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¿Implicará el 5G que seamos menos libres?

El problema no es el medio, sino el fin al que se quiera destinar su uso

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Sin necesidad de indagar en muchos detalles técnicos, es fácil abstraer que el desarrollo de las distintas soluciones técnicas implica que tengan una mayor velocidad y capacidad de rendimiento y procesamiento. No importa si hablamos de una aplicación web, un teléfono móvil de última generación o cualquier otro “invento” que busque facilitarnos el día a día.

Esto se aplica también a las generaciones de telefonía móvil, cuya futura versión, en la que ya se está trabajando, tiene el quinto orden. En otras palabras, hablamos del conocido, controvertido, sugestivo y polémico 5G, que ha sido un objeto de tensas discusiones en el último bienio.

A raíz de la crisis sanitaria, económica y política que se ocasionó dada la propagación del llamado “virus chino”, hubo quienes llegaron a elaborar teorías sobre el 5G que en ocasiones excedían la razonable preocupación por la privacidad y la propiedad, incurriendo en la llamada conspiranoia.

Hay quienes sostienen que los “brotes” de coronavirus eran más intensos en zonas donde había antenas de telecomunicaciones para dispositivos cuyas redes estén preparadas para generación telefónica (recordemos que en algunas zonas hubo campañas de destrucción de las mismas; por ejemplo, en Francia y Reino Unido).

Mientras, otros sostienen que las principales soluciones inmunológicas (vacunas) contienen unos microchips de escala nanométrica que facilitarán en un plazo no muy extenso la monitorización de la ciudadanía por parte de los Estados y de otras entidades que bajo el marco del crony capitalism pudieran cooperar con los primeros.

Personalmente, entiendo que pueda haber objeciones sobre la vacunación, más allá de la cuestión de la libre elección. También asumo que hay que ser crítico en todos los aspectos de la vida, sin excluir ninguna disciplina. No obstante, no encuentro motivos para hacer una crítica generalizada e infundada a lo que viene a ser parte del orden espontáneo evolutivo (tecnología).

Ventajas del 5G

Una de las principales ventajas de la quinta generación de telefonía móvil será una aceleración de los distintos mecanismos de conectividad entre dispositivos y puntos geográficos. Las conexiones serán menos latentes así como mucho más rápidas, pudiendo resistir a un mayor número de nodos (equipos conectados) en redes concretas.

En una unidad de área podrá haber una cantidad de dispositivos conectados que se pueda multiplicar por cien mientras que el ancho de banda, también en base a la unidad de área, se verá multiplicado por una unidad de millar. Al mismo tiempo, según el portal web de Thales Group, la velocidad de datos podrá alcanzar hasta 10 gigabits por segundo (Gbps).

Esa mayor velocidad será factible en la medida en la que las frecuencias se acortan, oscilando el milímetro entre los treinta y los trescientos gigahertzios (GHz). Pero es que la reducción de la tasa de latencia se puede cuantificar en un solo milisegundo, lo cual reduce casi en dos centenas esa tasa que se daba en el 4G.

Utilidades cotidianas, ¿teoría utópica?

La Asociación GSM (GSMA, por su acrónimo en inglés) reconoce, en un informe publicado en julio del año 2020 y titulado 5G and Data Privacy – An overview for policymakers, que puede haber riesgos y desafíos en materia de privacidad que han de ser considerados por las organizaciones y entidades implicadas en distintos proyectos.

En cuanto al menor tamaño de los dispositivos (entran aquí los llamados chips), se considera que habrá información de geoposicionamiento mucho más precisa, incrementando el volumen de datos en su conjunto. Recordemos que los sistemas de geoposicionamiento por satélite son cada vez más potentes, dada nuestra progresiva hiperconectividad.

Habrá a su vez un mayor número de antenas con una ingente cantidad de intercambios bidireccionales y múltiples, tanto de entrada como de salida. Pero se considera que será prácticamente imposible inferir algo de los parámetros de los paquetes de datos que compongan esa comunicación, con independencia de la dirección geográfica.

En cualquier caso, dado que habrá un mayor volumen de redes virtuales en las organizaciones, consideran que debe de haber “capas de red”, que permitan aislar datos que resulten estrictamente confidenciales, como pudiera ocurrir en una entidad financiera o en un servicio policial. Obvian a su vez que habrá que establecer muchos mecanismos de prevención.

Dicho esto, conviene citar algunas de sus aplicaciones. La asistencia sanitaria figurará entre estas, asegurará una mayor precisión en el diagnóstico y en el tratamiento. Por ejemplo, en el tratamiento de las imágenes y la realidad virtual, que pueden facilitar la tarea de tratar a pacientes con lesiones o determinados tumores.

El Big Data también entra en juego, junto a la Inteligencia Artificial, ya que se podrá hacer un seguimiento clínico que trasciende la posibilidad de una futura atención remota. Se puede evitar el padecimiento de determinadas enfermedades o contar con información de análisis clínicos mucho más detallada, que repercuta en una mayor esperanza de vida.

La computación en la nube será mucho más óptima, pero también se optimizarán las conexiones en vivo, lo cual tendrá su rentabilidad en educación, sanidad y periodismo. Al mismo tiempo, los vehículos autónomos y la domótica podrán reducir, según el caso, el riesgo de accidente, y facilitar tareas a personas con discapacidad visual, auditiva o motora.

¿Motivos para el escepticismo?

Los riesgos de estos desarrollos de la ingeniería de telecomunicaciones son los mismos que compota cualquier otro avance espontáneo. Una vez más insistiré en que el problema no es el medio, sino el fin al que se quiera destinar su uso. De hecho, el Mal es por desgracia un problema en nuestro mundo, dentro y fuera de la red de redes y lo que depende de bits (ceros y unos).

Con lo cual, lo que habrá que hacer es apostar y contribuir en todo aquello que permita un mayor desarrollo social, económico y científico, pero al mismo tiempo, estar en alerta ante cualquier oportunidad que puedan encontrar los totalitarios de los Estados modernos para aplastar y arruinar a la sociedad.

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