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¿Es Israel realmente neutral ante la invasión de Rusia a Ucrania?

La sociedad israelí está conmovida con los ucranianos; sin embargo, el Gobierno de Bennett ha mantenido una postura parca ante la agresión de Putin. ¿Qué ocurre realmente?

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En los medios israelíes no hablan de otra cosa. Por los canales informativos desfilan analistas, a los que todos los periodistas les preguntan lo mismo: ¿por qué el Gobierno de Naftali Bennett se ha mantenido tan parco ante la invasión de Rusia a Ucrania? La respuesta no es tan compleja, como lo es todo lo que tiene que ver con Israel. Pero el asunto sí ha marcado un dilema sin precedentes.

La guerra en Ucrania, provocada por la agresión de un Vladimir Putin descontrolado, ha colmado los medios. Portadas de periódicos y revistas. Reportajes y videos que se han hecho virales. Ha sido, sobre todo, el contraste entre una potencia y una heroica resistencia, lo que la ha hecho tan atractiva mediáticamente —aunado, por supuesto, al hecho de que estamos ante la primera guerra de esta magnitud en tiempos de TikTok y reels—. Vladimir Putin, por un lado, y Zelensky por el otro. El último, en camiseta verde, con transmisiones a diario, está construyendo poco a poco el relato de una resistencia virtuosa y apasionada.

Israel no ha sido ajena al fenómeno. Todos en la calle están conmovidos con la épica de Zelensky y sus hombres. Y, por supuesto que la sociedad israelí simpatiza, ante este conflicto, con Ucrania.

“Ese es un hijo de puta y hay que pararlo”, me dice Eran Vinitzki, un comerciante en Tel Aviv. “Lo que ha hecho a Ucrania es una locura, es una invasión en todo lo que significa”.

Portada de un diario en Israel, del lunes 29 de marzo.

La portada de un diario abandonado sobre una mesa en una gasolinera de Kfar Saba, apela al drama humano del conflicto. Hay dos fotografías. Del lado izquierdo de la portada, dos militares ucranianos. Uno sostiene una metralleta. Del lado derecho, un militar ucraniano abrazando a su pareja. La expresión de ambos es de dolor.

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Es claro que el conflicto en Europa oriental ha conmovido a gran parte de la sociedad israelí, como lo ha hecho con el resto del mundo. Esa transparencia con la que está trascendiendo el drama, ha impulsado un movimiento global completamente inédito. El niño llorando porque su papá se fue a la guerra, la novia implorando que no recluten a su pareja, el abuelo enlistándose para dejarle una nación libre a sus nietos. Cada imagen, cada testimonio ha llevado a que ocurra lo inesperado: Suecia ha roto con una tradición de neutralidad de décadas, para ponerse del lado de Ucrania; Alemania ha decidido, luego de años, aumentar su gasto militar; la Unión Europea mandó armas por primera vez a una nación víctima de otra, entre otros esfuerzos.

Sin embargo, la postura de Israel descoloca. Cómo es que un Estado tan valiente y decidido en cuanto a conflictos o crisis de esta naturaleza, no haya condenado con firmeza a Rusia. Israel sabe bien qué viven hoy los ucranianos. La invasión de Putin revuelve los traumas insoportables de la tragedia que fue el avance del Tercer Reich a lo largo de Europa. Refugiados huyendo a pie, miles amontonándose en autobuses o trenes y familias quebradas. Para afincar ello, Vladimir Putin bombardeó el área donde se encuentra el memorial de Babyn Yar, a las afueras de Kiev, donde hace ochenta años los nazis ejecutaron a decenas de miles de judíos, en la peor masacre antisemita de la historia (entre 100 mil y 150 mil víctimas). El día del bombardeo, esta semana, el Ejército ruso mató cinco personas.

El status quo necesario

Hace un par de días el museo del Holocausto de Israel, Yad Vashem, le envió una carta al embajador americano con el propósito de que presionara a su Gobierno para evitar que sancionara al multimillonario ruso-israelí Roman Abramovich, quien es un gran donante de instituciones judías y un simpatizante acérrimo de Putin.



El estreno de la apatía fue cuando el pasado viernes Israel se negó a apoyar una resolución de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para condenar la invasión de Rusia. Hasta el momento, Israel solo se ofrece como intermediario, aunque esta propuesta no ha prosperado.

Según le dijo un funcionario israelí al diario Yedioth Aharonoth, Estados Unidos está decepcionado de la tibieza de Israel ante algo que, para todos, es evidente. “Los países que tienen mucho más que perder han adoptado una postura clara. Solo Israel, que es bueno para recordar a los demás cómo no apoyaron al pueblo judío durante los tiempos oscuros, ha hecho lo posible para no hacer nada”, dijo el funcionario al diario.

La razón para la apatía es, no obstante, sólida y simple. Un miembro del partido Likud, quien prefirió el anonimato, me dijo: “La respuesta es directa. Rusia tiene control en Siria. En Siria actúan Hizbullah y otras fuerzas terroristas iraníes. Nosotros tenemos que pelear contra ellos. Mientras Rusia esté en Siria, no podemos darnos el lujo de pelearnos con ellos”.

“Tenemos mucha simpatía con Ucrania, pero no podemos intervenir en la guerra”, agregó.


Un conflicto con Rusia ahora, para Israel, sería una irresponsabilidad. El avance de fuerzas terroristas en Siria ha provocado un entendimiento tácito entre Moscú y Jerusalén, para que el último pueda intervenir en territorio sirio y atacar las fuerzas terroristas.

Rusia, que controla prácticamente el espacio aéreo de Siria luego de la guerra civil bajo el régimen de Bashar al-Ásad, le permite a Israel operar contra Hizbullah y otros grupos respaldados por el régimen chiíta de Irán. El status quo es necesario para Jerusalén, amén de mantener la estabilidad y, por supuesto, la seguridad de Israel.

En un tuit, el embajador de Israel en Estados Unidos, Michael Herzog, escribió: “Si bien nuestra posición moral es clara, nos esforzamos por alcanzarla de una manera que mantenga nuestra libertad de operaciones contra Irán en la región, lo cual es de interés para todos”.

Asimismo, Israel, quizá la nación más apuntada del mundo, no puede permitirse un conflicto con una potencia como Rusia. Sometida a un entorno hostil, el Estado judío tiene demasiadas preocupaciones de seguridad como para abrir otro frente.

Entonces, ¿qué debe hacer Israel? El miembro de Likud me dijo: “Debemos ayudar cívicamente a los ucranianos lo más que podamos, y ser neutral en cuanto a declaraciones o pronunciamientos sobre la guerra. Tenemos que callarnos y llamar a la paz. No podemos pelearnos con Putin”.

La posición del político del Likud es compartida por casi todos los analistas serios en Israel. La mayoría coincide en que, aunque lo que está haciendo Putin es inaceptable, no es momento de declararlo como enemigo. Una analista internacional lo dijo esta mañana en un medio israelí: “Es un dilema muy difícil. Quizá el más difícil en los últimos años. Por supuesto que nos duele lo que ocurre con Ucrania. Es muy duro ver ese drama, pero no podemos hacer mucho. El Estado debe velar por la seguridad de la gente en Israel, que constantemente está en riesgo”.

“Apoyamos a los ucranianos, sin duda; pero hay un deber con los israelíes. Ahí deben estar las prioridades del Gobierno de Naftali Bennett”, dijo.

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