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Mayoría de independientes y republicanos no confía en la prensa: solo los demócratas compran sus historias

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El periodismo americano afronta una de sus etapas más oscuras en toda su historia. Entre 2020 y 2021, el barómetro de confianza de Gallup detectó que la confianza de los ciudadanos de Estados Unidos para que los medios tradicionales informen “las noticias de manera completa, precisa y justa” bajó al 36 %, el segundo peor detectado por Gallup desde aquellas elecciones presidenciales del 2016 entre Clinton y Trump.

Otra organización que detectó esta tendencia fue Edelman, cuyo barómetro anual de confianza arrojó que más de la mitad de los americanos ya no confía en los medios tradicionales. De hecho, el estudio afirma que el 56 % de los americanos cree que “los periodistas y reporteros intentan engañar a la gente a propósito diciendo cosas que saben que son falsas o grandes exageraciones”.

Ahora, de acuerdo con un estudio elaborado por The Economist y YouGovAmerica, a dos años de haber iniciado la pandemia y a más de un año de que Donald Trump dejara la Casa Blanca, ocurre que la desconfianza hacia la prensa está funcionando como una especie de epidemia que está afectando a los votantes republicanos, principalmente.

Los demócratas, en cambio, aunque hayan reducido su confianza algunos pocos puntos porcentuales, siguen confiando en la prensa tradicional. Este paradigma, la desconfianza republicana y la confianza demócrata, representa el principal punto de división entre los estudios de confianza en los últimos años.

El estudio de YouGovAmerica se basó en la opinión de 1,500 americanos, a quiénes se les preguntó dónde consiguen o leen las noticias y qué tanto confían en diversos medios nacionales. Las conclusiones son claras: ningún medio americano tiene una confianza superior al 40 % salvo la red pública PBS (41 %) y The Weather Channel (52 %). De hecho, el medio mejor valuado, y coincidentemente uno de los más equilibrados, es The Wall Street Journal (37 %).

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Además, la tendencia es que los republicanos tienden a desconfiar mucho más en los medios que los demócratas, quienes confían mayoritariamente (por encima del 50 %) en medios nacionales de corte liberal-progresista como CNN, The New York Times, The Washington Post, entre otros. Los republicanos, aunque bajaron un poco su confianza (de 57 % a 53 %), solo confían en Fox News por más del 50 %.

La desconfianza en los medios tradicionales se convierte en una epidemia que se expande entre republicanos e independientes
Los medios tradicionales afrontan un problema de desconfianza con el público conservador importante. (Captura de pantalla estudio The Economist / YouGov)

Según el estudio, de hecho, el medio de comunicación más polarizado políticamente es CNN, pues «casi dos tercios de los demócratas (66 %) califican a CNN como confiable, en comparación con el 11% de los republicanos, una diferencia de 55 puntos». Le sigue el Times, con una diferencia partidista de 49 puntos, ya que un 63 % de los demócratas confía en el medio, mientras que el 14 % de los republicanos lo hace.

No obstante, hay un dato que ejemplifica mucho mejor la desconfianza del americano de pie para con la prensa y fue revelado por Gallup: solo el 31 % de los independientes en la actualidad dice que confía mucho en la prensa. Su máximo, se alcanzó en 2003, cuando un 53 % de los independientes dijo que confiaba mucho en la prensa. De hecho, desde ese año, la tendencia ha sido a la baja tanto para independientes y republicanos.

La desconfianza en los medios tradicionales se convierte en una epidemia que se expande entre republicanos e independientes
Datos de Gallup que explica como los independientes ya no confían en los medios tradicionales con tendencia a la baja desde 2003 salvo contadas excepciones como entre 2017-2018. (Gallup).

¿Por qué los republicanos e independientes son más escépticos con los medios tradicionales?

Hay quién dice que la figura de Donald Trump marcó un antes y un después en la forma en la que los conservadores perciben a la prensa tradicional. Es una hipótesis lógica, pero no porque sea culpa del expresidente, sino porque desde su llegada a la esfera política los propios medios tradicionales se preocuparon por mostrarse mayormente afines a ideas y políticas de corte liberal-progresista abandonando el principio de ecuanimidad y la rigurosidad periodística. Esto generó una desconfianza profunda dentro del público conservador afianzando la tendencia que venía viéndose este siglo.

De hecho, en el último lustro, hubo casos emblemáticos que bien podrían explicar porqué los republicanos, e incluso los independientes, desconfían de la prensa.

Hunter Biden, su laptop y los turbios negocios en el extranjero. La poca cobertura que recibió la laptop del hijo del entonces candidato presidencial, Joe Biden, fue escandalosa. El New York Post, en un importante trabajo de investigación, descubrió que una laptop perteneciente al hijo del actual presidente podría contener conversaciones que vinculen a Joe Biden con sus negocios en el extranjero; algo que el propio Biden ha negado en múltiples ocasiones, incluso antes de llegar a la Casa Blanca. Esta computadora, en su momento ignorada o desprestigiada y tildada de «desinformación rusa», hoy es reconocida por los dos periódicos de alcance nacional y de línea editorial liberal por excelencia: The New York Times y The Washington Post. Tuvo que pasar un año y medio para que el tabloide neoyorquino sea reconocido por su trabajo.

Hunter, Biden, Obama
Barack Obama (i), Joe Biden (c) y Hunter Biden (d). (EFE)

La nula solidaridad para con el New York Post. Ciertamente, la prensa liberal se comportó terriblemente en el trato informativo que le dio a la computadora de Hunter Biden —esto admitido por el propio Washington Post—, no obstante, hubo otra situación que casi ningún medio, en ninguna de sus juntas editoriales, se atrevió a denunciar: la censura contra el tabloide por parte de las Big Tech.

La historia del Post, que resultó ser cierta y no violó ninguna norma de privacidad o pirateo como en su momento arguyeron Twitter y Facebook, fue limitada por las principales plataformas de redes sociales para que no se difundiera semanas previas a las elecciones de 2020. El New York Post, de hecho, fue suspendido y censurado por Twitter durante semanas. Ningún medio, salvo el Wall Street Journal, alzó la voz en favor de uno de las publicaciones más longevas de Estados Unidos. ¿Si Twitter hubiese censurado al Times o al WaPo qué hubieran hecho los medios nacionales? Es una pregunta que bien podría hacerse un votante conservador o independiente.

Las mentiras y conspiración contra Donald Trump. Esto puede pesar mucho más dentro del votante republicano que del independiente, sin embargo, explica el fenómeno expuesto por los estudios de confianza en los medios tradicionales de los últimos años. Contra Trump, los medios emprendieron una guerra y viceversa: mientras el presidente los llamaba medios de desinformación, las organizaciones de noticias liberales atacaban con igual furia; tildándolo de ser un peligro para la democracia, desmeritando varios de sus logros como presidente, acusándolo de afincar la polarización política y social (sin darle crédito a los demócratas), llamándole racista, homofóbico y un largo etcétera que evidentemente generó un clima hostil entre la Casa Blanca y los medios liberales durante cuatro años.

El problema no está en que los medios le pongan la lupa a un presidente, pues para eso exista la prensa, para cuestionar a los políticos como aliada de los ciudadanos, sino cuando se usan herramientas comunicacionales para atacar a un político por el simple hecho de que no comparta tus ideas. Hay quiénes, como la galardonada periodista y escritora Sharyl Attkisson, se han dedicado a contabilizar las fake news contra Trump proveniente de los medios, el dato es arrollador, hasta 157 historias se publicaron contra el expresidente con errores factuales. ¿Cuántas notas, artículos de opinión y tweets salieron de esas decenas de noticias falsas? Incontables.

Lo más alarmante, además, es que la misma prensa celebró esta “exitosa” campaña de conspiración contra Donald Trump. La propia revista TIME admitió que hubo un grandioso esfuerzo, que incluyó a demócratas, liberales, organizaciones progresistas, Black Lives Matter, la prensa e incluso actores conservadores para ir contra Trump en la campaña presidencial del 2020, para impedir la reelección del expresidente bajo el lema de «salvar la democracia». Fue la admisión de que la prensa, supuestamente objetiva y ecuánime, dejó a un costado los valores periodísticos para jugar abiertamente con los demócratas.

Hay muchos ejemplos que se pueden agregar a la lista: la cobertura con respecto a la pandemia —mandatos de vacunación, mascarillas y confinamientos— los disturbios durante el verano del 2020 encabezados por Black Lives Matter y Antifa; la historia de Kyle Rittenhouse, el joven inocente que fue declarado inocente en las cortes pero que previamente fue vapuleado por la prensa nacional por defenderse de lo que era una posible muerte por asalto; todos son casos que, evidentemente, explican de alguna u otra forma por qué la gran mayoría del electorado republicano y una gran parte del electorado independiente hoy desconfía en la prensa tradicional americana.

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