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Halftime en Netflix: ¿documental sobre Jennifer Lopez o panfleto político demócrata?

Halftime en Netflix: ¿documental sobre Jennifer Lopez o panfleto político demócrata?

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Netflix acaba de estrenar Halftime, un documental que supuestamente trata sobre la actuación de Jennifer Lopez en el intermedio del Super Bowl de 2020, pero que en realidad acaba convirtiéndose en un panfleto político en contra de Donald Trump y a favor de Joe Biden.

Halftime es narcisista y egocéntrico hasta la náusea, y solo debería gustar a quinceañeras descerebradas que tengan un póster de J.Lo en su habitación. Aunque también podrá gustar a los groupies de Biden y Kamala, por su nada sutil contenido político, aderezado con el habitual tono condescendiente, sentimentalista y aleccionador de los demócratas.

De hecho, a medida que avanza el documental te das cuenta de que poco tiene que ver con el Super Bowl celebrado hace 2 años, y que guarda más relación con un patético intento de influir en el voto latino para las inminentes elecciones de medio término que tendrán lugar dentro de unos meses.

Cualquiera con más de 15 años y que no se deje hipnotizar por las anatomía de Jennifer Lopez, detectará inmediatamente el oportunismo político de Halftime. Si el documental se hubiese estrenado antes de los Golden Globes de 2020 —a los que Jennifer Lopez estaba nominada como mejor actriz de reparto—, se hubiese podido interpretar en clave de marketing para su candidatura, pero su estreno precisamente ahora solo deja viva la opción de que se trata de un anuncio electoral demócrata con ritmos latinos.

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Halftime de Jennifer Lopez, más panfleto político que documental

Todo el documental es artificial e impostado, lleno de incongruencias que no soportan el más mínimo análisis crítico. Jennifer juega constantemente la carta del victimismo por ser mujer y latina, pero resulta poco creíble cuando lo hace enfundada en carísimos vestidos de alta costura y ropa de marca, se pasea con un envase para su bebida forrado en diamantes, y se muestra todo el tiempo rodeada por un séquito de aplaudidores profesionales que le recuerdan lo maravillosa que es en todo momento.

Halftime quiere convencernos de que el único defecto de Jennifer Lopez es su gran humildad, pero dejando claro que no siempre fue así, ya que hubo un tiempo en el que se dejó arrastrar por el éxito y la fama, pero gracias a su gran capacidad de aprendizaje y superación, ahora por fin es perfecta.

Durante el documental, narrado por la propia Jennifer Lopez y plagado de testimonios de sus amigos y colaboradores, nos cuenta los grandes problemas que tiene que enfrentar en su vida: tener que compartir la actuación del intermedio de la Super Bowl con Shakira, cuando originalmente ella iba a ser la protagonista absoluta; el estrés que le causa tener que elegir vestidos cada vez que el sistema heteropatriarcal y racista en el que vive la invita a galas donde la premian y agasajan; y lo triste que es que no te valoren por tu talento, sino que solo se fijen en tu trasero o tus pechos cuando los va mostrando embutida en los vestidos con menos tela que había disponibles.

La disonancia cognitiva de la que hace gala en todo el documental llega a su apogeo cuando nos explica sus decisiones artísticas para la actuación del intermedio de la Super Bowl.

Asegura que está cansada de que no la tomen en serio por ser demasiado sexy, pero decide comenzar su actuación subida a una barra de stripper, o como le dicen ahora, barra del noble arte del pole dancing. También asegura que no se mete jamás en política, pero que quiso mandar un “sutil” mensaje haciendo que el escenario de uno de los espectáculos más vistos del mundo tuviera la forma de un inmenso símbolo feminista del que emergían 18 jaulas con niñas latinas encerradas en ellas bailando.

Parece evidente que el concepto de sutileza de Jennifer Lopez es el mismo tanto para la política como para el vestuario. Al menos en eso es consistente, no como la denominación de “jaulas para niños” de Trump, que ahora se llaman “instalaciones temporales de albergue para menores migrantes no acompañados” de Biden.

Merece la pena ver el documental si lo que quieres es reírte con un esperpento cómico y absurdo que podría pasar perfectamente por una parodia sobre Jennifer Lopez, si no fuera porque está hecho por la propia Jennifer Lopez.

Para finalizar, un detalle casi imperceptible, pero que sirve de ejemplo del desmesurado egocentrismo de J.Lo. Cuando aparece en pantalla Donatella Versace, en el rótulo no se lee “Donatella Versace, celebérrima diseñadora de moda italiana”, sino que queda reducida a “amiga” de Jennifer Lopez.

Hubiera sido gracioso que cuando sale Joe Biden el rótulo hubiese dicho “Joe Biden, persona para la que Jennifer Lopez cantó durante su investidura”.

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Jennifer Lopez (I) empeñándose fuertemente en no ser sexualizada, junto a Donatella Versace (D). (EFE)
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