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Méxio, la ineptitud del gobierno enluta al país. Imagen: EFE/ José Méndez

México, la ineptitud mata

La ineptitud mata, y el mal trabajo del Gobierno mexicano ante el Covid-19, convirtió al país en epicentro de la pandemia y ahora hasta Obrador está enfermo

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La ineptitud mata, la ineptitud empeora cualquier crisis, multiplica los problemas y eventualmente colapsa todo bajo el peso monumental de la incompetencia. En México, el Gobierno federal ha convertido su estrategia en un elogio a la ineptitud y el resultado es una tragedia humanitaria que empeora todos los días.

Sí, es cierto que el Covid-19 llegó a todo el mundo y que, el presidente de México no tuvo ninguna responsabilidad en su origen, pero también es cierto que casi todos los demás países han respondido ante la crisis de manera más adecuada (o, al menos, de forma más consciente) y que la irresponsabilidad de las autoridades mexicanas ha provocado directamente miles de muertes que en otras circunstancias se habrían evitado.

Elogio de la ineptitud

Desde el inicio, Andrés Manuel López Obrador dejó muy claro que para su Gobierno las consideraciones técnicas son irrelevantes y la política es lo único que importa. Incluso lo ha presumido, pues literalmente declaró que sus funcionarios deben tener “90 % de honestidad y 10 % de experiencia”.

El “90 % de honestidad” deja despacio para un 10 % de corrupción que se ha traducido en escándalos como los de Manuel Bartlett, pero eso hablaremos otro día. En este caso lo más grave es que ese 10% de experiencia viene acompañado de un 90 % de ineptitud que ha convertido a las estrategias del Gobierno mexicano en un rosario de errores que matan.

La ineptitud mata

Veamos el caso del sistema de salud. Durante los últimos 20 años México había consolidado un programa de atención pública conocido como “Seguro Popular”, que no era perfecto, pero que sí representaba un gigantesco avance respecto a las opciones anteriores. Gracias a este, millones de mexicanos tuvieron acceso a medicinas, consultas e incluso operaciones especializadas de manera gratuita. López Obrador dio al traste con todo ese trabajo, desapareciendo al Seguro Popular (por ser “neoliberal”) y reemplazándolo con un “Instituto de Salud para el Bienestar” (INSABI), que centralizó las decisiones en materia de salud.

Obrador prometió que el 1 de diciembre de 2020 México tendría un sistema de atención médica similar al de países como Dinamarca. Sin embargo, el INSABI no solo no logró acercarse siquiera al estándar danés, sino que quedó atrás del estándar mexicano. Funcionó durante casi un año sin contar ni siquiera con reglas de operación y (más allá de la pandemia) ha implicado un grave retroceso en la calidad de la atención médica pública.

La ineptitud mata, también por falta de medicinas. El Gobierno mexicano optó por una compra consolidada de medicinas a través de la ONU, supuestamente para “evitar la corrupción”, pero el resultado es que los mexicanos están enfrentando niveles de desabasto de medicinas que no se habían visto en décadas. La compra para este año lleva meses de retraso y todavía no hay claridad ni en los contratos, ni en los medicamentos a fabricar.

Y no sólo hablamos de medicinas para el dolor de cabeza. El país lleva 2 años enfrentando una carencia crónica de medicamentos oncológicos. Los padres de niños con cáncer han insistido una y otra y otra vez ante el Gobierno de Obrador, que sólo responde con pretextos, por lo que incluso han presentado denuncias ante la Fiscalía General de la República, sin que las autoridades reaccionen.

Ante la ineptitud del gobierno, miles de personas buscan tanques y oxígeno para salvar a sus familias. Imagen: EFE/ Francisco Guasco
Ante la ineptitud del gobierno, miles de personas buscan tanques y oxígeno para salvar a sus familias. Imagen: EFE/ Francisco Guasco

A este pozole, añádale usted el Covid

Así llegó la pandemia. En México los primeros casos se registraron el 28 de febrero; el país tuvo un par de meses para prepararse, comprar equipo y capacitar personal punto, pero no lo hicieron. Todavía en marzo, cuando la gravedad del Covid-19 era evidente, el Gobierno mexicano afirmaba que la enfermedad no era grave y no se trataba de una situación de emergencia.

Ya con casos y con muertos en el país, Obrador y su equipo pasaron meses dando señales contradictorias respecto al uso de cubrebocas y a la gravedad de la situación. Andrés Manuel explicaba que “estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar, no traicionar, eso ayuda mucho para que no dé el coronavirus”, mientras que en propio encargado del combate a la epidemia, Hugo López-Gatell, afirmaba con devoción seudo religiosa que “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio” y por eso podía seguir de gira sin cubrebocas ni sana distancia.

El delirio llegó al extremo cuando el presidente presumió que la pandemia “nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”. Mientras tanto, el personal médico recibía apenas un puñado de insumos, y estos eran de tan mala calidad que tuvieron que regresarlos.

Los resultados de la suma de ineptitudes son grotescos. México es el país con más muertos entre el personal médico, el cuarto con más fallecimientos a nivel mundial (esta semana le quitará el tercer lugar a la India) y el segundo en índice de mortalidad. Más del 8.5 % de los mexicanos que enferman oficialmente de Covid, se mueren, y la conclusión evidente es que se debe, no sólo a la mala atención médica, sino que la detección de casos sigue estando muy por debajo del número real.

Conforme avanzan los meses la situación empeora. En gran parte del país los hospitales están colapsados y los enfermos se acumulan en los pasillos. En las calles, miles de personas buscan desesperadas un tanque de oxígeno, y oxígeno para esos tanques, (que en muchas ocasiones lo pagaron con los ahorros de toda su vida). Muchos más mueren en cuestión de horas, sin siquiera alcanzar a movilizarse al hospital.

9 estados y la Ciudad de México están en semáforo rojo, pero sin confinamientos, porque la economía no los resistiría. A diferencia del resto de los países, el Gobierno de Obrador prácticamente no dio apoyo a empleados y empresas, que ahora se aferran con uñas y dientes para evitar la quiebra, incluso a riesgo de morir.

La misma ineptitud se refleja con las vacunas. Hace unas semanas Obrador prometió que Pfizer enviaría 400,00 vacunas semanales, pero ahora resulta que no llegará ninguna en casi un mes (llegaron 219 mil el 19 de enero y las siguientes arribarán el 15 de febrero) y México es uno de los países con menor nivel de vacunación dentro de las principales economías del mundo.

Ahora, las consecuencias de la ineptitud llegaron a Palacio Nacional

El 24 de enero, el presidente López Obrador anunció que está enfermo de Covid, lo cual resulta potencialmente catastrófico considerando que el presidente ha estado conviviendo con su gabinete y con ciudadanos normales, sin cubrebocas y sin el menor respeto por las medidas de sana distancia. También hace un par de días cenó con los principales empresarios del país, el llamado “grupo de los 10”. Y ahora todos ellos están en riesgo mortal.

La irresponsabilidad del presidente se ilustra como una trágica postal en la que Obrador comenzó a mostrar síntomas desde el sábado 23, pero todavía el domingo 24 se subió a un vuelo comercial para viajar de la ciudad de San Luis Potosí a la Ciudad de México. Sí, arriesgó sin ninguna necesidad a cientos de personas en el aeropuerto y en el propio avión, sólo por aferrarse a su narrativa populista de que “viaja como el pueblo”.

Muchas personas no creen que Obrador esté enfermo y afirman que “seguramente él fue el primero en vacunarse”, y eso sería lo lógico y lo normal, pero este no es un gobierno normal. Andrés Manuel es capaz de no haberse vacunado, y si en serio está enfermo, hay un riesgo igualmente real de que el presidente se agrave o muera en las siguientes dos semanas.

López Obrador no es joven y su salud no es particularmente ejemplar. Desde hace años es de conocimiento común que sufre diversos padecimientos e incluso ha tenido (cuando menos) un infarto. Con su edad, su cargo y con sus condiciones de salud, debió cuidarse más que nadie, pero no lo hizo.

Si AMLO se muere, el país enfrentaría su peor crisis institucional del último siglo. De acuerdo a la Constitución, Obrador tendría que ser reemplazado por un presidente substituto designado por el Congreso de la Unión, pero ello no significa una vacuna contra la inevitable inestabilidad e incluso la violencia de sus simpatizantes, que seguramente culparían a una conspiración neoliberal o al imperialismo.

Sí, la ineptitud mata, en México ha matado al menos a 150,000 personas durante esta pandemia, y si en los próximos días también se lleva al presidente, podría matar junto con él a la estabilidad y lo que queda de las instituciones y de las certezas políticas.

Todo, por ineptos.

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