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Protosocialismo, El American

¿Cómo se introdujo el protosocialismo en la tradición moral americana?

Aquel protestantismo post-milenarista justificó como nunca antes el crecimiento del poder del Estado sobre la sociedad y la economía de los Estados Unidos y estableció una tradición política de progresismo estatista intolerante

La acción humana en el orden espontáneo de la civilización es el verdadero motor de la historia. Y la acción humana es asunto de medios y fines subjetivos, por lo que los grandes motivos de la historia han sido siempre los que condicionan los medios y fines de los actores. 

Así que las grandes causales de la historia son dos: de una parte algún conjunto —internamente coherente— de ideas y creencias del tipo que denominamos ideologías; y de la otra el interés personal que se suele calificar hipócritamente de cuando es ajeno y falsamente de altruismo cuando es propio. 

Y para el caso que tratamos fue el interés de grandes negocios en busca de protección contra la competencia –y capturara de rentas– asociado al interés de intelectuales, tecnócratas y profesionales administrativos con educación superior y ansias de poder, prestigio, subvenciones, contratos y cargos gubernamentales. Y también de protección contra la competencia en su ejercicio profesional mediante el establecimiento de licencias. Porque en el siglo XIX los grandes negocios que no lograron imponerse como monopolios en una economía de libre mercado, y una nueva clase intelectual y profesional crecientemente estatista, inician una estrecha alianza de intereses e ideología comunes en la que capital y capacidad de moldear la opinión pública se asociaron al poder político. 

He ahí la clave de la ruta al temprano Estado de bienestar en los Estados Unidos. Pero esos intereses ya lo hemos tratado en esta columna. Lo que no habíamos tratado adecuadamente eran los inicios de su ideología y a eso vamos.

Los renacidos en el espíritu santo

En los Estados Unidos de finales del siglo XIX un gran cambio ideológico en la opinión general únicamente podía llegar por medio de algún cambio de fondo en la doctrina religiosa protestante —y evangélica— prevaleciente. Y, en la teología protestante, había únicamente una tradición post-milenarista —de la que también hemos tratado antes aquí— que pudiera servir de caldo de cultivo para algún tipo de incipiente socialismo americano. Retomando buena parte de aquella tradición —y rehaciendo su doctrina revolucionaria violenta en reformismo democrático— una nueva doctrina religiosa de inspiración post-milenarista se extendió por casi todas las iglesias protestantes de los Estados Unidos —especialmente al norte de la línea Mason-Dixon— hacia finales de la década de 1820.

La teología post-milenarista de ese nuevo protestantismo pietista desdeñaba toda liturgia, señalándola de “papista” y rechazaba el formalismo del credo y la organización de la iglesia calvinista. Su camino a la salvación pasaba por un renacer al ser bautizado en el Espíritu Santo. Se imponía así un protestantismo emotivo, genéricamente pietista, carente de credo y tan aparentemente ecuménico como profundamente anticatólico. Pero sobre todo post-milenarista.

El reino de Dios como programa político

En el post-milenarismo, la obligación sagrada de cada creyente es luchar por establecer el Reino de Dios en la Tierra. El anabaptismo comunista revolucionario de los tiempos de la reforma fue el primer post-milenarismo político que rehizo la idea de un inmanente reino de Dios en la tierra, de promesa profética a proyecto político revolucionario que pretendía tomar el poder y establecer por la fuerza ese reino de Dios en la tierra, libre de pecado y pletórico de virtud, para —desde donde lo lograsen— extenderse al resto del mundo. 

Aunque no era revolucionario sino reformista, el post-milenarismo norteño también se proponía establecer un reino de Dios en la tierra —específicamente en los Estados Unidos— y extenderse al mundo. Su proyecto político era “hacer santo a Estados Unidos” como parte de una ruta política al segundo advenimiento de Jesucristo. Creían que quien no lograse —por medios misioneros y/o políticos— la salvación de otros, no sería salvado. Y su actividad misionera fue intensa, pero principalmente buscaban establecer un Reino de Dios en la Tierra por la acción política de los fieles.

Buscaban que sus fieles lograran —como grupo de interés organizado— de la legislación y el poder público, la salvación forzosa de todos mediante la prohibición legal y represión gubernamental del pecado. Empezaron por atacar al Demonio del Ron —ahí comenzó el camino a la Decimoctava Enmienda y la “Ley Volstead” con sus secuelas de corrupción y crimen organizado—  y siguieron exigiendo legislar contra la influencia —y la inmigración— católica, además de prohibir el vicio y obligar a todos a la virtud por la fuerza del Estado.

Progresismo norteño

protosocialismo, El American
“¿Cómo se introdujo el protosocialismo en la tradición moral americana?”. (Charles Grandison Finney -Wikipedia).

Del reverendo Charles Grandison Finney en adelante, buena parte de los intelectuales progresistas que más influyeron en los Estados Unidos fueron descendientes de puritanos de Nueva Inglaterra que emigraron al oeste, estableciéndose al norte del estado de Nueva York, Ohio, Indiana e Illinois.

Finney, quien inició el  movimiento de avivamiento en 1826, con enorme éxito al este y medio oeste, terminaría  en el Oberlin College de la reserva occidental de Ohio, donde llegó a presidente e hizo del Oberlin el gran centro académico del pietismo post-milenarista americano. Y por consecuencia lo hizo un gran centro académico del progresismo político inseparable del post-milenarismo reformista norteño. 

A nivel local y estatal los post-milenaristas emplearon al Estado contra el “Demonio del Ron”, la actividad en sábado, el juego, la prostitución y diversiones mucho más inocentes, así como para tratar de proscribir escuelas parroquiales católicas y expandir escuelas públicas forzosas para, según sus propios términos, “cristianizar a los católicos”. 

Del Gobierno nacional buscaron restringir la inmigración católica y crear una economía libre de pecado. Así adoptaron el proteccionismo contra las importaciones extranjeras, el gasto público creciente —con fines sociales— la creación de ilusorio poder adquisitivo masivo mediante la emisión de papel moneda y el establecimiento de la banca central.

Aquel protestantismo post-milenarista justificó como nunca antes el crecimiento del poder del Estado sobre la sociedad y la economía de los Estados Unidos y estableció una tradición política de progresismo estatista intolerante, ansioso de imponer por la fuerza lo que entendía por virtud, prohibiendo el pecado. Tradición que al secularizarse serviría de caldo de cultivo intelectual al socialismo marxista. 

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