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Simpatizante de Donald Trump en un rallie.

La causa por la reelección de Donald Trump

Trump no es el candidato más liberal que el Partido Republicano ha presentado. Muy probablemente, sus formas ruborizarían a grandes símbolos republicanos y defensores de la libertad. Pero hoy es, sin duda, la mejor alternativa

Trump no es un liberal. De ahí que es comprensible que referencias del liberalismo le hayan dado la espalda. Pero, en estas elecciones tan cruciales, su adversario no es la mejor opción.

Uno pudiera cuestionar la reelección de Trump, a partir de posturas liberales, aludiendo a la imposición de aranceles, la prohibición del mecanismo bump-stock, la prevención de desalojos durante la crisis del coronavirus o algunas políticas proteccionistas. Las anteriores, claramente medidas iliberales, podrían servir como argumento a blandir por tanto pensador liberal; sin embargo, voces muy calificadas le han dado la espalda a la sensatez para, en cambio, apelar a las superficiales y neuróticas evaluaciones a partir de las formas del presidente.

Que si Trump es racista, machista o xenófobo. Su presunta admiración por tiranos orientales o su desprecio por los sistemas europeos. Su inestabilidad, su poca preparación, su abundante ego o que si gasta miles en peluquería. Aferrarse a todo lo anterior para descalificar una reelección de Trump es ceder ante la manipulación de toda una estructura mediática que desde el día uno, el 16 de junio de 2015, ha distorsionado la imagen de Trump para convertirlo en el Nosferatu gringo. Sin embargo, la realidad disiente del relato.

Demócratas, grandes medios y Hollywood alertaron en 2016 que una presidencia de Donald Trump sería una calamidad para Estados Unidos. No quedaría civilización ni cultura, habría que huir a Canadá, como muchos artistas avisaron que harían. Al final, todo fue muy lejos de la histeria con la que se alertó la llegada del monstruo naranja.

Un crecimiento económico sin precedentes —impulsado por la mayor reducción de impuestos en cuarenta años, grandes desregulaciones, la flexibilización del mercado laboral, el resurgimiento de industrias obsoletas y la supresión de toda una estructura burocrática que rodeaba a Washington— marcó el primer Gobierno del republicano. Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos pasó a ser una economía mucho más libre, como lo deja claro el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation (en comparación con el último año de Obama, hubo una subida de 1,3 puntos para 2019 y Estados Unidos se mantiene como una economía sana).

Newtown (United States), 02/05/2020.- US President Donald J. Trump waves to supporters after his ‘Make America Great Again’ campaign event in Newtown, Pennsylvania, USA, 31 October 2020. The United States will hold its presidential election on 03 November 2020. (Elecciones, Estados Unidos) EFE/EPA/MARIO CRUZ

Dijeron que sería un peligro que el botón nuclear estuviera en manos de una persona tan supuestamente inestable y volátil como Donald Trump. Resultó ser lo contrario. Trump es el primer presidente en décadas que no inicia un conflicto; en cambio, ha retirado tropas de territorios a los que Obama las había condenado. Pacifista, pero no dócil, porque de un bombazo mató al criminal de Soleimani y con una quirúrgica operación se bajó al jefe de ISIS. ISIS, de hecho —que bajo el Gobierno de Obama se constituyó plenamente y se convirtió en la primera amenaza de Occidente—, prácticamente fue desbaratado por la administración de Trump. Ya hoy no intimida.

A la tiranía iraní la metió en cintura y desmontó el peligrosísimo acuerdo nuclear con el que Obama le dio tanto aire a los ayatolás. ¿Recuerdan cuando el gordito de norcorea amenazaba y amenazaba con volarse Asia? Eso quedó en el pasado cuando, luego de un durísimo contrapunteo, Kim Jong-Un cedió y hasta se reunió con el presidente surcoreano en una cumbre histórica.

El régimen de Maduro pasó las de Caín luego de que asumió Trump: la administración republicana se estrenó en 2017 acusando al vicepresidente venezolano de narcoterrorista e imponiendo fuertes sanciones a toda la nomenclatura chavista; Maduro dejó de ser reconocido por el mundo como presidente en 2019 gracias al liderazgo de Washington y el régimen cubano, norte moral y estratégico del chavismo, vivió el gigantesco revés de una administración que, a diferencia de la de Obama, ahora lo acosaba y sancionaba.

La dictadura criminal de China, por su lado, ha visto en la Estados Unidos de Trump un adversario poderoso dispuesto a pulsear la influencia en organizaciones internacionales. Los crímenes de los que el Partido Comunista Chino ha estado acostumbrado a salir impune hoy son denunciados desde Washington.

Sin embargo, la gran hazaña es la más reciente. Con un esfuerzo sin precedentes, Trump logró armonizar las relaciones entre varios países islámicos, otrora enemigos de los judíos, e Israel. Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Sudán reconocieron y acordaron la paz con el legítimo Estado de Israel. Por otro lado, Serbia y Kosovo se reconciliaron, luego de 22 años, en una ceremonia auspiciada por el americano.

Ahora, ¿qué se puede esperar de un triunfo de Biden? En el mejor de los casos, sería el regreso a los años de Obama. Hablamos de una economía floja, encaminada a la socialización; hablamos de un Estados Unidos dócil ante el avance las tiranías; de un Estados Unidos complaciente con Cuba, legitimador de las FARC y benévolo con el chavismo; de un Estados Unidos que, amén de un acuerdo con la tiranía iraní, permite el libre desarrollo de Hezbollah en América. De un Estados Unidos que, vale acotar, tampoco fue ajeno a la convulsión social y a las masivas deportaciones de migrantes (Obama fue, de hecho, el presidente que más deportó: 2,7 millones de indocumentados).

Ahora, en el peor de los casos veríamos una presidencia sincronizada con la decadente y muy peligrosa realidad en la que se encuentra el Partido Demócrata. Completamente a la deriva y tomado por las posturas más radicales, la administración demócrata podría terminar siendo rehén de las mañas socialistas de Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders o la compañera de fórmula del candidato, Kamala Harris —la senadora más radical, según Govtrack.

Trump no es el candidato más liberal que el Partido Republicano ha presentado. Muy probablemente, sus formas ruborizarían a grandes símbolos republicanos y defensores de la libertad. Pero hoy es, sin duda, la mejor alternativa que tiene un Estados Unidos amenazado por quienes, a punta de ideas liberticidas y a partir de un alarmante relativismo, quieren convertir al gran país de Occidente en caballo de Troya de su propia destrucción.

1 comment
  1. Espero te hayas gozado tu mesesito extra en el PanamPost Orlando, en vez de defender a tu compañera que botaron por mencionar a Diosdado. Eres una basura sin integridad, y quiero que sepas que hay ciudadanos que lo sabemos.

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