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Jim Carrey,

La izquierda pierde el sentido del humor después de que Jim Carrey imita a Biden

El personaje que encarna Jim Carrey, más que una parodia parece una recreación, y esto puede resultar demasiado perturbador para quienes necesitan aferrarse al candidato demócrata

En recientes programas de Saturday Night Live, Jim Carrey imita a Joe Biden, sumándose a la ya habitual imitación de Alec Baldwin como Donald Trump desde 2016. La interpretación de Carrey no parece haber gustado a la izquierda americana. 

En las últimas semanas, desde los medios afines a la izquierda, se han sucedido los artículos y análisis criticando la imitación de Joe Biden hecha por Jim Carrey, así como múltiples reacciones de disgusto en Twitter por parte de los seguidores del candidato demócrata.

La imitación que hace Carrey de Biden es excelente. El maquillaje es casi perfecto, especialmente sus cejas, a las que el personaje hace constantes referencias: “les diré algo, y quiero que me miren directamente a las cejas”; su sonrisa forzada, con unos dientes deslumbrantes que no pueden pasar desapercibidos; su mirada, perdida por momentos; y sus gestos junto con la postura corporal, calcados a los del ex-vicepresidente.

Quizás, a estos espectadores no les guste la imitación de Jim Carrey porque es demasiado acertada y cercana a la realidad.

Sin embargo, para la izquierda mediática esta imitación de Carrey es irrespetuosa y deja en mal lugar a Joe Biden, porque lo representa como a un anciano extraño e inquietante, capaz de aburrir a las ovejas, tendente al balbuceo, incoherente y que a veces habla consigo mismo diciendo en voz alta cosas que no deberían salir de su cabeza. Cabe preguntarse si quienes atacan la imitación han escuchado alguna vez al Joe Biden real.

De hecho, más bien podría decirse que Jim Carrey se queda corto en su actuación. Y esto es especialmente asombroso tratándose de Jim, quien si por algo se ha caracterizado siempre es ¡precisamente por sus excesos e histrionismo!

Quizás, a estos espectadores no les guste la imitación porque es demasiado acertada y cercana a la realidad. La muy buena imitación que hace Baldwin de Trump es claramente exagerada e hiperbólica. Cualquiera puede darse cuenta de que no es el verdadero Trump, pero puede reconocer su estilo y manierismos. Con el Biden de Jim Carrey no se puede decir lo mismo. Más que una parodia parece una recreación, y esto puede resultar demasiado perturbador para quienes odian tanto a Trump que necesitan aferrarse al candidato demócrata, sea quien sea.

Este descontento entre su audiencia puede deberse a la deriva izquierdista de Saturday Night Live. Este programa siempre ha tenido un sesgo político evidente, pero en los últimos años sus posicionamientos de izquierda, cada vez más extremistas, parecen haber acompañado al propio Partido Demócrata en su viraje hacia la radicalización. Incluso algunos emblemáticos ex-miembros de SNL como Rob Schneider se han pronunciado sobre esta creciente politización del show, advirtiendo de que está dañando la calidad de la comedia.

Parece como si los votantes demócratas, al no haber podido disfrutar de un verdadero triunfo de Biden ante Trump en los debates reales, se hubieran encomendado a las parodias del Saturday Night Live para ver satisfechas sus expectativas. La versión de Jim Carrey puede haber resultado frustrante para ellos, pero en ningún caso puede considerarse de mala calidad o falta de gracia.

Enrique Jardiel Poncela, el influyente dramaturgo español y uno de los máximos representantes del humor absurdo, dijo que “intentar definir el humorismo, es como pretender atravesar una mariposa, usando a manera de alfiler un poste telegráfico”. No seré yo quien trate de definirlo, así que dejo ese reto en manos de Aristóteles -que algo de autoridad tendrá-, quien dijo que “el secreto del humor es la sorpresa”.

Que Saturday Night Live se mofe de Trump o del Partido Republicano no es ninguna novedad. Pero que la imitación de Joe Biden por parte de Jim Carrey haya conseguido sorprender a los izquierdistas, aunque haya sido una sorpresa desagradable para ellos, demuestra dos cosas: primero, que la sátira es el arma más eficaz contra el poder y la más temida por éste; y segundo, que la izquierda americana perdió el sentido del humor.

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