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La izquierda se prepara por si pierde las elecciones

Por primera vez en la historia de la nación, podría llegar al poder una formación que no cree en nuestro sistema democrático ni en el modelo de la libertad de mercado

La izquierda podría estar preparando una encerrona para boicotear la normalidad de las elecciones del día de hoy, 3 de noviembre en EE.UU.

Semanas después de los graves incidentes ocurridos en Nueva York, Portland y Wisconsin- escenario de auténticas batallas campales con barricadas y enfrentamientos entre los manifestantes radicales y la policía-, las autoridades consideran que la tensión ha disminuido.

Sin embargo, en algunas ciudades las fuerzas de seguridad tomaron una serie de medidas necesarias para garantizar la protección de los ciudadanos durante estos cruciales comicios.

Es el caso de la policía de San Diego que ya ha impartido instrucciones para que las fuerzas del orden estén preparadas ante cualquier contingencia. “La comunidad puede estar experimentando incertidumbre, debido a las elecciones, pandemia o movimientos políticos, sociales actuales”, ha señalado Krystal Cisneros, oficial de la policía.

No es la única ciudad que se resguarda para garantizar la seguridad en los centros de votación, a fin de que las personas puedan ejercer su derecho al voto. Las fuerzas del orden en Dallas aseguraron que desplegarán un operativo especial que se extenderá más allá del día de hoy.

Asimismo, el Departamento de Policía de Nueva York, sin entrar en detalles, ha reconocido contar con un plan para asegurar la transparencia y la confianza de la ciudadanía, ante posibles marchas y protestas en la Gran Manzana.

Por su parte, la División de la Policía de Los Ángeles ha decidido implementar un método de alerta táctica de seguridad a través del cual sus oficiales estarían recibiendo capacitación especializada sobre control de multitudes, en respuesta ante posibles protestas relacionadas con los comicios.

El modus operandi de la izquierda

¿Quiénes podrían estar preparando las revueltas? “Antifa” y “Black Lives Matter”. Su modus operandi es bien conocido. Estas organizaciones -calificadas como terroristas por el presidente norteamericano- operan en las áreas urbanas de las ciudades y no reniegan del uso de la violencia en las calles como método para hacer cumplir a sus fines ideológicos, incluyendo la destrucción de la propiedad privada y la agresividad física contra sus oponentes.

Su atuendo característico -ropa negra, botas militares, mochila, pañuelos o pasamontañas en la cara- les distingue en los actos en los que participan. Su táctica de lucha es desplazarse de país en país y de Estado en Estado para crear ciclos de movilización global.

“Antifa” y “Black Lives Matter” no trabajan aisladas. De hecho, son piezas de un entramado comprendido normalmente bajo el paraguas de la izquierda norteamericana e internacional. Cuba y Venezuela son referentes en los que sus líderes se inspiran para organizar sus estrategias más revolucionarias.

Izquierda, violencia
Estas organizaciones -calificadas como terroristas por el presidente norteamericano- operan en las áreas urbanas de las ciudades y no reniegan del uso de la violencia en las calles como método para hacer cumplir a sus fines ideológicos, incluyendo la destrucción de la propiedad privada y la agresividad física contra sus oponentes (Flickr)

Multimillonarios de ideología liberal y organizaciones próximas al Partido Demócrata destinan grandes sumas de dinero a garantizar los fondos del entorno de estas organizaciones extremistas. En su condición de brazo ejecutor, su objetivo es contribuir a ganar elecciones y presionar e influir en la aprobación de leyes en el Congreso.

¿Es la primera vez que este escenario de tensión ocurre en el entorno de unas elecciones en EE.UU.?

Ley y Orden

Durante las votaciones de 1968, en el marco de las protestas por los derechos civiles, la violencia desatada en las calles de todo el país le sirvió a Richard Nixon para reajustar su plan de campaña bajo el mensaje de “Ley y Orden”. La estrategia funcionó.

“Nixon fue muy estratégico sobre la apropiación del lenguaje de los derechos en su defensa de la ley y el orden”, ha señalado Omar Wasow, profesor asistente de política en la Universidad de Princeton y autor del artículo de investigación “Agenda Seeding: How 1960s Black Protests Moved Elites, Public Opinion and Voting.”

Para la presidente del Partido Republicano de Kenosha, Erin Decker, Trump ha actualizado la estrategia de Nixon sobre la base de un claro liderazgo frente a gobernadores y alcaldes que miran hacia otro lado a la hora de moderar las manifestaciones violentas. “Saben que Trump se está tomando en serio estos disturbios y destrucción, y quiere ayudar a ciudades como Portland que todavía tienen disturbios … mientras los funcionarios electos locales rechazan la ayuda de Trump”, dijo Decker.

El único riesgo verdadero para la democracia proviene hoy de los radicales y de quienes le transfieren el espacio público para imponer un proyecto político totalitario mediante el recurso de la violencia.

Defender la soberanía nacional

Las dos opciones que compiten hoy en las elecciones de EE.UU. son democráticas, con la única salvedad de los que quieren ser cómplices de los enemigos del Estado de derecho.

Es casi inevitable que las campañas tiendan a la simplificación y al sectarismo en sus mensajes, pero ello no justifica el maniqueísmo subversivo con que algunos plantean la manipulación de estos comicios. Han sido los demócratas, presionados por el ala de la izquierda radical de su partido, quienes han planteado estas elecciones como un voto de reprobación al Gobierno, elegido democráticamente en las urnas.

Nancy Pelosi ha anunciado que impugnará el proceso electoral si gana Trump ¿Qué pasaría si la presidente de la Cámara no acepta los resultados de las elecciones?

Izquierda, violencia, Pelosi
US Speaker of the House, Nancy Pelosi, Democrat of California, arrives for her weekly press briefing on Capitol Hill in Washington, DC, on October 22, 2020. (Photo by Alex Edelman / AFP)

Nunca un líder político de tan alto rango había puesto en duda, sin pruebas, la legitimidad de un resultado electoral presidencial con la irracionalidad con que lo hace Pelosi. Los expertos han mostrado su preocupación por esta deriva política a la que se enfrenta el país que puede convertirse en un ataque frontal a la Constitución y al consolidado proceso de transición de poder en EE.UU.

De hecho, algunos analistas no descartan la posibilidad de un escenario más incierto: si Biden y el Partido Demócrata optan por no aceptar su derrota en las urnas, su negativa movilizaría a los simpatizantes para organizar nuevos ciclos de revuelta popular.

Sin un programa alternativo que supere los innegables logros de la gestión del gobierno de Donald Trump, los demócratas desde el principio han basado su estrategia en el acoso, la desestabilización y la deslegitimación permanente mostrando la tendencia sectaria y antidemocrática de una oposición dispuesta a romper con las reglas del juego democrático, cuando el acceso al poder por esta vía se le resiste.

Estos comicios presidenciales son diferentes a todos los que se han celebrado desde la consolidación de la democracia moderna en EE.UU. Tras la aprobación de la Carta Magna de los fundadores, hace más de 230 años, dos partidos mayoritarios, demócratas y republicanos, han respetado la alternancia del poder sobre el fundamento del imperio de la ley. Ese bipartidismo político, en nombre de la sociedad civil, ha sido puesto ahora en cuestión, a causa del auge de la izquierda marxista.

Por primera vez en la historia de la nación, podría llegar al poder una formación que no cree en nuestro sistema democrático ni en el modelo de la libertad de mercado. Por eso, EE.UU. se juega, nada menos, que la constitución de un gobierno que afronte sin complejos ni condiciones el reto de preservar la soberanía de los norteamericanos, la integridad de la nación y la salvaguarda de su Estado de derecho.

Y para estas dos encomiendas cruciales, Biden está claramente desacreditado, comprobada su complicidad con los radicalismos de una izquierda marxista que tiene ya asientos en el mismo Congreso y que pretende la destrucción del andamiaje constitucional del país.

Con toda seguridad estas son las elecciones más decisivas de los últimos años. Corresponde seguir defendiendo los valores representativos del constitucionalismo frente a quienes quieren aniquilar la soberanía nacional.

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