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Jordan Peterson desafía a Justin Trudeau mientras Canadá considera vacunación obligatoria

Jordan Peterson desafía a Justin Trudeau por sus políticas autoritarias sobre la pandemia

La ira de Peterson no es gratuita, Quebec ya está emprendiendo un impuesto para los ciudadanos no vacunados

Por Patrick Carroll

Jordan Peterson se convirtió en un crítico frontal de los confinamientos y mandatos de COVID en las últimas semanas, utilizando su gran plataforma en Twitter para oponerse a las restricciones en Canadá y en todo el mundo. Incluso hizo un llamado a la desobediencia civil en algunos casos, advirtiendo que podrían perderse aún más libertades si la gente no defiende sus derechos.

“Estamos llevando los complejos sistemas de los cuales dependemos… a su punto de quiebra”, escribió Peterson en una columna reciente para el National Post. “El remedio se ha convertido en algo peor que la enfermedad”.

Aunque Peterson ha criticado a muchos políticos, ha sido especialmente despectivo con el primer ministro Justin Trudeau, que ha sido un entusiasta defensor de las estrictas medidas de salud pública desde un principio.

“Estos mandatos hacen aflorar el autoritarismo mezquino dentro de todos los encargados de hacerlos cumplir”, dijo Peterson recientemente, etiquetando al primer ministro. “No es una buena práctica en una sociedad libre”.

Algunos de sus otros comentarios al primer ministro han sido aún más punzantes.

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La ira de Peterson no es gratuita. Las restricciones del COVID han sido bastante estrictas en Canadá durante gran parte de la pandemia y muchas provincias han impuesto medidas más estrictas en las últimas semanas en respuesta al aumento del número de casos.

Quebec, por ejemplo, impuso un toque de queda de 10 de la noche a 5 de la mañana que comenzó el 31 de diciembre. Es la segunda vez que la provincia impone un toque de queda, la primera fue del 9 de enero al 28 de mayo de 2021. Quebec también anunció recientemente que impondrá un impuesto “significativo” a quienes decidan no vacunarse, alegando los costos sanitarios.

Ontario, por su parte, reintrodujo a principios de enero una serie de restricciones que ya habían sido levantadas. Entre ellas se encuentran la limitación de las concentraciones, el cierre temporal de muchas empresas, la obligatoriedad de la enseñanza a distancia en todas las escuelas públicas y privadas y la interrupción de todas las intervenciones quirúrgicas y procedimientos no urgentes. Aunque todas estas medidas tendrán importantes ramificaciones, la pausa en ciertas cirugías y procedimientos es particularmente preocupante, porque morir como producto de un retraso en la atención es un verdadero riesgo en Canadá.



Por último, por si no fuera suficiente justificación para los ácidos comentarios de Peterson, ahora podemos añadir otro asunto a la lista: el creciente debate sobre la obligatoriedad de la vacunación. Aunque este tema se ha considerado como un debate al margen hasta ahora, la conversación se está abriendo paso dentro de la política canadiense.

“Personalmente, creo que llegaremos a ese punto en algún momento”, dijo el ministro de sanidad de Canadá, Jean-Yves Duclos, a principios de enero, refiriéndose a la vacunación obligatoria. “Ahora no. No creo que estemos allí todavía”, añadió. “Pero creo que hay que discutir la vacunación obligatoria porque tenemos que deshacernos del COVID-19”.

Como era de esperarse, Peterson no está de acuerdo.

Afortunadamente, Peterson no es el único que se opone. Ha habido protestas periódicas en ciudades importantes como Montreal y Toronto y líderes políticos como Maxime Bernier siguen oponiéndose a las medidas cada vez más autoritarias que se están introduciendo.


Un grupo de abogados canadienses también empezaron a protestar más activamente contra el régimen COVID, firmando la  Free North Declaration (Declaración del Norte Libre), la cual expresa sus inquietudes en torno a las libertades civiles, los pasaportes de las vacunas y la censura de los médicos, entre otras cosas. Hasta la fecha, la declaración ha sido firmada por 555 abogados y más de 81.000 ciudadanos preocupados.

Incluso aquellos que están a favor de las vacunas están expresando su simpatía por sus compatriotas no vacunados. Como explica Norman Doige en su exhaustivo ensayo Needle Points, hay muchas buenas razones para desconfiar de los políticos y las empresas que encabezan las medidas de mitigación de COVID.

Aunque los mandatos y los cierres sean severos, todos están supuestamente justificados en nombre de la “salud pública”. Esto puede sonar bastante razonable, pero el término “salud pública” es en realidad una especie de señal, que apunta a la perniciosa visión del mundo que subyace a todo el régimen COVID.

Esta visión del mundo recibe muchos nombres. A veces se llama salud pública. Otras veces se llama interés público, bienestar general o bien común. Estas frases pueden diferir, pero todas tienen sus raíces en el colectivismo, la idea de que el grupo debe tener prioridad sobre los derechos del individuo.

¿Cuál es el problema de esto? Bueno, un problema importante es que el “interés público” no existe realmente. Consideremos las palabras de Ayn Rand.

“‘El bien común’ (o ‘el interés público’) es un concepto indefinido e indefinible: no existe una entidad como ‘la tribu’ o ‘el público’; la tribu (o el público o la sociedad) es sólo un número de hombres individuales. Nada puede ser bueno para la tribu como tal; el “bien” y el “valor” sólo pertenecen a un organismo vivo -a un organismo vivo individual- no a un agregado incorpóreo de relaciones”.

De ello se deduce que la “salud pública” tampoco existe, lo que en realidad tiene mucho sentido. Las “sociedades” no se enferman. Sólo los individuos se enferman. La salud es algo que concierne a las personas, no a las poblaciones.

Así que, en contra del paradigma colectivista, no somos un rebaño al que hay que mimar e inmunizar y proteger en nombre de un “bien mayor”. Somos individuos con derechos. Ahora bien, eso puede sonar egoísta, pero en realidad no lo es. Lo que es realmente egoísta es exigir que otras personas hagan lo imposible por adaptarse a tu tolerancia al riesgo personal.

En particular, la respuesta adecuada a los riesgos individuales para la salud es la responsabilidad individual, una virtud que Jordan Peterson ha popularizado con su exhortación a “limpiar tu habitación”. Esto puede parecer bastante fácil, pero nótese el énfasis. No es “limpia la habitación de tu vecino”, ni tampoco “obliga a tu vecino a limpiar tu habitación” u “obliga a tu vecino a limpiar su propia habitación”. El asunto es concentrarse en las cosas que están dentro de tu propio alcance. No intentes cambiar, arreglar o controlar a otras personas para mejorar tu vida.

Eso puede ser difícil e incluso dar miedo, pero es un camino mucho más noble que la alternativa, uno que los defensores de los encierros deberían considerar seriamente.

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