos.

Como el caso de Meena Harris, sobrina de Kamala Harris, quien después de apuntarse a la teoría del violento hombre blanco asesino, borró el tweet. Pero como se habían hecho muchas capturas de pantalla, se vio obligada a explicar que lo había borrado por hacer una falsa presunción, eso sí, para luego redoblar su apuesta y decir que, al fin y al cabo, era normal ese prejuicio porque habitualmente es así. Curiosa forma de disculparse, volviendo a decir lo mismo por lo que pedía perdón. 

Pantene. Tuiteros antiarmas
Captura del extraño tweet de disculpa de Meena Harris.

Sentimos romper tu burbuja Meena, pero esto no es así. Hasta Snopes —un famoso portal de fact-checking muy independiente, pero con un claro sesgo izquierdista— acepta a regañadientes que el relato de los tuiteros antiarmas de izquierdas es incorrecto.

La izquierda está muy interesada en arrebatarles a los americanos de bien el derecho a portar armas. No podemos estar seguros de si su pasión por desarmar al pueblo es la misma pasión que llevó a personajes como Mao, Stalin, Chávez o Hitler a hacer lo mismo en sus países. Pero lo que sí sabemos es que es una pasión ardiente, a juzgar por sus campañas mediáticas cada vez que hay un tiroteo.

Mary L. Trump, sobrina de Donald Trump, quien en 2020 escribiera un libro despotricando de su tío, llegó a decir hace unos días en Twitter que «la NRA es una organización terrorista y debería ser tratada como tal».

Para la izquierda, defender la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos te convierte en un terrorista. Quizás se sientan más cómodos con las constituciones de otros países o, ya puestos, estarían más a gusto sin una constitución que limite el poder del gobierno. De un gobierno de los suyos, claro.

El derecho a portar armas no solo dificulta las acciones de un gobierno tiránico, sino que nos convierte en mejores ciudadanos, ya que permite la autodefensa de todos los buenos ciudadanos, sea cual sea su raza. Sin la Segunda Enmienda, solo los delincuentes irían armados, fuera cual fuera su raza.

Los izquierdistas siempre se quejan de que los defensores de la Segunda Enmienda se sienten fascinados por las armas y la violencia. Pero la verdad es que quienes muestran un comportamiento fascinante con respecto a las armas son los progresistas. A su vez, acusan al resto de racistas, cuando quienes juzgan de forma diferente un mismo acto en función de la raza de quien lo lleva a cabo son precisamente ellos.

Si un borracho al volante atropella a alguien, la culpa es del borracho, no del coche; si alguien apuñala a otra persona, la culpa no es del cuchillo, sino del atacante. Pero si alguien dispara con un arma, para la izquierda, la culpa es del arma. Y si el que dispara es un “blanco defensor de la Segunda Enmienda”, entonces los culpables son el arma, su blanquitud y la segunda enmienda. ¿No es fascinante?

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