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La carrera política por una vacuna para la COVID-19

Cómo la carrera espacial en los años 60, la carrera por la vacuna contra la COVID-19 se ha vuelto un asunto político, y hoy China, Rusia y Estados Unidos compiten desesperadamente por masificar sus variantes

Sao Paulo-Brasil. En las otrora ajetreadas terminales del aeropuerto de Sao Paulo- Guarulhos, donde solía escucharse el sonido de cientos de voces, y el rechinar de carritos y maletas rodantes que a su vez eran ensordecidos por los llamados a abordar, se escucha un silencio críptico donde el bullicio fue callado por una pandemia y los pasillos, por los que transitaban 48 millones de personas al año, ahora están vacíos y solo se escucha el eco de los tacones de una azafata que pasa observando los pocos viajeros que todavía quedan.

Ya las sillas no se ven ocupadas al abarrotar, las filas son ridículamente cortas y quien viaja lo hace de mala gana y solo por trabajo. En la cafetería dos hombres discretos con pinta de académicos, que no se despegan de sus tablets, toman un café mientras esperan el próximo llamado para abordar, su destino: Moscú.

Mientras el primer académico ensaya su ruso básico en Duolingo, el segundo lee un Journal traducido al inglés de epidemiología, el tema del texto: los resultados de la última fase de ensayos de la Sputnik V, la vacuna rusa contra el Coronavirus.

Los dos académicos en cuestión son miembros del instituto Paraná de Tecnología y viajan a Moscú con el propósito de que negociar la posibilidad de producir en masa la vacuna rusa en Brasil.

Ya el embajador ruso en Brasilia, Sergey Akopov, había comentado la posibilidad de la cooperación entre ambos países para distribuir la vacuna. Sin lugar a dudas producir la vacuna en Brasil, le ahorraría a la primera economía de Latinoamérica unos cuantos dolores de cabeza para conseguir inventario suficiente en el 2021.

China, Rusia y Estados Unidos compiten por una vacuna de difusión masiva contra la COVID-19. (AFP)

La carrera poítica tras la vacuna

Cómo la carrera espacial en los años 60, la carrera por la vacuna contra la COVID-19 se ha vuelto un asunto de política y hoy China, Rusia y Estados Unidos compiten desesperadamente por masificar sus variantes  alrededor del mundo de la forma más rápida posible.

El primer país en tener una vacuna naturalmente tendrá el privilegio de ser el primero en reactivar completamente su economía, lo cual le dará una ventaja comparativa frente a los otros que solo podrán iniciar sus aperturas una vez los países con stock les vendan de su inventario.

El Secretario General del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, prometió a la OMS que haría de la vacuna contra la COVID-19 un bien público. Con esta promesa China busca ganar influencia sobre Estados Unidos dando la apariencia de solidaridad global, no obstante hay dudas sobre si China esté en la capacidad de cubrir su compromiso tan rápido como lo afirma el secretario Xi.

De lejos China es el país que más pruebas ha hecho de las vacunas que están desarrollando sus laboratorio. Según algunos expertos la CoronaVAC -del Centro para prevención de Enfermedades de Jiaxing- ya tiene un precio de mercado que se ubica en los 200 yuan (USD $29.5).

Para comienzos de noviembre más de 60,000 personas en China habían sido vacunadas. Ya 4 vacunas chinas se encuentran en su etapa final de pruebas y esperan la aprobación para salir al mercado.

Por su lado Rusia afirma que la Sputnik V es tan eficiente como sus contrapartes de Moderna y Pfizer. Según los resultados de la tercera etapa de la vacuna rusa ésta tiene un 95 % de efectividad.

La Sputnik V ya ha logrado traspasar fronteras y hoy es demandada por países tan lejanos culturalmente a Rusia como Argentina y Brasil. De hecho el presidente de Argentina, Alberto Fernandez, afirma que con la Sputnik V hará “la mayor campaña de vacunación vista en Argentina”.

Estados Unidos optó por apoyar los esfuerzos de laboratorios privados como Moderna, Pfizer, y Aztrazeneca. Como parte de la Operación Warp Speed se han transferido fondos a estos laboratorios para que aceleren su investigación y tener una vacuna lista para su distribución a fin de año.

Estados unidos para comienzos del 2021 podría tener un stock de más 1,0000 millones de dosis de sus vacunas lo que lo dejaría con un claro excedente para vender y ofrecer en el mercado internacional.

La Organización Mundial de la Salud prevé que de continuar los avances en el desarrollo de estas vacunas para los primeros meses del 2021 se comenzará a vacunar a la población de riesgo y una vuelta a la normalidad estaría al alcance para el verano. Debido a las preocupaciones de un acceso desproporcionado por parte de los países de mayores ingresos 172 países consideran suscribirse al llamado acuerdo COVAX que busca la distribución equitativa de 2,000 millones de dosis de la vacuna a lo largo del mundo.

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