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J.K. Rowling, El American

J.K. Rowling: Harry Potter y la autora “cancelada”

Las consecuencias y efectos de este coordinado linchamiento virtual pueden ser, y han sido, irreversibles

Por Pietro Scalone *

Corría el año 1990. La estación de tren Piccadilly en Manchester, Inglaterra, veía transitar a sus pasajeros entre sus andenes y plataformas. Muchos de ellos pisaban la estación por primera vez, otros realizaban trasbordos con prisa para no llegar tarde a sus citas y compromisos, y otros circulaban a paso lento, ya que disponían de tiempo antes de tener que abordar su tren.

Desde uno de los andenes, un tren con destino a Londres había partido, y en él se encontraba una mujer pelirroja de unos veinticinco años de edad. Mientras que el trayecto vía ferrocarril entre ambas ciudades solía ser de poco menos de tres horas de duración, justo en esa ocasión hubo demoras en el trayecto, alargando el viaje casi al doble, y brindándole a la mujer veinteañera una oportunidad para relajarse en su asiento y dejarse llevar por su imaginación. Graduada de la Universidad de Exeter en Francés y Lenguas Clásicas, en camino a King’s Cross, Londres, Joanne Kathleen Rowling comenzó a imaginar una historia: la historia de Harry Potter.

Con más de 500 millones de copias vendidas, Harry Potter es la saga literaria más prolífera en la historia. Su título es epónimo, ya que la obra sigue las aventuras de Harry, un niño huérfano que vive con sus ineptos tíos en un barrio residencial, llevando una vida común y corriente, la cual rápidamente se transforma al enterarse de que, en realidad, él es un mago, (dato que su familia le ha ocultado toda su vida), y de que tiene, además, la oportunidad de estudiar magia y hechicería en Hogwarts, la escuela donde conocerá tanto nuevos amigos, como gente del pasado, (cuya existencia él obviaba), embarcándose así en un viaje de auto-descubrimiento y crecimiento como persona, y como mago.

La saga cuenta con un total de 7 libros, y 8 correspondientes películas, y ha influenciado y acompañado, (y continúa haciéndolo), a varias generaciones, en todo el mundo.

Nadie, o por lo menos casi nadie, desconoce el famoso nombre del universo literario, fílmico, e incluso teatral, que escribió J.K. Rowling. Así como muy poca gente desconoce a la autora misma. Además de su profesión en la escritura, la mujer de ahora 56 años de edad es guionista y productora de cine, filántropa, y una visiblemente activa participante del mundo de la política, mayormente en Gran Bretaña, de donde es oriunda. Ella se define, además, como feminista.

Desde hace un par de años, la autora viene siendo parte de algunas controversias debido a sus opiniones en cuanto al emergente activismo de la comunidad trans, y cito, “los peligros que podrían correr las mujeres, niñas, niños y la comunidad gay”, gracias a que, si completamente aprobadas, ciertas legislaciones lograrían, por ejemplo, que el acceso a baños públicos y vestidores en centros deportivos discontinúe de ser separado en su forma clásica: hombres y mujeres, permitiendo así a hombres que se identifican como mujeres, o viceversa, ingresar a espacios donde hay exposición al desnudo y evidentemente, vulnerabilidad.

Si bien aislados, y no sucesos del día a día, ha habido casos en los que se les ha permitido el ingreso a dichos espacios a personas trans, (en particular hombres biológicos que luego se identificaron como mujeres), y estos han acosado sexual, física o verbalmente a niñas, adolescentes y mujeres, no solo biológicas, sino también trans.

Otra preocupación que la autora ha verbalizado es la de la inclusión de personas trans en los deportes como hockey, o rugby, conduciendo así, a que personas con physique de hombre, históricamente más robusto y ventajoso, compitan en la cancha físicamente con mujeres, de complexión tal vez más menuda, siendo esto peligroso e incómodo para la salud mental y física de las jugadoras, o los jugadores.

Estos dos puntos argumentativos han sido respondidos con mucho rechazo de parte de la comunidad trans, principalmente, en las redes sociales. Es en Twitter especialmente donde J.K. Rowling se comunica con el mundo, y publica sus visiones e ideas, recibiendo en ocasiones, amenazas de muerte, videos de personas quemando copias de sus libros, y tuits insultantes. Por ejemplo, hay gente que la llama “perra”, “put*”, o “TERF”, que sirve como acrónimo en inglés para definir a alguien que es Feminista Radical Trans-Excluyente. En fin, innumerables reacciones negativas en cuanto a su opinión, como mujer biológica y feminista, sobre el tema.

Hasta ahora, no hay nada nuevo bajo el sol. Las redes vienen siendo, históricamente, un portal en el cual uno escribe lo que piensa, y puede estar gritándolo al vacío, o pueden estar aterrizando las palabras de uno en la página de alguien que justo se encuentra en otra posición ideológica o política, y siendo que no siempre se dialoga con respeto, las cosas pueden ponerse feas, y el odio y la ira pueden propagarse tan rápido como un incendio forestal.

Ahora bien, el caso de J.K. Rowling ha trascendido las redes, y ha tenido un impacto sociocultural mayor. ¿Por qué? Lo que la autora está vivenciando actualmente se trata de un fenómeno llamado cancel culture, o en español, cultura de cancelación. Consiste en un esfuerzo colectivo que tiene como principal propósito condenar y desterrar a una celebridad o alguien global y públicamente conocido/a, la mayoría de las veces, sostenido por el siguiente argumento: no están de acuerdo con el accionar, pensar, o decir de esa persona.

Las consecuencias y efectos de este coordinado linchamiento virtual pueden ser, y han sido, irreversibles. Lo más fresco y reciente para debatir sería la decisión tomada por HBO Max, productora encargada del retorno del elenco cinematográfico de Harry Potter a la gran pantalla, a través de la “reunión” televisada, un proyecto que revive la mágica historia detrás de la taquillera producción, de la cual fuere excluida y removida la mismísima creadora y autora de la saga.

Claro que, siguiendo los parámetros de libertad de expresión y libre albedrío, así como J.K. Rowling tiene todo su derecho a opinar, y a verbalizar su pienso, la mega productora de cine también tiene todo su derecho a no incluirla en el proyecto, sea por los motivos que sea. Una posibilidad sería que, al ver lo controversial que es la imagen de la autora, opten por no “jugársela”, y recibir un coletazo negativo del masivo público. Otra, es que se han adherido al esfuerzo de “cancelación” de su persona.

Y es aquí donde mi rol de informador neutral llega a su fin, y puesta mi mano en el corazón, debo decir: me gustaría que cancelemos la cultura de la cancelación.

En términos generales, hemos perdido la tolerancia con las diferencias de opinión, y con las experiencias del otro. Hemos optado por un ángulo de debate que no conduce a nada, más que a una división cada día más angosta, en la cuál creemos que una visión u opinión define el valor de un ser humano, y que determinadas personas, por no acompañar nuestro pienso, deben ser erradicadas, eliminadas; canceladas, o que simplemente, no merecen ser escuchadas ni valoradas.

No estoy aquí para defender a J.K. Rowling porque de eso se encarga ella misma. Lo ha hecho a través de cartas abiertas, y reiteradas publicaciones en sus páginas sociales. He decidido escribir sobre ella porque su ejemplo es perfecto para dirigirnos a este fenómeno social. He podido observar desde fuera como la opinión pública sobre ella se ha moldeado de esta forma, únicamente porque un grupo de personas pensaba algo con lo que ella no se encontraba en el acuerdo, y dicho grupo tenia, (y tiene) los instrumentos necesarios, (véase el apoyo de una pluralidad de medios masivos de comunicación), en adición a las condiciones sociopolíticas colectivamente acordadas como aceptables e incancelables, para propagar lo que piensan, entonces, se salen con la suya, y acaban difamando la imagen de una persona, cuyo único crimen fue decir su verdad.

Quiero ser bien claro: ella ha dicho su verdad, no la verdad. Y es precisamente esto a lo que la cultura de cancelación ataca: a individuos expresando su verdad; su opinión, sus ideas, sus experiencias, por ser “indecentes”, “atrevidas”, o, mi favorita, “peligrosas”. En el caso de artistas, se ataca además su obra. Se buscan deliberadamente “hoyos” por los cuales la expresión artística, perteneciente al individuo que está siendo “cancelado”, hace agua. Un importante ángulo de ataque hacia Rowling ha sido el personaje ficticio perteneciente a HP de origen chino, Cho Chang.

Nunca había habido comentarios al respecto, hasta que Rowling se pronunció y para justificar una cancelación, era necesaria una cacería completa. La han tildado de “racista” y “básica”, por no esmerarse en un más personajes étnicos y por haberle dado un nombre tan común a Cho. Cabe aclarar que, después de un poco de investigación, descubrí que Chang es el 94to nombre más común en China, lo cual me parece lo opuesto a básico e ignorante. Claro que de haber sido Li, o Wang, que son los dos apellidos más usuales en China, sería otra historia. Más no hay vuelta; la creadora de Harry Potter se encuentra expulsada de un mega proyecto derivado de su propia ideación. ¡Mortalmente irónico!

Volviendo al sol, y como no hay nada nuevo debajo de él, hemos establecido que los debates entre personas son solo eso, debates. Todos tenemos la oportunidad de elegir con quién, durante cuantas horas, y sobre qué vamos a debatir. Ahora, me gustaría manifestarme acerca de los patrocinadores y auspiciadores que instrumentalizan esta “verdad” forzada, esta normalización de que medios informativos por doquier se suban al carro, y absolutamente destrocen la imagen de un individuo, sin sufrir consecuencias. Me gustaría pronunciarme en contra de que, tal como en el libro 1984 de Orwell, exista un Ministerio de la Verdad; un ente que se encarga de controlar el pensamiento. En este caso, ese ente se conforma de todos los medios que propaguen y apoyen la “narrativa oficial”, la cual ya, de manera inherente pierde su cualidad de oficial, ya que oficial sería lo factual, no lo subjetivo. Y ni hablemos por supuesto del primer término: narrativa. A fin de cuentas, una historia contada. Una historia que, como la que escribió Rowling, contendrá una víctima, y un victimario a ser cancelado; un héroe y un villano.

La gran diferencia es que Rowling escribe ficción y su intención es que todas sus historias sean evidente y claramente ficticias. Los humanos hemos acordado que, al abrir una novela de ficción, nos hacemos cargo de distinguir lo narrado de los hechos, recordando que tenemos en nuestras manos un cuento. Mientras que, en cuanto a los medios de comunicación se refiere, se supone que estos han de informarnos, se supone que nos ponen al día acerca de los hechos. Y ahora, en lugar de hechos, nos comunican, ¿o debería decir “instruyen”?, opiniones. Pretenden hacer de lo ficticio, o mejor dicho, de una de muchas verdades, la realidad. Y ahí es donde corremos peligro.

En una cuasi poética contradicción e ironía de la vida, doy cierre a este artículo con la siguiente cita del último libro de la saga de Harry Potter.

Harry: ¿Esto es real, o está sucediendo en mi cabeza?

Dumbledore: Claro que está sucediendo en tu cabeza. Pero, ¿por qué tendría que significar eso que no es real?

Harry Potter Y Las Reliquias De La Muerte.

Nacido en Uruguay, Pietro Scalone es profesor de lenguas e intérprete. Radicado en Madrid.

1 comment
  1. Excelente artículo, lo disfruté mucho. Cancelemos la cultura de la cancelación! Será muy dificil hacerlo con educación y en comunidad. Quizá ahi es donde aparecen los ‘ministerios de la verdad’ que tanto odiamos, en forma de gobiernos y de leyes permitiendo derechos tan básicos como el de la libre expresión. Porque vamos, esos ‘canceladores’ están violando varios derechos por el lado legal y valores básicos de buenas personas por el lado humano.

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