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La consulta de AMLO es una burla para México. Imagen:EFE/ Sáshenka Gutiérrez

La consulta de AMLO es una burla para México

La consulta de AMLO es una burla para México, un desperdicio de dinero para simular que se combate la corrupción y aceitar la estructura electoral oficialista

La consulta de AMLO (Andrés Manuel López Obrador) convocada en México para el próximo domingo primero de agosto es la perfecta encarnación de los peores vicios de su Gobierno: un ejercicio inútil, caprichoso, costoso y demagógico, pensado para manipular a la sociedad, presentando una imagen de lucha contra la corrupción que no está sustentada en los hechos.

¿De qué se trata la consulta de AMLO?

Hace menos de una década, la legislación mexicana integró la figura de la “consulta popular” como un espacio para fortalecer la participación ciudadana, que cuando se utiliza de forma correcta es un mecanismo válido para la toma de decisiones. El problema es que López Obrador la ha corrompido, convirtiéndola en un mecanismo de manipulación retórica y venganza política en contra de sus antecesores, bajo el planteamiento de que, si el pueblo así lo decide, los expresidentes serán juzgados por sus supuestos crímenes.

Sin embargo, como entiende cualquier persona con un mínimo de sentido común, los juicios no pueden derivarse de una consulta popular. No son resultado de elecciones o encuestas, sino de un proceso jurídico sujeto a tiempos de prescripción, a la presentación de pruebas y el deslindamiento de responsabilidades con base en criterios técnicos, no en la popularidad o impopularidad del personaje en turno.

Ya que un “juicio por consulta” resulta ofensivamente absurdo, lo lógico hubiera sido que la Suprema Corte de Justicia de la Nación rechazara la petición de realizar esa consulta pública. Sin embargo, López Obrador ha convertido su palabra en ley, así que, por temor a contradecirlo y hacerlo enojar, la Suprema Corte optó por mantener la consulta, pero modificar la pregunta, que convirtieron en una retahíla esencialmente incomprensible y bien comparada por The Economist con el estilo de Cantinflas.

Esta es la pregunta:

“¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”.

Traducida al castellano, la consulta consiste en preguntar si es que la gente está de acuerdo, no en que se sancione, sino en que se “esclarezcan” (whatever that may be) las “decisiones políticas” (whatever those may be, again) de los “actores políticos” (whoever they may be, recontra again).

Es decir, con la forma en que quedó redactada la pregunta, esta ya ni siquiera hace referencia a los expresidentes, sino a los “actores políticos” y tampoco se refiere a decisiones de Gobierno, sino a “decisiones políticas”, en un planteamiento tan difuso, confuso y obtuso que la respuesta se volvió irrelevante.

Es decir, incluso si la consulta supera el 40 % de participación y por lo tanto sus resultados fueran “vinculantes”, no hay nada que vincular, no hay ningún efecto concreto que se derive necesariamente de la consulta. Técnicamente es una pérdida de tiempo y un desperdicio de (por lo menos) 528 millones de pesos que gastará en ella el Instituto Nacional Electoral.

A pesar de ello, el presidente y todo el ecosistema oficialista han dedicado las últimas semanas a promover intensamente la participación de sus simpatizantes en esta consulta, que siguen presentando (en una franca y abierta mentira) como un mecanismo para “juzgar a los expresidente”.

La consulta de AMLO es una burla para México, El American
La consulta de AMLO es una burla para México. (EFE)

Los 3 objetivos políticos de AMLO

Porque, como lo hemos explicado en diversas ocasiones, al presidente Andrés Manuel López Obrador no le interesa lo técnico, sino lo político. Él decidió impulsar la consulta y dedicarle una cantidad gigantesca de dinero para conseguir al menos 3 objetivos políticos:

Primero. Engañar a sus seguidores, haciéndoles creer que lucha contra la corrupción. López Obrador arrasó en las elecciones presidenciales del 2018 montado en una narrativa de “castigar a los corruptos del viejo régimen”. Sin embargo, a casi la mitad de su Gobierno, AMLO sigue sin conseguir resultados concretos en el combate a la corrupción, y sus simpatizantes comienzan a notarlo.

Por eso pretende utilizar la consulta popular como forma de mostrar que sí está haciendo algo concreto contra los expresidentes corruptos, además de brindarle a sus simpatizantes una forma directa y ritual de “sumarse” como protagonistas de esa supuesta lucha.

Segundo. Para foguear su estructura de movilización de voto y saber cuáles son sus operadores más efectivos de cara a las siguientes elecciones. La consulta popular le permitirá al oficialismo aplicar los aprendizajes que acumuló su estructura de movilización electoral durante las pasadas elecciones intermedias, además de poner a prueba la capacidad de movilización de sus operadores locales y regionales. Aquellos que logren sacar a más personas para votar en un ejercicio sin sentido demostrarán que tienen liderazgo y merecen la confianza de López Obrador.

Digamos que podrán separar la cizaña de los operadores que solo prometen, del trigo de los operadores con verdadero liderazgo y capacidad de movilización en las comunidades y colonias, algo muy importante para ganar las elecciones de aquí al 2024.

Tercero. Amedrentar a la oposición. La consulta permitirá que el presidente López Obrador reafirme que en México su capricho es ley y les recordará a los opositores que, si AMLO quiere, puede impulsar los procesos judiciales para poner en riesgo el patrimonio y hasta la libertad física de quien se interponga en sus planes.

Así de claro. La consulta de AMLO es una burla al pueblo de México. Es un ejercicio inútil, caprichoso, costoso y demagógico, pensado como parte de un régimen donde lo político es lo único que importa, mientras que todo y todos los demás son irrelevantes.

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