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¿Condenado al fracaso? El inestable camino de la agenda legislativa de Biden

El reloj de Biden está en marcha, su índice de aprobación nacional se sitúa actualmente en 54 %, lo que no es espectacular, pero es suficiente por el momento. Biden tendrá que ser muy estratégico en cuanto a la legislación que quiere impulsar en el Congreso

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Joe Biden fue investido hace más de un mes, pero su administración no ha llevado a cabo una agenda legislativa profunda durante sus primeras semanas en el cargo. En gran parte, esto se debe a que el Senado dividió su atención entre el segundo impeachment de Trump y el proceso de confirmación del gabinete de Biden.

Con la lucha por el impeachment terminada, podemos esperar que el Senado continúe con su calendario (sólo 10 de los 23 puestos han sido confirmados hasta ahora) y que la administración Biden siga adelante con su agenda legislativa. En la actualidad, Biden ha señalado que las tres principales áreas de interés son: el alivio del COVID, la inmigración y las infraestructuras.

Se espera que Biden se enfrente a una ardua batalla antes de aprobar parte de su agenda en el Congreso, que actualmente se encuentra dividido con los demócratas manteniendo una escasa mayoría. Los demócratas tienen 50 de los 100 escaños, sin contar a la vicepresidente Kamala Harris, que se espera que sea un voto de desempate en el futuro. Biden no puede permitirse ni una sola deserción demócrata. La presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, también tiene una escasa mayoría en la Cámara, después de que los demócratas perdieran varios escaños en las elecciones de 2020.

La mayoría de los presidentes modernos, excluyendo a Trump, tuvieron un llamado “período de luna de miel” en el que disfrutan de altos índices de aprobación. Los presidentes suelen tratar de utilizar este período de gracia para perseguir sus principales objetivos políticos antes de que el Distrito de Columbia se ponga en modo de campaña para las elecciones de mitad de período y esos índices de aprobación maravillosos se vuelvan polvo.

El reloj de Biden está en marcha, su índice de aprobación nacional se sitúa actualmente en 54 %, lo que no es espectacular, pero es suficiente por el momento. Biden tendrá que ser muy estratégico en cuanto a la legislación que quiere impulsar en el Congreso y no querrá gastar capital político en proyectos de ley quiméricos sin posibilidades reales de convertirse en ley.

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La administración Biden-Harris tiene tiempo limitado para obtener resultados en el Congreso (Flickr)

Alivio COVID-19: la mejor oportunidad para Biden

La administración ha pasado gran parte de sus primeros días en el cargo esbozando su plan para aprobar en el Congreso un enorme paquete de ayuda COVID-19 de $1.9 billones de dólares. El proyecto de ley incluye cheques de estímulo por valor de $1,400 dólares, ampliación de las prestaciones por desempleo, aumento del salario mínimo federal y ayudas a los gobiernos estatales y locales.

El Gobierno de Biden ha mostrado algunos indicios de que podría estar dispuesto a buscar apoyo bipartidista para el proyecto de ley, como la reunión de dos horas que mantuvo con unos 10 senadores del Partido Republicano el pasado mes de enero. A pesar de estos planteamientos conciliadores, los demócratas están sacando adelante su proyecto de ley a través de un proceso denominado “reconciliación presupuestaria”, que permitiría aprobar el proyecto de ley por mayoría simple en ambas cámaras del Congreso, impidiendo que el GOP pueda emplear cualquier tipo de filibuster para bloquear el proyecto.

De hecho, la ley ya fue votada en la Cámara de Representantes. Los demócratas parecen estar relativamente unidos en su impulso al proyecto de ley de ayuda, mientras que los republicanos expresan una gran preocupación por el aumento del gasto público.

Las perspectivas de que Biden consiga la primera victoria legislativa de su presidencia son bastante altas, ya que sólo necesitan convencer a su propia bancada para conseguirlo. Sin embargo, todavía tendrán que limar los detalles sobre el aumento del salario mínimo federal que se proponía en el primer borrador del proyecto de ley.

El aumento del salario mínimo ya parece estar muerto al llegar, ya que la Parlamentaria en Jefe del Senado ha dictaminado que no debe incluirse en la reconciliación presupuestaria y los senadores Joe Manchin (D-WV) y Krysten Sinema (D-AZ) han dicho que no apoyarán esa medida, lo que dejaría a los demócratas a dos votos de lo que necesitan para que la vicepresidente Harris emita el voto de desempate. Biden ha reconocido esta realidad y, al parecer, ha dicho a algunos gobernadores que el aumento del salario mínimo probablemente no se producirá.

Independientemente del resultado final de la lucha por el salario mínimo, Biden todavía tiene una buena oportunidad de presentar su primera victoria legislativa al público americano a principios de marzo. Sin embargo, los otros proyectos de ley que tiene en mente pondrán a prueba la capacidad política del presidente.

Infraestructura e inmigración: ¿Misión Imposible?

El presidente ha presentado un proyecto de ley de inmigración que ofrece una vía para la ciudadanía a casi 11 millones de inmigrantes indocumentados y también solicitantes de asilo, trabajadores agrícolas no autorizados y las personas que han superado la duración de sus visados.

Es probable que Biden no pueda utilizar el mismo truco que utiliza en su proyecto de ley COVID para esta propuesta. Para que un proyecto de ley de inmigración se convierta en ley, necesitará al menos 10 republicanos a bordo para evitar el uso del filibuster que descarrile su proyecto en el Senado, lo cual es una tarea difícil. Después de todo, si Biden todavía no ha sido capaz de recibir ese tipo de apoyo para su paquete de estímulo (donde hay un amplio apoyo público), ¿qué nos haría pensar que tiene la influencia necesaria para revisar el sistema de inmigración de Estados Unidos?

La Casa Blanca conoce las limitaciones que tiene, por lo que aparentemente ha decidido adoptar un enfoque gradual para abordar la cuestión, como proponer proyectos de ley separados que toquen temas específicos (como la ciudadanía para los “dreamers”) en lugar de una revisión completa de todo el sistema de inmigración. El razonamiento de Biden es que es mejor tener algunos resultados menores que nada en absoluto.

Sin embargo, incluso esta estrategia será difícil. La Casa Blanca necesita encontrar el equilibrio perfecto entre persuadir a suficientes senadores republicanos sin enfurecer a los senadores más progresistas de su propia bancada, que lucharán por cambios mayores.

Además de la reforma de la inmigración, la administración Biden también está avanzando en la presentación de un proyecto de ley de infraestructura al Congreso, como parte de la agenda “Build Back Better” de Biden. La administración aún no ha revelado detalles importantes sobre sus planes, ya que tendrá que poner a su propio partido en línea, al tiempo que se debate si la administración debe centrarse en otras cuestiones, antes de hacer público cualquier plan detallado.

De lo que sí podemos estar seguros es de que cualquier programa de infraestructura será muy costoso, en un momento en el que el país sigue enfrentándose a las repercusiones económicas de la crisis de la pandemia, con un desempleo real que probablemente alcance el 10 % y tras tres enormes paquetes de ayuda. La Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dijo que podría aplicarse una subida de impuestos para pagar el plan de Biden.

No es muy difícil imaginar que los republicanos se muestren reticentes a apoyar un proyecto de ley que aumente tanto el gasto público como los impuestos, especialmente después del precio de un billón de dólares del paquete de ayuda de Biden. Sin embargo, Biden podría intentar utilizar el proceso de reconciliación una vez más (sólo se puede utilizar dos veces al año) y aprobar su proyecto de ley con su escasa mayoría demócrata en el Congreso antes de las elecciones de mitad de mandato.

En cualquiera de los dos casos, Biden dependerá en gran medida del trabajo del líder de la mayoría del Senado, Chuck Schumer (demócrata de Nueva York), que será clave para determinar si la administración será capaz de transformar su mayoría en logros políticos reales.

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El líder de la mayoría en el Senado, Chuck Schumer (D-NY) será fundamental para el primer año de Biden. (Flickr)

Los primeros días de Biden en el cargo se definieron por la destitución de Trump y las fáciles victorias políticas que consiguió con las órdenes ejecutivas. Con Trump fuera de escena (por ahora) y el frenesí de las órdenes ejecutivas terminado (esperemos), Biden se despierta a la realidad que enfrenta su administración: mayorías escasas en ambas cámaras del Congreso, un GOP receloso de su propuesta política, y progresistas presionando por cambios radicales.

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